lunes, 30 de enero de 2012
borges y la muerte
El escritor y hacedor de mundos Jorge Luis Borges fue entrevistado siendo ya muy anciano en Televisión Española a raíz de la concesión del premio Cervantes. Cuando le preguntaron si estaba cansado de vivir, respondió más o menos: “Sí, estoy cansado. Pero antes de morir quiero completar una colección de cuentos fantásticos, una traducción que estoy haciendo con María Kodama y escribir algunos poemas”. Hablaba de su propia muerte o, mejor dicho, del tiempo que le quedaba, como un laborioso y responsable trabajador que quiere zanjar ciertas tareas antes de que termine su horario laboral. Tenía ochenta años cuando dijo esto.
jueves, 26 de enero de 2012
pollas ladeadas
Rebuscando en la papelera donde guardo mis poemas he encontrado este. Tiene diez años y formaba parte de un poemario con el que gané el tercer premio en la semana cultural de mi universidad:
Pollas ladeadas
Hay que joderse
Cuando la vida nos da rotos aperos.
Mi herramienta es mi palabra.
Y mi palabra es imperfecta
Como una polla ladeada.
Estas letras de mi propiedad
Hacen bostezar a los jurados
De tantos y tantos concursos
Por donde penan mis versos
Como putas envejecidas.
¡Tú! ¡Rompe este papel!
Pollas ladeadas
Hay que joderse
Cuando la vida nos da rotos aperos.
Mi herramienta es mi palabra.
Y mi palabra es imperfecta
Como una polla ladeada.
Estas letras de mi propiedad
Hacen bostezar a los jurados
De tantos y tantos concursos
Por donde penan mis versos
Como putas envejecidas.
¡Tú! ¡Rompe este papel!
lunes, 23 de enero de 2012
caviar egoísta
Las conversaciones grabadas a Francisco Camps, Ricardo Costa y el Bigotes en relación al caso Gürtel son el corolario de la miseria moral y la indignidad en que ha caído la degenerada clase política española. Ninguna novela, serie o película podría igualar el espectáculo que nos brindan a diario estos tres payasos egoístas.
Los máximos responsables de la política valenciana, votados por nosotros, exhiben tal mediocridad en esas conversaciones que uno casi llega a sentir lástima por ellos viéndolos allí sentados en el banquillo, humillados, obligados a oír sus propias, bochornosas majaderías. Durante el juicio ha habido momentos realmente penosos, desagradables.
Pero lo grave no es eso. Lo triste es que en esas conversaciones se habla de regalos interesados, de cómprame caviar, de hacerse la foto con tal o con cual embajador, de colócame en este cargo, de esa reunión te la conseguí yo, de camélate a este para que me ascienda de puesto, de González Pons me hace el vacío, de los famosos “te quiero un huevo”… pero ni Camps ni Costa ni mucho menos el Bigotes, por supuesto, hablan una sola vez de gobernar. No hablan de los problemas de los ciudadanos. No hablan de qué quebraderos de cabeza les produce la dura tarea del servicio público. Las conversaciones nos revelan a tres hombres mezquinos, de un egoísmo infantil, viviendo en una burbuja, obsesionados con sus cargos y con su posición en el partido, pero sobre todo consigo mismos. Y eran nuestros representantes.
Los máximos responsables de la política valenciana, votados por nosotros, exhiben tal mediocridad en esas conversaciones que uno casi llega a sentir lástima por ellos viéndolos allí sentados en el banquillo, humillados, obligados a oír sus propias, bochornosas majaderías. Durante el juicio ha habido momentos realmente penosos, desagradables.
Pero lo grave no es eso. Lo triste es que en esas conversaciones se habla de regalos interesados, de cómprame caviar, de hacerse la foto con tal o con cual embajador, de colócame en este cargo, de esa reunión te la conseguí yo, de camélate a este para que me ascienda de puesto, de González Pons me hace el vacío, de los famosos “te quiero un huevo”… pero ni Camps ni Costa ni mucho menos el Bigotes, por supuesto, hablan una sola vez de gobernar. No hablan de los problemas de los ciudadanos. No hablan de qué quebraderos de cabeza les produce la dura tarea del servicio público. Las conversaciones nos revelan a tres hombres mezquinos, de un egoísmo infantil, viviendo en una burbuja, obsesionados con sus cargos y con su posición en el partido, pero sobre todo consigo mismos. Y eran nuestros representantes.
miércoles, 18 de enero de 2012
una de patos
El otro día estuve en L’Albufera. Había un pato solitario en medio de las aguas. Se sumergía en busca de peces una y otra vez. Mientras tanto, otros veinte patos le miraban indiferentes desde la seguridad de la orilla, descansando al sol entre las cañas, perezosos. De pronto, el pato solitario se sumergió y salió a la superficie con un enorme y brillante pez en el pico. Entonces la veintena de patos que esperaban en tierra cambiaron su actitud indiferente por otra codiciosa. Salieron todos en desbandada, gritando, empujándose unos a otros, hacia el lugar donde el pato solitario había hallado el pez. Todos se lanzaron al agua desordenadamente en busca de peces, luchando unos contra otros. Llegaron entonces las gaviotas, animales que son hermosos de lejos, pero que de cerca resultan agresivos y gritones. Las gaviotas utilizaron su violencia y poder intimidatorio para arrebatar los peces a los patos. Durante minutos el agua fue una pelea, un revuelo de alas, gritos, y olas. Mientras tanto, el pato solitario se alejaba tranquilamente con su maravillosa presa en el pico.
lunes, 16 de enero de 2012
¡la gran revelación!
Intento seguir lo que se cuece por ahí en literatura, y sin embargo me invade una sensación de completa confusión, de no saber distinguir el grano de la paja. Las dos veces que me he acercado a un libro por las loas de un suplemento literario, me he encontrado con novelas acéfalas, sin intención, sin vida, malas técnicamente y mal concebidas. Del todo inmerecedoras de esos exaltados elogios.
Si yo sólo busco libros honestos.
Me gusta entrar en las librerías. Y siempre veo cuatro o cinco carteles diferentes que dicen cosas como: “¡La gran revelación del año!”, “¡La novela que ha cambiado el género policiaco!”, “¡El libro que ha batido todos los récords de ventas mundiales!”. Cada semana hay dos o tres revelaciones mundiales. Al menos eso claman las frases diseñadas por los departamentos de publicidad. Yo, en mi embrutecida ignorancia, no tengo ni idea de marketing, pero voy a probar a resumir todo eso en una palabra: ruido. Voy a probar con otra: humo.
Una posdata:
A este respecto, ahora estoy leyendo un libro sobre mediums y fantasmas publicado en los años 70. En la portada lleva una frase de reclamo: “Un libro que establece la frontera entre el fraude y la verdad paranormal”. Si alguien publicase este libro hoy, año 2012, sin duda la frase tendría una ligera variación: “EL libro que establece la frontera entre el fraude y la verdad paranormal”.
Si yo sólo busco libros honestos.
Me gusta entrar en las librerías. Y siempre veo cuatro o cinco carteles diferentes que dicen cosas como: “¡La gran revelación del año!”, “¡La novela que ha cambiado el género policiaco!”, “¡El libro que ha batido todos los récords de ventas mundiales!”. Cada semana hay dos o tres revelaciones mundiales. Al menos eso claman las frases diseñadas por los departamentos de publicidad. Yo, en mi embrutecida ignorancia, no tengo ni idea de marketing, pero voy a probar a resumir todo eso en una palabra: ruido. Voy a probar con otra: humo.
Una posdata:
A este respecto, ahora estoy leyendo un libro sobre mediums y fantasmas publicado en los años 70. En la portada lleva una frase de reclamo: “Un libro que establece la frontera entre el fraude y la verdad paranormal”. Si alguien publicase este libro hoy, año 2012, sin duda la frase tendría una ligera variación: “EL libro que establece la frontera entre el fraude y la verdad paranormal”.
jueves, 12 de enero de 2012
subrayando a eduardo galeano
Leyendo El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, tuve que hacer buen uso del boli de subrayar. Y estas son algunas de las cosas que le robé:
El nacimiento de Jesús es, hoy por hoy, el negocio que más dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.
Somos todos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso.
La droga produce amnesia y otras cosas que no recuerdo.
El nacimiento de Jesús es, hoy por hoy, el negocio que más dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.
Somos todos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso.
La droga produce amnesia y otras cosas que no recuerdo.
lunes, 9 de enero de 2012
humana
La conocí hace años, siendo una hija de puta. Siempre arreglada y siempre maquillada con las pinturas de guerra del siglo XXI: pintalabios, sombra de ojos, etc. Mientras la traté se comportó invariablemente como una mierda humana: falsa, traidora, inmoral, interesada hasta lo grotesco.
Por eso ayer no la reconocí. Me la encontré en un bar de esos que le gustan a Joe Álamo: tragaperras, colillas en el suelo, póster del Levante UD de la temporada 1994-1995, café cortado, camareros con bigote y cocinera peruana. Taxistas en las mesas.
Mi ex enemiga ni iba pintada ni se alzaba sobre sus aterradores tacones. Iba sin maquillaje ni lentillas, con unas sencillas gafas. Incluso su voz me pareció irreconocible: era sincera, transmitía calor.
Conversaba con una mujer mayor. Trataba de convencerla para que cuidara más su salud. Podía verse una intensa ternura fluyendo entre ambas. ¿Madre e hija?
Todo en ella era diferente: sus gestos, su mirada, su lenguaje.
Pero no dudo de que cuando sonara el despertador la tiburona de nuevo se pintaría para matar o morir y calzaría sus tacones depredadores que resonarían por la escalera como tambores de guerra. Y lo que hay de humano en ella se lo guardaría en alguna caja fuerte hasta que terminara el horario laboral. Es así cómo nos hace el mundo que hacemos.
Por supuesto en el bar no me saludó. Si lo hubiera hecho, no sería ella. Yo tampoco le dije nada: en realidad delante de mí no había más que una desconocida.
Pagué el café y me fui.
Por eso ayer no la reconocí. Me la encontré en un bar de esos que le gustan a Joe Álamo: tragaperras, colillas en el suelo, póster del Levante UD de la temporada 1994-1995, café cortado, camareros con bigote y cocinera peruana. Taxistas en las mesas.
Mi ex enemiga ni iba pintada ni se alzaba sobre sus aterradores tacones. Iba sin maquillaje ni lentillas, con unas sencillas gafas. Incluso su voz me pareció irreconocible: era sincera, transmitía calor.
Conversaba con una mujer mayor. Trataba de convencerla para que cuidara más su salud. Podía verse una intensa ternura fluyendo entre ambas. ¿Madre e hija?
Todo en ella era diferente: sus gestos, su mirada, su lenguaje.
Pero no dudo de que cuando sonara el despertador la tiburona de nuevo se pintaría para matar o morir y calzaría sus tacones depredadores que resonarían por la escalera como tambores de guerra. Y lo que hay de humano en ella se lo guardaría en alguna caja fuerte hasta que terminara el horario laboral. Es así cómo nos hace el mundo que hacemos.
Por supuesto en el bar no me saludó. Si lo hubiera hecho, no sería ella. Yo tampoco le dije nada: en realidad delante de mí no había más que una desconocida.
Pagué el café y me fui.
jueves, 5 de enero de 2012
los fantasmas de mr james
Hay muchas cosas que pueden fascinarle a uno de los cuentos de fantasmas de MR James: los elementos que conjuga para crear terror, las atmósferas, los ambientes, el modo en que la irrealidad va tomando el relato, las técnicas que emplea para dar realidad a lo paranormal (diarios, reconstrucciones, etc.). Pero en la lectura de sus obras completas he encontrado algo todavía más fascinante: MR James no escribió sus cuentos canónicos y de influencia incontestable en el terror del siglo XX con ansias de fama, riqueza, ni de pasar a la posteridad. Lo que James quería era entretener a sus familiares, amigos y alumnos. Escribía sus cuentos para leerlos en navidad y ver las caras de quienes les escuchaban a la luz de la chimenea o de una vela. Los hacía como descanso de la intensa actividad académica que llevó a cabo como alto responsable de varias instituciones universitarias a lo largo de su vida. No quería más reconocimiento que ese. Pero escribió los mejores cuentos de fantasmas del siglo XX y se le premió en vida.
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