lunes, 28 de febrero de 2011

'el invierno del dibujante', de paco roca


Los tebeos que mi padre leía de niño estuvieron guardados durante muchos años en un viejo baúl del desván de la casa de mi abuela. Cuando mis padres la vendieron trajimos con nosotros todos aquellos Pulgarcitos, Can Can y Tío Vivo. Me los leí de cabo a rabo, de crío, con veneración intuitiva por aquel delicado papel lleno de historietas de Vázquez, Ibáñez, Conti, Escobar, Peñarrolla o Cifré.
En El invierno del dibujante (Astiberri) Paco Roca nos ha descubierto el otro lado de esas viñetas con este cómic que relata una aventura humana, modesta y grande a la vez. Quizás olvidada. El intento de cinco viñetistas por ser dueños de sus creaciones frente a la entonces todopoderosa editorial Bruguera.
Los elementos visuales, literarios y documentales que conjuga Paco Roca para levantar esta historia funcionan como un reloj suizo. Pero es un mecanismo técnico silencioso, discreto, que nunca solapa la inmensa humanidad que recorre la aventura de estos personajes maravillosos. Sirva como ejemplo la extraña escena de amistad que el tremendo Vázquez y el triste Rafael González, siempre con el lápiz rojo en la mano, comparten al final del relato.
Como tantos, me enganché a Paco Roca con Arrugas. Me pareció que esa obra templada, emocionante e intensa engrandecía el género de la historieta. El invierno del dibujante tiene idéntico mérito, me parece. Es una reflexión sabia y realista de la que, personalmente, quiero sacar la conclusión de que, aunque los dibujantes soñadores salen derrotados, nada puede vencer la alegría de crear.

jueves, 24 de febrero de 2011

el camino de alejandro

El ilustrador Marc Bou, que es primo mío hasta el punto de que fui a su comunión, ha convertido en imagen El camino de Alejandro, un cuento de la serie de casi sesenta relatos que me curré el invierno pasado mientras volaba en el tren expreso que es Londres.


Alejandro Magno dejó atrás su mar y con un ejército de hombres confiados en él fue en busca del otro. En el camino tomó Fenicia, Anatolia, Judea, Siria, Gaza, Egipto, Bactriana y Mesopotamia. Llevó sus artes bélicas hasta Persia y a los persas derrotó. Y destruyó el misterio de aquel mundo de ojos negros haciendo que sus oficiales se amasen con mujeres oscuras y tersas de la tierra de la perfección.

lunes, 21 de febrero de 2011

la picaresca

Me compré El Buscón de Quevedo hace la bromilla de once años, los mismos que se ha tirado en el estante hasta que por fin me he animado a leerlo. Y me estoy riendo. Me estoy riendo mucho con la picaresca. Dicen que la picaresca es muy española. La del Buscón Pablos me hace mucha gracia. Pero pienso en su versión actual. En la que practican políticos, bancos, inmobiliarias, ayuntamientos, pasapiseros, magos del marketing, de las finanzas, de las relaciones públicas y demás vendedores de crecepelo. Esa picaresca ya no me hace gracia. Es una podredumbre que recorre toda la sociedad española y que obliga a jóvenes bien formados a buscarse la vida fuera no por gusto, sino por necesidad. Una podredumbre que ata de pies y manos a quien quiere crear una empresa, que machaca a los autónomos, que ha propiciado un mercado laboral anquilosado y un país con la productividad más baja de Europa. No me gusta esta picaresca basada en que cada perro se lame su polla y en que si eres honrado eres tonto. En que cada cual tira para lo suyo sea a la escala que sea. El resultado de ese creernos todos listos bien lo tenemos delante: cajas virtualmente quebradas por mucho eufemismo que nos cuelen en los medios, administraciones públicas endeudadas de por vida, Gran Hermano las 24 horas del día. Y lo más grave, lo más dolorosamente grave: que la gente no llega. Que por pagar una mierda de piso una pareja no pueda tener niños. Una casa no vale lo que pretenden que paguemos por ellas. Hemos cambiado señores feudales por bancos, pero el diezmo se sigue pagando igual.
Mientras tanto, me consuelo riendo con las aventuras del Buscón.

miércoles, 16 de febrero de 2011

'penitencia' de j.e. álamo


En El enviado descubrí con J.E. Álamo otra manera. Un universo peculiar y otra forma de contar. También una voluntad: la de ajustarle las cuentas al mundo con el arma de la literatura. Esa voluntad, ese universo y esa forma de contarlo se conjugan de nuevo para crear Penitencia. Pero esta vez la historia es más dura, sin concesión a lo fácil. A veces he pensado en Seven, pero Joe ha llevado la fórmula del thriller a un escenario donde, milagrosamente, discurre a la perfección, con fluidez e intensidad. Uno en el que este narrador se mueve como pez en el agua. Nadie imaginaría que un asesino psicópata en serie movido por fuerzas sobrenaturales casaría tan bien en un barrio de ciudad española donde el escenario del horror son parroquias, carnicerías de toda la vida, residencias de ancianos y bares, sobre todo bares. Joe escribe sobre ellos con una cierta veneración, como buscando el lado increíble de estos lugares que pisamos para tomarnos un café y marcharnos. Penitencia en cambio es una novela que no se marcha. Se queda en quien la lee y llega más allá de sus muy aparentes intenciones de thriller de barrio. Tiene algo de exorcismo o liberación. Me parece que Joe ha dado con una fórmula inconfundible en la que siempre se reconocerán su estilo y sus personajes, a veces cercanos, a veces pintorescos. Ha escrito una novela que está en el cruce de caminos de muchos géneros y que golpea como una bala.

domingo, 13 de febrero de 2011

una gorra de marca

Me la compré en El Corte Inglés poco antes de irme a vivir a Milán. Durante mi medio año en Italia la gorra Burberry me acompañó a todas partes. Después me la llevé a Londres, y con ella me he protegido del frío y la lluvia por dos años. Pero quiso el azar que, dos días antes de regresar a España definitivamente, la dejase olvidada en el tren que volvía de Exeter. Fui a objetos perdidos de Paddington Station a reclamarla, aunque sabía que no la iba a recuperar: era demasiado simétrico. En estos cuatro años han pasado muchas cosas bajo esa gorra Burberry. Es justo que una parte de todo se quede allí, en Inglaterra. En un tren. Si alguien se la encuentra y decide quedársela espero que la disfrute.

jueves, 10 de febrero de 2011

'cuentos inhumanos' en madrid



Presentación de Texturas del miedo y Cuentos inhumanos
Sábado 19 de febrero a las 17.00 h
Entrelíneas Librebar
Café literario
C/ Gonzalo de Córdoba, 3
Metros Quevedo y Bilbao
Madrid

Sí, señora. Nos llevamos Cuentos inhumanos a Madrid. Será el sábado 19 de febrero en el bar-librería Entrelíneas. A las 17.00. Me han dicho que Stephen King se va a pasar por allí de incógnito. Y no es para menos porque, además de Cuentos inhumanos, se presenta el libro de relatos Texturas del miedo, de Ignacio Cid Hermoso. Éste, Verónica Leonetti, José Ignacio Becerril (que ejercerá de maestro de ceremonias) y un servidor andamos metidos en el mismo Saco de huesos. Se admitirán todo tipo de preguntas excepto acertijos y problemas matemáticos.
¡Allí nos vemos!

lunes, 7 de febrero de 2011

isabel oliver, pintora

Cuando tenía 19 años empecé a escribir en el periódico de mi pueblo. Mi primera pieza fue la crónica de la milla urbana. La redacté a máquina. Guardo aún la hoja definitiva, que rehice no menos de 30 veces.
Poco después acudí a cubrir la inauguración de la exposición de una artista que se llamaba Isabel Oliver. Me hice con el catálogo de la muestra para saber más sobre ella. Subrayé lo que me llamó la atención. Debía ser una mujer muy interesante. Leí que había colaborado con el Equipo Crónica. Yo amaba el arte, tenía 19 años y era la primera vez que tenía la oportunidad de conocer y escribir sobre una artista.
En la inauguración la vi rodeada de autoridades locales. Me dediqué a mirar los cuadros y, cuando parecía más desocupada y relajada, me acerqué a ella con la extrema timidez que me caracterizaba entonces. Llevaba yo en las manos el catálogo, libreta y boli. Le pregunté con voz insegura si podía hacerle algunas preguntas para el periódico del pueblo. Sólo entonces me di cuenta de que había algo depredador en su mirada. Y su respuesta fue: "Mira. Léete el catálogo, entérate de quién soy y luego vuelves".
Lamentablemente por escrito no puedo reproducir el tono de su voz.
Me alejé. Por supuesto no volví más tarde para entrevistar a aquella artista que inauguraba una exposición en el sótano del ayuntamiento de un pueblo de menos de 20.000 habitantes.

jueves, 3 de febrero de 2011

el tiempo

El tiempo es algo mágico cuando uno escribe. Las cosas siempre suceden y ocupan su lugar con una naturalidad lógica e irrefutable. Como el agua que siempre haya cauces por los que discurrir. Pero es necesaria la paciencia.
En 2005 pasé unos días en Bruselas invitado por un amigo que trabajaba allí. En ese momento escribía Los navegantes y leía Doctor Zivago, de Boris Pasternak. Mi amigo vivía en el barrio europeo, muy cerca de las instituciones. Deambulando por aquella casa grande y extraña di con el sótano. Un sótano acojonante que poseía algo que podríamos definir como voz. Al instante supe que ese escenario tenía un cuento, sólo que no sabía cuál. Todavía.
Tuvieron que pasar cuatro años para que encontrase, sin buscarla, la historia de ese sótano. Se trata de El final de la pesadilla, uno de los relatos que componen los Cuentos inhumanos. El agua encontró su cauce.
Cuando tenía 20 años entrevisté a un pintor de 97 años que seguía haciendo copias de Velázquez y el Greco. Vivía en una casa enorme, acompañado por centenares de sus cuadros, amontonados unos sobre otros, pues no los vendía. Supe que aquel anciano y su mundo de lienzos tenían una historia, pero hasta el invierno pasado, once años después, no la encontré. El agua encontró su cauce.
Hay lugares que todavía no tienen su historia, pero intuyo que la tendrán. Porque el agua siempre encuentra su cauce.


Una posdata:
El blog Más cuento que calleja de Pedro Escudero recopila algunas de las críticas que se han publicado sobre Cuentos inhumanos. Gracias, Pedro. La entrada puede leerse AQUÍ.