martes, 10 de julio de 2012

'el martillo del fin del mundo', de josé miguel cuesta y josé rubio

El martillo del fin del mundo (Grupo AJEC), la nueva novela de José Miguel Cuesta y José Rubio, ya está en la calle. Será presentada el próximo sábado 14 de julio en Valencia, en el Horno Cafeteria Cifre Solaz (avda Constitución 246). Será a las 19.00 horas. Los autores me hicieron el honor de pedirme que escribiese el prólogo de su nuevo trabajo, a lo cual, por supuesto, me presté. Me tomo la libertad de ponerlo aquí a continuación:




Los orígenes de la mitología nórdica son casi tan ancestrales y brumosos como los propios hechos legendarios que la componen. Tanto es así que la semilla de muchos de sus relatos viene de tiempos anteriores a la escritura. Se transmitieron oralmente y, por esta razón, muchas de sus leyendas se han perdido para siempre en la noche de los tiempos. Afortunadamente, varios textos medievales recogieron sobre el papel gran parte de este caudal mitológico que, de otro modo, hubiera caído irremisiblemente en el olvido. Nuestras principales fuentes son las Eddas y la Heimskringla de Snorri Sturluson y la Gesta Danorum de Saxo Grammaticus. Gracias a estos códices podemos hoy reconstruir la cosmogonía nórdica, aquella que conformó las creencias de los pueblos que habitaron las actuales Noruega, Dinamarca, Finlandia, Suecia e Islandia. Un universo salvaje y trágico caracterizado por el choque entre dos fuerzas naturales: las positivas, del orden, y las negativas, que llevaban acaparada la destrucción.
Sin embargo, en la mitología nórdica, al igual que en la griega, no se da una separación maniquea entre Bien y Mal, como sí sucederá en el Cristianismo. Los dioses escandinavos tienen matices, son imperfectos. Incluso Thor, protector de los hombres, es un ser orgulloso, irreflexivo, capaz de errar. Tan falibles son las deidades de Asgard que ni siquiera son inmortales, y requieren para mantener su eterna juventud las manzanas de la diosa Iðunn. No son tampoco inmunes a la tragedia: saben que su final, su destrucción, están escritos.
En efecto, ya una völva (pitonisa) conjurada por Odín desde más allá de la muerte vaticinó el fin de los dioses y su mundo en el llamado Ragnarök, el día en que las fuerzas del mal sobrepasarían a las fuerzas divinas que protegen el orden y a los hombres. Así pues, la visión del futuro es sombría en la mitología nórdica, aunque otras fuentes hablan de un renacimiento posterior tras la necesaria destrucción que conduce a la renovación.
Era cuestión de tiempo que José Rubio y José Miguel Cuesta, dos autores que han aprendido a conformar uno solo, abordaran el inmenso caudal narrativo que mana de Escandinavia e inventaran con él una novela. La obra que tienes entre tus manos, El martillo del fin del mundo, es un destilado de aventuras que nace de la rica fuente que nos lega la tradición del norte de Europa.
Y digo que era cuestión de tiempo porque estos escritores han manifestado innumerables veces la fascinación que sienten por la historia no escrita, por las fuerzas invisibles, la magia, el ocultismo, el esoterismo que recorren el devenir de cualquier civilización. Vivimos tiempos materialistas, de fechas, datos y estadísticas, y eso nos impide ver que, reales o no, las creencias en lo oculto han tenido un papel histórico en las decisiones y actos de gobernantes y gobernados, de ejércitos y de pensadores. Y esa es una fuerza que no se puede obviar. Un factor que determinó nuestro pasado y, por tanto, nuestro presente.
“¿Qué sentidos nos faltan, que no podemos ver ni oír el mundo invisible que nos rodea?”, se preguntó a este propósito Frank Herbert en su novela Dune.
La obra de Rubio y Cuesta es extensa y ha tocado todos los palos de la narrativa de entretenimiento, siempre con gran rigor literario: terror, aventuras, histórica, fantástica, juvenil, erótica. Han cultivado también el cuento y el ensayo. Pero dentro de este corpus existe siempre un nexo común: la fascinación por lo mágico, fascinación que consiguen siempre transmitir a sus lectores. Ya lo lograron brillantemente en Sol de misterio (Equipo Sirius, 2008), obra que fue finalista del Premio Planeta y en la que bucearon en el periplo espiritual y aventurero de Juliano, el emperador romano que quiso renegar del Cristianismo y volver al culto de los dioses antiguos. Lo hicieron también en La ciudad de las puertas de oro (Timunmas, 2006), en El nombre sagrado (Premio Ciudad de Dueñas) o en El Durmiente (Edebé, 2007), obra que fue finalista del premio Torrevieja. Cualquiera de sus libros supura esta capacidad de recrear, reconstruir, las creencias mágicas de los pueblos del pasado.
A los variados terrenos que han pisado sus novelas se suma ahora el de la mitología nórdica. Con El martillo del fin del mundo se acercan al sugerente universo de Thor, Odín, Loki y las Valkirias con rigor de estudiosos y pulso de narradores.
Se trata de una mitología guerrera, hija de un pueblo luchador, acostumbrado a batallar contra hombres, bestias, contra la propia naturaleza. José Rubio y José Miguel Cuesta no han desaprovechado esta fuerza intrínseca para escribir lo que mejor saben: aventuras y correrías de un sabor clásico al que, sin embargo, han sabido añadir un original tono de decadencia muy alejado de los esplendores del Asgard y los dorados Aesir que habitualmente nos muestran el cine, la literatura épica o el cómic.
El martillo del fin del mundo nos desvela una insólita visión de las divinidades vikingas. Una historia trufada de combates, magia y erotismo que, a su vez, a muchos servirá para descubrir la mitología que los habitantes del norte de Europa construyeron en su intento de explicar el violento mundo que les correspondió vivir.
Ahora un paisaje inhóspito y nevado se abre ante nosotros. Monstruos, brujas, trolls y guerreros venidos de entre los muertos nos acechan a cada paso. Es momento de pasar la página y adentrarse en los mapas de la aventura.