La conocí hace años, siendo una hija de puta. Siempre arreglada y siempre maquillada con las pinturas de guerra del siglo XXI: pintalabios, sombra de ojos, etc. Mientras la traté se comportó invariablemente como una mierda humana: falsa, traidora, inmoral, interesada hasta lo grotesco.
Por eso ayer no la reconocí. Me la encontré en un bar de esos que le gustan a Joe Álamo: tragaperras, colillas en el suelo, póster del Levante UD de la temporada 1994-1995, café cortado, camareros con bigote y cocinera peruana. Taxistas en las mesas.
Mi ex enemiga ni iba pintada ni se alzaba sobre sus aterradores tacones. Iba sin maquillaje ni lentillas, con unas sencillas gafas. Incluso su voz me pareció irreconocible: era sincera, transmitía calor.
Conversaba con una mujer mayor. Trataba de convencerla para que cuidara más su salud. Podía verse una intensa ternura fluyendo entre ambas. ¿Madre e hija?
Todo en ella era diferente: sus gestos, su mirada, su lenguaje.
Pero no dudo de que cuando sonara el despertador la tiburona de nuevo se pintaría para matar o morir y calzaría sus tacones depredadores que resonarían por la escalera como tambores de guerra. Y lo que hay de humano en ella se lo guardaría en alguna caja fuerte hasta que terminara el horario laboral. Es así cómo nos hace el mundo que hacemos.
Por supuesto en el bar no me saludó. Si lo hubiera hecho, no sería ella. Yo tampoco le dije nada: en realidad delante de mí no había más que una desconocida.
Pagué el café y me fui.
lunes, 9 de enero de 2012
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11 comentarios:
Muy al estilo MILLÁS.
Así son las cosas, sí... todos grises...
Buen retrato, muy humano.
Quizá se estaba tomando un descanso. Nadie es uno mismo el 100% del tiempo...
Noto como cierto resquemor...
Lo peor es que esa gente se cree su propia mascarada...
-Hugo: Millás es un mestre del conte breu-breu. I de la novela i de l'articul.
-Sr. IA: No somos grises, pero es lo que, si nos dejamos, se espera de nosotros. Es una opinión, claro.
-Roberto: jeje, se intenta.
-Salva: Supongo que ambas caras son las verdaderas.
-P: Uy, no. De hecho fui más testigo que víctima de sus haceres. Sólo me chocó descubrir que podía ser una persona tan cálida.
-Claudio: Lo cierto es que llenamos la realidad de máscaras. Y muchas las ponemos para engañarnos a nosotros mismos.
Si es que los bares son realidades alternativas universos en sí. Entrada interesante, muy visual.
Gracias, Joe. Bares, qué lugares
Hasta el peor monstruo necesita darse un descanso de sí mismo.
Y seguro que tienen horario de verano.
Bueno, tampoco llegaba a monstruo. La suya era una maldad vulgar, de la que abunda en los despachos.
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