miércoles, 29 de junio de 2011
labor de partido
Hace unos meses, hablando con una señora que ocupó un cargo bastante visible en Benidorm, tuve la ocurrencia de poner en duda la eficacia de Leire Pajín, la ministra de Sanidad. La critiqué a ella como podía haber criticado a cualquier otro, pues me parece que los políticos españoles viven en su mundo, alejados de los ciudadanos. Y bien a gusto que están así. Lo he visto de cerca. Todos lo hemos visto de cerca alguna vez. Dio la casualidad de que esta señora, a quien tengo aprecio y admiración, conocía bien a Pajín y la defendió diciendo: “Estás muy equivocado, José Miguel. No sabes lo trabajadora que es esa chica. Ha estado años acudiendo a todas las reuniones y actos del partido, por pequeños o poco importantes que fuesen. Ha hecho una labor de partido impresionante. Nadie le ha regalado nada en el partido para llegar adonde está”. Así defendió mi amiga a la máxima responsable nacional de Sanidad. Nuestra Sanidad.
domingo, 26 de junio de 2011
'el libro de los vivos', de juan de madre y tislit er-rbia

A mediados del siglo XIII se fundó en Fez (Marruecos), antes que en ninguna otra ciudad europea, un hospital para locos. Un lugar donde se practicaba la cura de almas. Este punto de partida sirve para abrir un laberinto, un juego de verdades y mentiras brillante y fascinante. El plagio, la recuperación y el reciclaje pueden difícilmente dar un resultado más original que éste. Creo que la clave del artefacto narrativo reside en una frase que no pude evitar subrayar: “La Europa del siglo XX observaba un mal moral en las acciones del enfermo de la mente, y, sobre todo, había extirpado la posibilidad de la verdad en el discurso de éste”. El libro de los vivos (Sloper, 2011) empieza bien, preparándonos para el juego de espejos que se nos avecina, pero es en su segunda mitad (para mi gusto, a partir de la página 147) cuando la novela (si es una novela) se viene arriba de verdad y no deja de sorprendernos en cada una de sus revueltas. ¿Quiénes son los autores de El libro de los vivos? Según leemos en la portada, Juan de Madre y Tislit er-Rbia. ¿Será verdad? ¿Será mentira? Descubrirlo es uno de los juegos que nos propone esta historia de locos cuerdos con sabor al mejor Borges. El Borges enamorado de las 1001 noches. Lo que sí es seguro es que el fabulador que se esconde tras estas páginas abre brecha con cada nueva novela que nos regala.
miércoles, 22 de junio de 2011
presentación de ‘tom z stone’, de joe álamo, en valencia

Joe Álamo ha dado un giro a su carrera. Le conocimos por libros como El enviado o Penitencia, novelas oscuras, turbias, habitadas por personajes monstruosos y en ambientes suburbanos. En realidad en Tom Z Stone el escenario es el mismo: una ciudad, Valencia, plagada personajes podridos y unos pocos buenos dispuestos a combatirlos por razones que ni ellos mismos saben explicar. También hay zombis. Pero hay algo muy nuevo esta vez. Y es básicamente el propio Tom Stone (juego de palabras que en inglés vendría a significar lápida), el personaje principal y voz narradora. Entre homenajes a Chandler, a los Beatles y las viejas pelis de Bogart, Joe nos regala una narración fresca, llena de humor, de diálogos ingeniosos y con un personaje que mantiene vivo el libro en todo momento (toda una paradoja, teniendo en cuenta que él es un muerto viviente). La manera en que este detective zombi enfrenta las situaciones es siempre ingeniosa y desternillante. Tom, un “reanimado” con debilidad por la bebida y las mujeres, es tan cabrón como noble y elegante. Y la combinación tumba hasta al más duro de los lectores. Hay frases sencillamente impagables. Además la narración es descarada, segura, llena de gracia. Sobrada, diría incluso. Es la voz de alguien que ha encontrado el modo en que quiere contar sus historias y se mueve como un pez en el agua. Recordemos que Joe es un escritor de vocación tardía. Pero está lleno de hambre creativa, de ganas de crecer. Algo que muchos autores jóvenes no tienen. En ese sentido a Joe le considero un joven audaz de cincuenta años.
Al final, en sus novelas encontramos siempre un desprecio profundo por el mal y la mezquindad. Esta vez el enemigo de ambos, Tom Stone, es un hallazgo. Sin duda estamos ante la novela más comercial de Joe Álamo, y también la mejor.
Pues de todo esto y mucho más hablaremos en la presentación del libro que tendrá lugar el sábado 25 de junio a partir de las 12.30 en Bibliocafé (Amadeo de Saboya, 17 Valencia). En la mesa el autor, Joe Álamo, la ilustradora Verónica Leonetti y un servidor. ¿Se pasará por allí también Tom Z? Yo creo que sí.
lunes, 20 de junio de 2011
el viejo armario
En casa de mi yaya había un armario. Cuando nos mudamos a esta casa el viejo armario fue a parar a nuestra buhardilla. Dentro mi madre guardó toda la ropa antigua. Y ahí ha permanecido durante dos décadas, cuidada pero olvidada. Hace poco subimos a hacer limpieza. Al abrirlo, por un instante percibí perfectamente el olor de mi yaya. El olor de la casa de mi yaya. Veinte años después me asaltaba por sorpresa, tenue y sutil, pero real. Después se esfumó de inmediato.
Dentro del armario descubrí un bazar de magia como los que adoraba descubrir de pequeño. Entre muchas otras cosas fascinantes, había un periódico del día en que murió Franco, con un enorme “Franco ha muerto”. En el armario estaban también los dos abrigos de mis dos abuelos. Ambos fueron labradores y ambos murieron antes de que yo naciera. No tengo recuerdo de ellos. Sin saber por qué, me probé uno de los abrigos, parecía nuevo. Nadie se lo había puesto desde hacía décadas. Me miré un segundo con él puesto. Desprendía un olor desconocido: el de alguien a quien no conocí. Al quitármelo quedó dentro de mí una sensación extraña.
Dentro del armario descubrí un bazar de magia como los que adoraba descubrir de pequeño. Entre muchas otras cosas fascinantes, había un periódico del día en que murió Franco, con un enorme “Franco ha muerto”. En el armario estaban también los dos abrigos de mis dos abuelos. Ambos fueron labradores y ambos murieron antes de que yo naciera. No tengo recuerdo de ellos. Sin saber por qué, me probé uno de los abrigos, parecía nuevo. Nadie se lo había puesto desde hacía décadas. Me miré un segundo con él puesto. Desprendía un olor desconocido: el de alguien a quien no conocí. Al quitármelo quedó dentro de mí una sensación extraña.
jueves, 16 de junio de 2011
‘the last unconquerable peoples’ en babylon magazine

Escribir para Babylon Magazine es siempre un reto. Esta vez he escrito un reportaje sobre la supervivencia de las culturas indígenas en América Latina. El reportaje puede leerse íntegramente AQUÍ, a partir de la página 79.
Ya saben que Babylon Magazine, revista de cultura española, se publica en inglés y español y puede conseguirse gratuitamente, entre otros lugares, en las sedes del Instituto Cervantes de todo el mundo. En este número, además, entrevistas a la banda Vetusta Morla, al actor Óscar Jaenada, a la actriz Nuria Espert y al mago Juan Tamarit. También reportajes sobre la Pamplona de Hemingway y las compañías tecnológicas que están revolucionando el mercado y el mundo.
jueves, 9 de junio de 2011
asociaciones
Jamás he sabido encajar en asociaciones. La cosa me viene de pequeño. Mi madre me apuntó a la falla del barrio y el experimento fue un fracaso. También en el colegio, siendo todavía niño, se inventó una cosa llamada Asociación de Amigos de María Auxiliadora. Para atraer a los estudiantes se montó una ingeniosa técnica de marketing consistente en regalar una medallita de la Virgen a quien se apuntara. Todos mis amigos se inscribieron menos yo.
El hecho de que jamás haya sido socio de nada no significa que esté en contra o no me guste tal o cual asociación. Puedo estar perfectamente de acuerdo con sus motivaciones y con su política. Puedo alegrarme de sus frutos. Puedo llevarme bien con sus miembros. Pero aun así no formaría parte.
Estando en Milán, los de Amnesty International se extrañó muchísimo cuando no quise unirme por escrito al grupo joven. Había participado con ellos en recogidas de firmas en la universidad y en una manifestación en la Piazza della Scala pasando más frío que un perro. Podían contar conmigo para lo que quisieran, que yo les ayudaría. Pero me negué a ser socio de nada. No sé si con mi entonces penoso italiano comprendieron mis motivaciones. Quién sabe.
Dicen que una sociedad alcanza su madurez cuando los ciudadanos aprenden a organizarse en asociaciones. Eso es verdad y además conozco muy de cerca ejemplos admirabilísimos, como el de mi amigo Salvador Domínguez, que fundó Adesepa, la Asociación de Personas Desaparecidas, después de que su hijo desapareciera sin explicación aparente. Con Adesepa, unas pocas personas han logrado frutos increíbles y siempre que he podido he publicado reportajes y entrevistas sobre su durísimo trabajo.
El hecho de que jamás haya sido socio de nada no significa que esté en contra o no me guste tal o cual asociación. Puedo estar perfectamente de acuerdo con sus motivaciones y con su política. Puedo alegrarme de sus frutos. Puedo llevarme bien con sus miembros. Pero aun así no formaría parte.
Estando en Milán, los de Amnesty International se extrañó muchísimo cuando no quise unirme por escrito al grupo joven. Había participado con ellos en recogidas de firmas en la universidad y en una manifestación en la Piazza della Scala pasando más frío que un perro. Podían contar conmigo para lo que quisieran, que yo les ayudaría. Pero me negué a ser socio de nada. No sé si con mi entonces penoso italiano comprendieron mis motivaciones. Quién sabe.
Dicen que una sociedad alcanza su madurez cuando los ciudadanos aprenden a organizarse en asociaciones. Eso es verdad y además conozco muy de cerca ejemplos admirabilísimos, como el de mi amigo Salvador Domínguez, que fundó Adesepa, la Asociación de Personas Desaparecidas, después de que su hijo desapareciera sin explicación aparente. Con Adesepa, unas pocas personas han logrado frutos increíbles y siempre que he podido he publicado reportajes y entrevistas sobre su durísimo trabajo.
lunes, 6 de junio de 2011
literatura de combate
Leyendo Las uvas de la ira, de John Steinbeck, no he podido evitar preguntarme por qué hoy no se publican libros así y, si se publican, por qué no tienen esa capacidad de influencia. Me refiero a la literatura como arma, como instrumento de denuncia o de reflejo de la sociedad y del mundo.
No critico algo al escritor que, por vocación profesional, convierte el contar historias en su trabajo y escribe el entretenimiento que demandan los lectores. Tampoco critico la literatura de evasión. Y menos ahora que por fin es verdaderamente respetada en España, o está en el camino de serlo. Pero ¿no ha quedado un vacío demasiado grande del otro lado?
No critico algo al escritor que, por vocación profesional, convierte el contar historias en su trabajo y escribe el entretenimiento que demandan los lectores. Tampoco critico la literatura de evasión. Y menos ahora que por fin es verdaderamente respetada en España, o está en el camino de serlo. Pero ¿no ha quedado un vacío demasiado grande del otro lado?
jueves, 2 de junio de 2011
‘cándida diplomática’, de helena cosano

Esta novela parece prometernos las divertidas correrías de una diplomática en un país lejano y salvaje que casi cobra tintes mitológicos. Se nos presenta como una lectura ligera de media tarde o de sala de espera de aeropuerto. Pero no. Helena Cosano, con una frescura y una viveza casi mágicas, nos inocula una historia potente y triste sobre la lucha por el poder en las oficinas, campos de concentración del alma. Sobre lo pequeño que es el hombre comparado con la naturaleza, con el mundo. Sobre la magia, sobre la verdad que subyace bajo cada leyenda. Sobre cómo la vida se niega a discurrir dentro de las aburridas torres de cristal donde las personas pierden la alegría atadas a un ordenador. De todo esto nos habla Cándida diplomática (Algaida, 2011). Pero en esta novela hay también humor, viajes, reflexión, ternura. Y aprendemos que ni el frío estepario de cincuenta bajo cero, ni la muerte blanca, ni los no menos gélidos rascacielos, pueden acabar con el calor del arte y de la vida. La capacidad que revela Helena Cosano para pasar de lo ligero a lo legendario, de lo anecdótico a lo trascendente, convierten la lectura de esta novela en una experiencia intensa, rica y difícil de definir.
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