jueves, 28 de junio de 2012

lo que nos llega de estados unidos

La literatura norteamericana es extraordinaria (como la de todo país, digo yo) y de una libertad envidiable. Pero existe un complejo que nos hace recibir todo lo que llega de allí como si bajase desde los cielos. De vez en cuando todos nos encontramos con entrevistas y promociones en las que se nos presenta a desconocidos autores norteamericanos como “titán de las letras”, “coloso de la narrativa”, “cronista de la posmodernidad”. Supongo que tanto superlativo viene de la necesidad de vender libros y de la gran capacidad de la maquinaria estadounidense y su impresionante industria cultural. Pero también de un complejo de inferioridad made in Spain. Debería darnos vergüenza, pues en España, con el Quijote, nació la novela moderna tal como el mundo la entiende hoy. Pongo un ejemplo, que al fin y al cabo es una opinión personal: El Gran Gatsby de Scott Fitgerald. Casi 90 años después de su publicación, nos lo siguen colando como un clásico inmortal, gran hito narrativo del siglo XX. Luego te acercas a leerla y descubres una novela de prosa ágil, con cierta gracia para crear personajes y que retrata muy bien su época. Pero la novela es más bien vacua e insípida. No es que sea mala, claro. Pero vamos, no creo que le haya cambiado la vida a nadie.

lunes, 25 de junio de 2012

la idea de europa


Nunca he tenido más ideología política que la democracia y la justicia social. Siempre las “ideas” (refuerzo mucho las comillas) que nos venden (porque vender es lo que hacen) los partidos políticos me han parecido falsas, diseñadas desde el marketing y ni de broma desde el pensamiento honesto. Sin embargo, durante mi etapa en Bruselas sí vi algo que me ilusionó: la idea de Europa. Un continente cuyos países, después de matarse durante siglos, decidían unirse en un espacio de libertad relativa y bienestar, aceptándose, enriqueciéndose en todos los sentidos. Por supuesto vi que una mayoría de los que pululaban por las Instituciones Europeas estaban allí pendientes del beneficio propio, soltando discursos vacíos sobre la unión de países para luego trincar. Pero se sentía algo bueno, algo verdadero de fondo. Ahora sin embargo, y aunque sigo creyendo en esa idea de Europa, cada vez se adueña de mí más la certeza de que también esto es el chiringuito de unos cuantos. Otro teatro. Otra mentira. Sirva de ejemplo la negativa de los eurodiputados a viajar en clase turista. Para una certeza política que he tenido en mi vida…

jueves, 21 de junio de 2012

subrayando ‘la muerte en venecia’ de thomas mann


La expresión “gigante de las letras” está hecha para tíos como Thomas Mann. Su palabra es precisa y atrevida, y está tocada por la gracia en ‘La muerte en Venecia’. Hay que perdonarle esa dicotomía que recorre la novela de Alemania civilizada, sutil y espiritualmente elevada frente al sur salvaje, peligroso, sucio y sensual cuando nos regala cosas como estas:

Casi todo lo grande que existe existe como un “a pesar de”, y adquiere forma pese a la aflicción ya los tormentos, pese a la miseria, pese al abandono y la debilidad física, pese al vicio, a la pasión y a mil impedimentos más.

El amante es más divino que el amado, porque el dios habita en él y no en el otro.

El deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto.

La palabra sólo puede celebrar la belleza, no reproducirla.

Es, sin duda, positivo que el mundo sólo conozca la obra bella y no sus orígenes ni las circunstancias que acompañan su génesis.

lunes, 18 de junio de 2012

semillas sin descendencia

El otro día un amigo mío cuyos padres son agricultores me contó uno de los maravillosos avances de la tecnología genética: vender a los agricultores semillas que producen frutos incapaces de dar frutos. Semillas estériles, hechas para no tener descendencia. Semillas que no sirven para aquello para lo que la naturaleza las creó: asegurar la continuidad de la vida.
Semejante avance garantiza que los agricultores tendrán siempre que volver a comprar nuevas semillas (de nuevo estériles) para cada cosecha con lo que contribuirán a que el capital se mueva y, por tanto, al progreso de la economía mundial.
Menos mal que está el ser humano para corregir los errores de la naturaleza, que no sabe generar dinero.

jueves, 14 de junio de 2012

el piranha

El piranha es el idioma más simple del mundo. Lo habla la tribu del mismo nombre que vive en el Amazonas brasileño. El piranha carece de números en su vocabulario, sin duda porque sus hablantes no los necesitan. Los colores no existen tampoco. Ni los tiempos verbales. Ni la escritura: el piranha se transmite oralmente de generación en generación. Los piranha no han elaborado mitos sobre la creación del universo. La pregunta sobre de dónde venimos no les atormenta. Ni siquiera conservan memoria escrita o colectiva de su pasado. Su existencia se circunscribe al presente. Con apenas ocho consonantes, el piranha se habla también con silbidos, cantos y tarareos. Quienes lo han escuchado dicen que su sonido es el sonido de la naturaleza. Se estima que el piranha, con menos de cien hablantes, se extinguirá en unas pocas décadas.

lunes, 11 de junio de 2012

actitudes ante el sistema


Simplificando mucho, porque hay tantos comportamientos como personas y todo se mezcla y varía de grado, me atrevería a decir que existen tres actitudes básicas ante el Sistema:

1.     Las personas que lo aceptan pasivamente: hipotécate, pasa tu tiempo en estos centros comerciales, ve a estas cadenas de restaurantes, cómprate esta ropa y este coche, diviértete de esta manera, búscate este tipo de pareja, mira en la televisión este tipo de programas, conviértete en un profesional útil para el Sistema, trabaja por dinero y gástate ese dinero para que el Sistema sigue funcionando.

2.     Las personas que son total o parcialmente conscientes de la perversión y antinaturalidad del Sistema y por tanto tratan de implicarse lo menos posible en él.

3. Las personas que, igualmente, saben que el Sistema es una mentira, pero tienen la voluntad y el talento para aprovecharse de él. Con ello me refiero a banqueros, políticos, obispos, ciertos empresarios y decenas de miles de seres anónimos no necesariamente poderosos.

Por supuesto, todo es una cuestión de grado, pues todos tenemos dentro estas tres tipologías.

jueves, 7 de junio de 2012

subrayando ‘la peste’ de albert camus


La peste, de Albert Camus, es una lectura muy indicada para los días que nos está tocando vivir. Frente a la desesperación y el griterío, sabiduría, honestidad. De veras que la recomiendo. Leyendo esta novela, no pude evitar subrayar muchos pasajes. Estos son algunos:

Sufriendo finalmente las heridas que la imaginación inflige a quienes se confían a ella.


Sucede que a veces se sufre durante mucho tiempo sin saberlo.


La verdad, es decir, el silencio.


No se puede esperar nada de las oficinas. No están hechas para comprender.


Es una idea y una idea muy pequeña, a partir del momento en que se desvía del amor.


El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.


Y dejaban todo al azar y el azar no tiene miramientos con nadie.


De todo se podía saca siempre algún provecho.


No tengo afición al heroísmo ni a la santidad. Lo que me interesa es ser hombre.


Lo único que le quedaba, en realidad, era darle ocasión al azar, que muchas veces no actúa si no se le provoca.

lunes, 4 de junio de 2012

un limonero de cien años

El otro día estuve en el huerto de mi tío tomando notas para quizás escribir algún día un cuento de fantasmas inspirado en este mágico lugar. La casa tiene unos cien años, pero los huertos llevan allí siglos, desde tiempos de los árabes. Junto a la casa hay dos limoneros, uno joven y otro viejo. El viejo tiene un tronco muy grueso y una hermosa copa. El joven tiene un tronco mucho menos robusto y una copa un tanto pobre. Me dijo mi tío: “Los árboles antiguos primero desarrollaban un tronco bien fuerte. Al principio casi no tenían ramas y eran feos, pero cuando eran lo suficientemente gruesos, les salían muchas ramas, hojas y frutos que duraban mucho. Los de ahora sacan un tronco endeble y enseguida hacen una copa espectacular, pero esa copa muy pronto se pierde porque no tiene un buen tronco que la nutra”. Los hechos le daban la razón: el limonero joven era escuálido, mientras que el viejo, el que tenía un siglo, no hacía más que dar nuevos y nuevos limones gracias a las fuertes y profundas raíces que lo alimentaban.