Nunca he tenido más
ideología política que la democracia y la justicia social. Siempre las “ideas”
(refuerzo mucho las comillas) que nos venden (porque vender es lo que hacen)
los partidos políticos me han parecido falsas, diseñadas desde el marketing y ni
de broma desde el pensamiento honesto. Sin embargo, durante mi etapa en
Bruselas sí vi algo que me ilusionó: la idea de Europa. Un continente cuyos
países, después de matarse durante siglos, decidían unirse en un espacio de
libertad relativa y bienestar, aceptándose, enriqueciéndose en todos los
sentidos. Por supuesto vi que una mayoría de los que pululaban por las
Instituciones Europeas estaban allí pendientes del beneficio propio, soltando
discursos vacíos sobre la unión de países para luego trincar. Pero se sentía
algo bueno, algo verdadero de fondo. Ahora sin embargo, y aunque sigo creyendo
en esa idea de Europa, cada vez se adueña de mí más la certeza de que también
esto es el chiringuito de unos cuantos. Otro teatro. Otra mentira. Sirva de
ejemplo la negativa de los eurodiputados a viajar en clase turista. Para una
certeza política que he tenido en mi vida…
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2 comentarios:
Será que las certezas solo terminan sirviendo para que el tiempo nos las tire por el suelo.
Sobre todo las que no dependen de uno mismo
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