lunes, 28 de noviembre de 2011

la cortina

Hace siete años, cuando me fui a Serbia, mi madre, para no pensar en que su hijo andaba lejos y distraer la mente, empezó a tejer una cortina para el gran ventanal de la escalera, alto como una persona. La hacía por las noches, cuando no le quedaba ocupación y sólo quedaban el silencio y la calma. Durante siete años en los que me he ido y he vuelto varias veces, la he visto muchas noches sentada en una silla que ella misma tapizó de niña, haciendo y deshaciendo la cortina. Me recordaba a Penélope, la esposa de Ulises, y se lo he dicho muchas veces. Hace pocos días que la terminó. Es una obra preciosa, sólida. La tendió sobre la cama, la tela ocupaba el colchón entero. La vimos preciosa. Había algo muy fuerte encerrado en aquellos dibujos y grecas, aparentemente sencillos pero increíblemente complejos. Intuyo un misterio en el modo en que una mano convierte un simple hilo en dibujos, tramas, belleza.
Ahora, siete años después, la cortina está terminada y sólo queda colgarla en su ventana. Ha quedado perfecta.

jueves, 24 de noviembre de 2011

‘made in china’, de jordi martorell

Jordi Martorell es amigo mío desde el instituto. Luego nos medio volvimos a ver en la universidad (él estudió Publicidad), pero prácticamente nos perdimos la pista, aunque hubo buenos reencuentros por el camino. El azar y la gracia de la vida quisieron que nos volviéramos a encontrar en Londres durante un par de meses. Entonces pude comprobar que seguía siendo tan creativo y brillante como siempre. En Londres le pillé recién venido de China, y producto de ese viaje son estas fotografías que dan cuenta de su excelente ojo y de su capacidad para captar los destellos luminosos que la vida nos va lanzando a cada trecho. Que lo disfruten. Jordi es un tremendo fotógrafo.








lunes, 21 de noviembre de 2011

el jardinero

El otro día estuve hablando en un hotel de Valencia con un empresario que lleva viniendo treinta años a una feria de jardinería que se organiza anualmente en Feria Valencia. Me dijo algo que me llamó mucho la atención: “Será por deformación profesional, pero de cinco años a aquí he notado que los jardines de Valencia han pasado de estar entre los mejor cuidados de España a estar abandonados. Por mi trabajo, me fijo en las rotondas, los setos y los parques de los barrios, y están en un estado de abandono lamentable”. Al escucharle me acordé de una doble ilustración de mi libro de historia en EGB. En ella aparecía una reconstrucción de una ciudad del Imperio Romano en tiempos de esplendor (ordenada, limpia, eficiente) y otra perteneciente al periodo de decadencia. En ella aparecían, entre otras cosas, jardines abandonados y sin nadie que los cuidase, por falta de dinero.

jueves, 17 de noviembre de 2011

los competidores del camino de santiago

Hace unos años hice fallidamente el Camino de Santiago (nos desviamos para ir a emborracharnos a las fiestas de un pueblo) y siempre se me quedó la espina de terminarlo desde el lugar donde me quedé. Me quité dicha espina este verano. Pienso que es una experiencia profunda, religiosa o no. Pasas mucho tiempo contigo mismo, todo lo que posees está en una mochila, vives en los ritmos de la naturaleza: te levantas y acuestas con el sol. El Camino de Santiago es ideal cuando uno quiere hacer un punto y aparte, renovarse, comenzar una nueva etapa. Pensar. Decidir.
Pero me da la sensación de que la cosa ha cambiado mucho en poco tiempo. Esta vez primaban entre los peregrinos conversaciones del tipo: “Llevo una media de 40 kilómetros diarios. ¿Y tú?” O “una cantimplora no debe pesar más tanto” o “con dos bastones caminas una media de nosecuantos kilómetros más por hora”. O la más fuerte: “El que quiera ver paisajes que se vaya a pasear al campo”. En resumen, unos pesados. Mucha gente obsesionada por el cronómetro y por ser el primero. Mucho ganador nato, como les gusta verse a sí mismos. Vi a muy pocos sentándose a descansar en un puente medieval, viendo el agua correr entre los árboles. O deteniéndose a ver los pájaros, las montañas, los bosques profundos. O a escuchar aquellos silencios inmensos de las montañas. O a oler la menta y el eucalipto que te acompañan todo el tiempo. O simplemente a beber un trago de vino. Por supuesto, los ganadores natos no iban a hacer estas tonterías. Eso bajaría sus irreprochables marcas atléticas.

martes, 15 de noviembre de 2011

sobre la vocación política

Ahora que asistimos a la representación de ese teatro del marketing sin conexión con la realidad que son las elecciones (hasta nos han convencido de que es importante qué corbata llevaban los candidatos en el debate) no me resisto a contar una anécdota que le pasó a un amigo mío y que nos relató el otro día durante una cena:
Este amigo mío fue a la sede en Valencia de uno de los dos partidos mayoritarios. No diré cuál porque estoy seguro de que lo mismo pasaría en los despachos del PP que del PSOE (por no decir los otros, claro). Mi amigo dijo que quería afiliarse a este partido, muy convencido de sus ideas. La respuesta que recibió del señor mayor que le atendió fue: "Estupendo. Lo que pasa es que ahora va a estar complicado que te consigamos algo". "¿Algo?", repuso mi amigo. "Sí, un trabajo o un puestecito", respondió el señor.

PD: Vaya por otro lado que conozco gente buena que ha trabajado o trabaja en PP o PSOE. Gente que curra un montón y que cree en lo que hace.




jueves, 10 de noviembre de 2011

repasando papeles viejos

Repasando papeles viejos he encontrado estas líneas en la papelera donde guardo mis poemas:

La luz
Nos aferramos a la luz y tirando de ella sorteamos las bocas de laberinto con que a cada trecho nos tienta el mundo.
Nos aferramos a la vida. Es lo único firme, lo único cierto, en nuestros ingenuos esquemas y previsiones.
Nos paralizan el miedo, la desesperanza, el cansancio. Y olvidamos que no hay mal sin bien ni dolor sin risa. Que todo es lo mismo, que no se le pueden amputar asignaturas a la vida.

lunes, 7 de noviembre de 2011

‘el país de los ciegos’, de claudio cerdán


No sé por qué, empecé a leer El país de los ciegos con la presunción asumida de que Claudio Cerdán sería un iconoclasta del género negro, del mismo modo que muchos le hemos visto serlo de la fantasía (con, paradójicamente, excelentes resultados). Sin embargo El país de los ciegos es otra cosa. Desde el primer párrafo uno comprende que Claudio Cerdán es un animal de novela criminal. Es su coto de caza: las correrías del Tuerto Durán por una corrompida ciudad de Alicante, la recreación de los escenarios, los personajes, la descripción de las diversas maquinarias del crimen, el realista y creíble tratamiento de la violencia, la documentación… todo se articula para crear una historia vibrante y dura pero, me parece, humana también. Entre muchas otras cosas, Claudio hace uno de los mejores retratos de psicópata integrado en la sociedad (tema por el que siento siempre mucha curiosidad) que he leído en mucho tiempo. Y lo hace con las frases justas, con apenas un par de escenas. No se le va la mano hipercaracterizando, ni exagerando las escenas de violencia. Además mete un arrollador sentido del humor (oh, cuánto me he reído, socorro) que nunca llega a hacer que la historia pierda credibilidad y rigor. No doy detalles, pero hay un par de escenas de cachondeo que son, sencillamente, memorables. Además Claudio se mete y desgrana ambientes del hampa de la más diversa naturaleza (mafias rusas, clanes gitanos, traficantes colombianos, fauna autóctona) y lo hace con un detalle milimétrico y una precisión que siempre alimentan la curiosidad del lector. Para resumir el efecto que me hizo la novela: el otro día pasé en tren por Alicante y no respiré tranquilo hasta que perdí de vista la ciudad.

jueves, 3 de noviembre de 2011

‘el baile de los secretos’ de jesús cañadas


La propia palabra fantasía ya dice que los caminos del género son infinitos. A veces no ha sido así, y el género se ha encorsetado a sí mismo en una serie de tópicos que, en los últimos años, agradecidamente, han sido rotos. Las modas son más o menos pasajeras pero en nuestros días los lectores no se creen los géneros puros. Se impone por todas partes el mestizaje, la creación de nuevos paisajes. Todo esto viene a santo de Jesús Cañadas quien, en su debut, nos presenta un ejercicio de fantasía deslumbrante y visual. Un universo abigarrado que exige al lector el esfuerzo de sumergirse en sus lógicas. Y entonces viene la recompensa, pues El baile de los secretos es una aventura intensa y vívida, escrita con un notable despliegue estilístico. En algún modo el lector hace el mismo viaje que los protagonistas: de una a otra realidad. Una de las grandes fuerzas del género fantástico es su capacidad para hacerte olvidar lo que te rodea e introducirte en un mundo completamente nuevo y diferente. No es algo fácil. Muchas historias fracasan en su intento de seducir al lector. Jesús Cañadas, sin embargo, utiliza con pericia y entusiasmo los resortes que te hacen vivir la historia. En alguna manera este libro es como un calidoscopio de personajes, sentimientos, paisajes deslumbrantes, escenarios imposibles que por momentos llega a hipnotizar. Estamos ante el debut de un escritor enérgico y de imaginación desbordante. Jesús Cañadas ha sabido abrir una nueva puerta dentro del género. Será interesante ver por qué caminos avanzan y evolucionan sus próximos libros.

martes, 1 de noviembre de 2011

el escultor

Este verano escuché hablar a un escultor. Daba la sensación de vivir retirado en su casa-museo en una aldea, pero la realidad es que cada año centenares o miles de personas visitan su hogar, convertido en impresionante museo. Tenía una expresión extremadamente grave y dolorida. No se parecía en nada al muchacho de ojos ardientes de sus fotos de juventud que colgaban en las paredes. El tiempo le ha hecho surcos. Nos mostró generosamente una pieza que representaba la Creación, con Adán y Eva. Nos explicó que la madera de castaño sobre la que la había tallado necesitó diez años para secarse antes de ser convertida en pieza de arte. “Si la trabajas antes de tiempo la madera se abre”, dijo. También había tallado una Virgen en el interior de un árbol de más de mil años. Nos contó muchas cosas más. Nos dijo: “Aprovechad vuestra juventud y energía para hacer cosas bellas”. Luego seguimos nuestro camino.