jueves, 12 de abril de 2012

primer contacto con el mal

Desde luego el mal está ahí desde que nacemos, pero hay un momento en que tomamos conciencia real de su existencia. A mí me pasó a los cinco años. Un vecino nuestro tenía un precioso pastor alemán. Era una hembra magnífica. Con los ojos de la infancia, la veía como un ser fuerte, enorme, de porte noble. Muchas tardes, con el permiso de mi madre, acompañaba a su dueño a pasearla por un terreno junto a las vías que había delante de nuestra finca. Me gustaba su compañía limpia y protectora. Se dejaba acariciar. Recuerdo el tacto de su pelo. Para mí era poco menos que acariciar un dragón o un ser mitológico. Nos hicimos amigos.
Un día mi madre me dijo que la perra ya no estaba. Que no podría salir a pasear más con ella. Sin comprender por qué podía ser eso, qué cosa en el mundo podía impedirme ver al hermoso, cariñoso pastor alemán, fui a preguntarle a su dueño. Él, sin adornos, me dijo que alguien le había dado de comer veneno.

5 comentarios:

Salva dijo...

¿Acaso no es cierto que, si triunfa el mal, se convierte en ley de vida, y entonces es justo combatir el bien? ¿Acaso no es la mayoría la que impone la norma, y que en ella no cabe lo anormal o, como dice la humanidad, el mal, lo abominable?

-August Derleth, "El Sello de R’lyeh"

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Pues todos a envenenar perros

J.E. Alamo dijo...

There be monsters everywhere and they are great cowards... El Piojoso. "Aprendiendo Inglés".

José Miguel Vilar-Bou dijo...

El Piojoso, además de cafés y copazos, sirve grandes verdades.

Enric Herce dijo...

A quienes habría que envenenar es a los dueños de algunos perros y también a algunos vecinos sin escrúpulos.