
El minato alcanzó fama mundial a principios de los ochenta gracias a la película Bloody Minato Fighter. El kárate y el kung-fu habían triunfado ya anteriormente de la mano de estrellas como Chuck Norris o Bruce Lee. Ahora los productores buscaban un nuevo filón que relanzara el género de artes marciales. El minato era justo lo que necesitaban. Steve Hornby fue elegido para dirigir el film: “Trajeron de Tang-Tang un experto para las coreografías en las escenas de lucha”, recuerda. “Él traía un montón de ideas filosóficas y todo eso, pero nosotros queríamos hacer una película de peleas. Con acción, con chicas. El minato tiene un montón de patadas y saltos espectaculares. Y luego estaba todo ese rollo de los cachivaches y los trucos de magia. Era una bomba: una mezcla de James Bond y Bruce Lee”.











