jueves, 31 de marzo de 2011
griterío
Cuando estás fuera de España por un tiempo largo, regresas y enciendes la televisión, lo primero que percibes es un griterío continuo y desaforado. Una crispación que va desde los programas del corazón (curioso nombre teniendo en cuenta que en ellos aparece gente notoriamente desalmada) hasta los telediarios y las declaraciones de los políticos. El hecho es que al volver te sumerges en ese maremoto que va desde los medios de comunicación hasta el facebook y las conversaciones de la calle. Y toda esa rabia, tensión e impotencia que acumulamos los ciudadanos se mete dentro de ti y no hay manera de librarse de ella. Luego sales de España y, sólo con no ver los titulares de los periódicos en un par de días, sientes una paz inmensa. Probadlo y veréis que es verdad.
lunes, 28 de marzo de 2011
‘mujer abrazada a un cuervo’, de ismael martínez biurrun

Que me corrijan si estoy equivocado: Hace unos años era imposible encontrar en España una novela como Mujer abrazada a un cuervo. En ese sentido quizás Ismael Martínez Biurrun se ha convertido en uno de los máximos exponentes de algo que está sucediendo en la narrativa española: los géneros piden el respeto que en la literatura anglosajona llevan gozando casi dos siglos. Sin ir más lejos, la última novela de todo un premio Alfaguara como Santiago Roncagliolo, Tan cerca de la vida bebe del terror y de la ciencia ficción. Y también la última de Rosa Montero, Lágrimas en la lluvia, va de ciencia ficción. ¿Pero es Mujer abrazada a un cuervo una novela de género? Quizás es una pregunta que no necesita respuesta. Quizás uno debe limitarse a disfrutar del impresionante imaginario de Martínez Biurrun, de su inagotable arsenal de trucos narrativos. Del excelente trabajo de personajes. Novela a novela, este autor va ensanchando un territorio literario propio al que es difícil ponerle nombre. Yo no voy a hacerlo, desde luego. Me conformaré con esperar su próximo libro.
miércoles, 23 de marzo de 2011
las dos historias de edgar neville

En 1995, con motivo del centenario del cine español, la revista Nickel Odeón publicó la lista de las diez mejores películas españolas de la historia. Para elaborarla se consultó a cien personalidades de la cultura entre las que estaban Almodóvar, Javier Marías, Paco Umbral, Antonio Muñoz Molina o Pilar Miró. En el puesto diez había un sorprendente título completamente desconocido para el público: La torre de los siete jorobados. Tampoco el exótico nombre de su director, Edgar Neville, le decía nada a la gente. En Alfafar, sin embargo, la personalidad de este artista sí seguía viva, especialmente en la memoria de los más mayores.
El Neville de mundo
Pero primero acerquémonos al Edgar Neville que desde los Noventa ha sido recuperado para la historia. Nació en 1899 y murió en 1967. Fueron sesenta y ocho años consagrados al arte y a la vida. Una vida apasionante y llena de peripecias, muchas de las cuales tuvieron por escenario Alfafar.
Pese a haber sido un autor de éxito, su nombre y su obra fueron injustamente olvidadas después de su muerte, quizás debido a que sus películas, novelas y piezas de teatro iban dirigidas a la gente en el sentido más amplio palabra. No persiguió un arte intelectual, sino popular, pero siempre respetuoso con la inteligencia del espectador. Quizás ese amor por el costumbrismo es el culpable de que su obra fuera condenada durante décadas a la mazmorra del olvido. Hace veinte años nadie sabía quién era este noble, diplomático, pintor, poeta, periodista, novelista y, sobre todo, dramaturgo y director de cine.

Precisamente es por el cine por donde renació artísticamente hablando. Hoy, en 2011, nadie cuestiona su film La torre de los siete jorobados como una de las cimas del cine español a la altura de El verdugo o Bienvenido Mister Marshall de Berlanga. Esta película de aventuras, misterio, humor, fantasmas y ciudades subterráneas bajo el Madrid más castizo casi parece un milagro. Un milagro que fue rodado en los años Cuarenta, en una España de posguerra, pobre, triste, gris, de cartillas de racionamiento. La torre de los siete jorobados es el exponente de un tipo de cine español que podía haber sido y que nunca fue. Es una película adelantada a su tiempo. Con aventuras, misterio y folletín perfectamente combinados con la cultura popular española. El camino que Neville abrió con esta cinta no fue seguido por otros, de ahí que los críticos la consideren hoy una joya rara y fascinante.
Tanto ha resucitado esta película (hasta los Noventa ni siquiera la habían pasado por televisión) que, gracias a ella, se ha vuelto a editar, y con éxito, la novela del mismo título en la que está basada y que fue escrita por Emilio Carrere.
No sólo La torre de los siete jorobados cayó en el olvido tras la muerte de Neville. La misma suerte corrieron sus otras películas, pese a que muchas de ellas fueron éxitos de taquilla: El baile, El crimen de la calle Bordadores y en especial la inteligente La vida en un hilo. El cine de Neville fue imaginativo, original, chispeante. Sus películas gustaban a la gente.

Había tenido la mejor escuela posible. Después de trabajar como reportero de guerra y de viajar por varios países, Edgar Neville había vivido en Los Ángeles. Conoció de cerca el Hollywood dorado donde cultivó la amistad de Douglas Fairbanks, Mary Pickford y, sobre todo, de Charles Chaplin, con quien mantuvo el contacto toda su vida. En una ocasión Charlot dijo de él que era el mejor conversador que había conocido jamás. Eran los tiempos del primer cine sonoro. Los grandes estudios exploraban el posible potencial del mercado latino y reclamaron guionistas que escribieran en español. Edgar Neville fue una de ellos, pero también estuvieron allí Enrique Jardiel Poncela, Tono y López Rubio. Además, en su primera etapa madrileña conoció a intelectuales de la talla de Ramón Gómez de la Serna y José Ortega y Gasset, quien siempre envidió su vitalismo.
En los años Sesenta, con la salud mermada y vencido por la pereza, ese vitalismo le fue abandonando. Eso no le impidió seguir escribiendo artículos para el diario ABC hasta el final. Uno de los últimos se tituló Adiós, Alfafar. Era su despedida del pueblo donde había pasado los veranos de su infancia y juventud. Y es aquí donde encontramos a otro Edgar Neville, uno más secreto, pero que los testimonios nos permiten reconstruir.

El Neville de Alfafar
Porque la arrolladora personalidad de Edgar Neville se fraguó entre los árboles del palacio que sus abuelos levantaron en Alfafar: el Huerto del Conde. De hecho la actual estación de Renfe era un apeadero que los condes hicieron construir. Así lo recuerda el propio Edgar Neville: “En épocas sin carretera y sin automóviles mis abuelos podían tomar el tren en Madrid a las ocho de la noche y a las ocho de la mañana apearse en Alfafar, a cien metros escasos de la puerta de su casa de campo”.
El palacio tenía dieciocho salones. Neville lo definió como un “disparate arquitectónico”, en el mejor sentido, por tratarse de una construcción de estilo neoclásico con tejados de pizarra en plena huerta mediterránea. Así lo describe él mismo: “El palacio tenía un encanto fabuloso para los que habíamos sido niños en él, para los que habíamos vivido con tres generaciones de la familia, de las cuales ya solamente quedamos dos o tres representantes. Tenía un gran parque lleno de arbustos y de flores y como una especie de árboles gigantescos, con esa exuberancia que permite aquella tierra tan rica”.

Al final de su vida, el cineasta rememoró sus días en Alfafar con conmovedora melancolía: “Allí cada uno desarrollaba su fantasía, y tan pronto se montaba la fabricación del pan de Viena en unos inmensos hornos traídos de Inglaterra como se confeccionaba, en 1910, un biplano sin motor, construido por el carpintero del pueblo con el consejo técnico de mis tíos, que no habían visto jamás ningún avión”.
Neville tuvo que vender la masía en los años Sesenta. Fue una decisión muy dura para él. Sintió que deshaciéndose de la casa perdía una parte de su infancia. Así lo escribe: “Hay recuerdos de los que me ha sido verdaderamente penoso separarme, y es el recuerdo de mi madre dándoles de comer a unas docenas de palomas, que se posaban sobre la bandeja donde les traía el maíz, y la colecta de huevos en los gallineros a la caída de la tarde”.
El Edgar adulto tampoco olvidó nunca a sus amigos de aquellos años, todos ellos hijos de labradores locales. Siempre recordó “los juegos con otros amigos del pueblo las noches de luna llena en el parque, donde la parte iluminada era donde se podía ser atrapado y la parte de sombra la barrera inviolable donde se estaba en seguridad”.
Los amigos de Edgar Neville le recordaban como un niño poco despierto, débil y delicado. Nada que ver con el hombre de mundo en el que se convertiría. Siendo ya adulto, organizaba a veces fastuosas fiestas en sus salones de Alfafar. Por ellas pasaron Ava Gardner o Joan Fontaine. Pero Neville no olvidaba invitar a sus viejos camaradas del pueblo. Vicente Olmos, el Patrisio, cuyo padre mantuvo una larga amistad con el conde, solía contar las divertidas situaciones que se producían entonces: “Edgar les vestía de chaqué y les presentaba a sus invitados como terratenientes o artistas cuando en realidad no eran más que labradores”.

Es sólo una de tantas anécdotas que revelan el carácter bromista de Neville. Vicente Olmos recordaba una no menos graciosa: “Una vez Edgar vino después de un viaje y fue a buscar a mi padre. Eran uña y carne. Mi padre le dijo que tenía que ir a echar tierra al campo y Neville, que había venido en un Cadillac, le dijo que se iba con él. Y se pasaron toda la mañana trabajando juntos en el barro”.
Recluido en Madrid y ya enfermo, Edgar Neville escribió Adiós, Alfafar, el artículo en el que se despedía para siempre del pueblo y la casa que modelaron el carácter de aquel niño. Un niño que entonces ni podía soñar que algún día sería uno de los grandes nombres de la cultura española del siglo XX. Así se despidió del palacio de su infancia:
“Hoy he tenido que decir adiós a mi infancia y a mi mocedad. Sé que lo primero que han hecho ha sido talar el jardín y el bosque, con ese odio al árbol tan conocido en este país, y ellos, como seres vivos que son, me han dado mucha más pena que la demolición del «palacio», aquellos árboles que colaboraban en nuestros juegos, que daban sombra a nuestros familiares más queridos.
Es una época que desaparece. Ya no quedará pronto ni el vestigio de lo que fue esa vida sosegada que nuestros padres pudieron gozar. El tiempo ha pasado. Son otros modos, son otras costumbres. Pero da mucha pena”.
domingo, 20 de marzo de 2011
'indignaos'

No lo digo yo sino que es el título del libro que está haciendo furor en Francia y ahora en España. Indignaos (Destino) es un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica. Se lee en media hora. Lo escribe Stéphane Hessel, un señor francés de 93 años que fue miembro de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, que escapó de milagro de ser ahorcado por la GESTAPO y que formó parte en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lo que nos dice esta anciano de mirada vivísima es sencillo y claro: Su generación luchó por crear un estado de los ciudadanos. El estado del bienestar. En los últimos diez años esas conquistas se han puesto en peligro y corremos el riesgo de perderlas. Se nos han recortado derechos, hemos descubierto que nos gobiernan los bancos y los fondos de inversión, y afrontamos un futuro de recortes sociales, pesimismo y deterioro de la democracia que tanto costó conquistar. Por eso monsieur Hessel nos dice: “¡Indignaos!”. Nos recuerda que somos ciudadanos, somos la gente y tenemos más fuerza de la que creemos. El hecho de que este brevísimo libro esté siendo un éxito de ventas ya es una buena noticia.
miércoles, 16 de marzo de 2011
los hombres de leche
Mi primo, el dibujante Marc Bou, y un servidor seguimos trabajando en una serie de relatos de terror, llamémoslo, duro. Aquí van los bocetos o, como él dice, "rayajos varios" que ha hecho sobre un cuento titulado Los hombres de leche. Pongo también un cacho del texto para contextualizar.
Todas esas reuniones llenas de seres insoportables que, en serio, se creen seductores con sus cifras manipuladas y sus gestos estudiados para transmitir seguridad. Esas frases hechas, muertas, frías. Esos ojos a los que uno se asoma mientras proponen nuevas iniciativas de promoción y sólo ves mierda, mierda y mierda. Me pregunto, si se aflojaran el nudo de la corbata que lo ata todo, ¿les saldría toda la mierda que llevan dentro por la boca, la nariz, los ojos, las orejas? Claro que sí. Llenarían el mundo de mierda con sus palabras.
Oh, sí. Ya. Yo soy igual. Soy uno de esos que odian su vida de lunes a viernes.







Todas esas reuniones llenas de seres insoportables que, en serio, se creen seductores con sus cifras manipuladas y sus gestos estudiados para transmitir seguridad. Esas frases hechas, muertas, frías. Esos ojos a los que uno se asoma mientras proponen nuevas iniciativas de promoción y sólo ves mierda, mierda y mierda. Me pregunto, si se aflojaran el nudo de la corbata que lo ata todo, ¿les saldría toda la mierda que llevan dentro por la boca, la nariz, los ojos, las orejas? Claro que sí. Llenarían el mundo de mierda con sus palabras.
Oh, sí. Ya. Yo soy igual. Soy uno de esos que odian su vida de lunes a viernes.







domingo, 13 de marzo de 2011
el jardín sin dueño
Antes, cada vez que subía a la terraza de casa, veía siempre, dos azoteas más allá, a un vecino nuestro que cuidaba exquisitamente un pequeño jardín. Era un señor mayor. Había puesto un toldo negro para que el sol no arruinase sus bonsáis. Era hermoso subir por la tarde, cuando el sol enrojece los tejados cubiertos de líquenes, y verle allí cuidando de su pequeño rincón. Ahora he vuelto a casa después de dos años fuera. Al subir a la terraza me chocó ver el toldo hecho jirones, las plantas muertas y las macetas vacías. Me contaron que el señor había fallecido y que su familia, de puro dolor, no se atrevía a desmontar el jardín, pero que tampoco sabían cuidarlo como él lo hizo. Y por eso las plantas murieron con él. Pensé que al menos, mientras vivió, nuestro vecino hizo más bello un pequeño rincón del mundo.
jueves, 10 de marzo de 2011
alejandra zúñiga
El mundo infantil que la ilustradora Alejandra Zúñiga recrea en sus creaciones parece venir directamente de los sueños. En sus trabajos todo nos llega como a través de una cortina que da magia a sus personajes. Su obra es viajera. Ha sido expuesta en España y Estados Unidos. Para recrear lo intangible utiliza técnicas tradicionales: acrílicos, tinta, óleo, lápices. Luego pasan al reino digital mediante photoshop. Aquí van seis escenas nacidas de su mano. Podéis encontrar más información sobre ella en su web.










lunes, 7 de marzo de 2011
la gran mentira
Cada vez que veo esas fotos falsísimas de jóvenes de varias razas y con corbata sonriéndose unos a otros en una sala de reuniones, ante un ordenador o en una oficina, una repugnancia infinita me llena. Me dicen que es algo inocente. Que sólo son imágenes que las empresas de trabajo, las compañías o las universidades utilizan para ilustrar sus demandas de empleo (que no ofertas, como les gusta decir), cursos, masters, ferias de negocios, etc. A mí no me parece inocente. Con cosas así nos venden un modo de vida que no es real. Ese rollo del gran equipo humano. Esas oficinas asépticas, esos trajes sin sudor, ese mundo sin viejos lleno de jóvenes megacompetitivos, eficientísimos, pero sonrientes… esa gran mentira. Todos sabemos muy bien lo que hay debajo de las sonrisitas de la foto: horas extra no pagadas, depresiones, estrés absurdo, alienación, peleas de perros con corbata, sueldos bajos, falsas promesas, miedo a perder el puesto, trepas, puñaladas por la espalda, falsos amigos, intereses, traiciones, ninguneos, humillaciones y conspiraciones. Y todo por mandar más o menos en dos metros cuadrados de mundo.




miércoles, 2 de marzo de 2011
coños y palomas pequeñas
Si hay dos términos de búsqueda que atraen visitas en masa a este blog a través de Google son coños y palomas pequeñas. Eso por no hablar de una telenovela sudamericana titulada La masa del Diablo, que me trae una de clientela involuntaria que no veas. Según me dicen las estadísticas de Google Analytics, muchas personas llegan a este blog a través de buscador interesadas en (todos los términos de búsqueda son estrictamente reales):
Coños bellos
Coños felices
Coños chistosos
Coños con bigote
Coños con mucho bello
Coños con orgasmos
Coños de 13
Coños de frente
Coños de los de antes
Coños de monstruos
Coños del diablo
Coños demonio
Coños en blanco y negro
Coños enormes de hombres de la tercera edad
Coños orgasnicos
Coños parlantes
Coños y vaginas
Coños de oro
Coños que hablan
Coños de señora
Concursos bellos coños y coñitos
Española coño peluda
Los coños de las negras putas
Manos en coños
Pero eso no es nada. Hay términos de búsqueda mucho más creativos, también dignos de ser subidos al top ten:
El alarido de los mutilados
Lawrence de Arabia sodomizado
Trillizas brasileñas
Adivino pezones
Leonard Cohen orgasmo
Las gitanas mas cachondas de alfafar
Puticlubs de Artana
El porno está pactado con el diablo
Es aconsejable fumar con la nariz rota
Folladero de viejas
Ruben me chingue a tu prima
Historias y relatos del fontanero que me echó un polvazo
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