jueves, 16 de febrero de 2012

el saxofonista de la luna

Hace años, cuando trabajaba en un periódico malintencionado, de ignominiosa memoria, solía irme a dormir al apartamento de mis padres, en la playa. Era ya otoño, pero por las mañanas, antes de ir a currar, me daba un baño en el mar y eso multiplicaba por dos el valor del día. Me ponía en conexión conmigo mismo. El frío del agua me revivía.
Una noche. llegué al pueblo después del trabajo. Era tarde. Estaba oscuro. No había nadie en las calles ni en el paseo. Hacía frío. Por eso me sorprendió escuchar un saxo sonando. Al asomarme a la playa, vi que en el paseo había un hombre solo, en la oscuridad. Estaba tocando el saxo y parecía hacerlo para nadie. O quizá para la luna. No me atreví a pasar a su lado. Di la vuelta por otra calle. No quise estropear su diálogo con las estrellas.

5 comentarios:

roberto dijo...

Ay, el saxo, ese gran tema...

Enric Herce dijo...

Pues un bañito nocturno con semejante banda sonora hubiera sido la releche.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

-jaja! eso es roberto. la saxología es lo mejor que hay.
-la banda sonora hubiera sido divina pero a esas horas se me hubieran congelado las balls.

VERONICA LEONETTI dijo...

Oh! wow! de pronto me ha provocado irme a la playa.
Qué bonito!

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Espera un par de meses, que ahora hace frío.