Muy agradecido le estoy a Laura Rodríguez de elcolectivomagazine.com por dejarme un hueco en la sección espacioslondres. Gracias a ello me estoy quitando el nervio de escribir sobre los lugares que más me gustan de esta ciudad.
Elcolectivomagazine.com es una web perfecta para conocer Londres-Londres en español. Tiene su origen en el club de lectura El Colectivo que reúne a aficionados a la literatura española y latinoamericana en el Instituto Cervantes de aquí.
Por cierto que me he estrenado, cómo no, con un artículo sobre un cementerio (el de al lado de mi casa, que aparece en la movida que estoy escribiendo). Se puede leer aquí. El segundo habla sobre Hampstead, lugar brutal.
lunes, 29 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
qué divertido
El otro día iba en el metro. Delante tenía sentada a una chica bastante atractiva. Pelo castaño liso recogido en coleta, piel clara, cejas finas y ojos traviesos. Vestía traje de chaqueta, falda estrecha, medias de red y tacón. Sin duda venía de currar de alguna oficina. Iba leyendo una revista. Me llamó la atención la concentración con que lo hacía. En los cuatro minutos (lo conté) que tardó en volver la página, por su rostro pasaron todo tipo de emociones turbulentas y contrapuestas, pero primaba una especie de satisfacción experiencial que le hacía sonreír. Era incapaz de contener en sus gestos los increíbles terremotos que la lectura del artículo despertaba en ella. No exagero: levantaba las cejas, se mordía el labio, abría mucho los ojos, pegaba la nariz al magazine. Sin duda muchas cosas bullían atropelladamente en su cabeza.
Claro, a mí me vino la curiosidad por saber qué leía. Qué reportaje era capaz de hacer circular tal tren de sentimientos diferentes por una misma cara. Y estuve esperando pacientemente los cuatro minutos que tardó la muchacha en pasar de página. Lo hizo. ¿Y qué era? Era una foto del guaperas de Crepúsculo. Se me escapó una risita. Se dio cuenta. Me miró con sonrisa traviesa y continuó leyendo, esta vez sí, la entrevista.
Claro, a mí me vino la curiosidad por saber qué leía. Qué reportaje era capaz de hacer circular tal tren de sentimientos diferentes por una misma cara. Y estuve esperando pacientemente los cuatro minutos que tardó la muchacha en pasar de página. Lo hizo. ¿Y qué era? Era una foto del guaperas de Crepúsculo. Se me escapó una risita. Se dio cuenta. Me miró con sonrisa traviesa y continuó leyendo, esta vez sí, la entrevista.
lunes, 22 de marzo de 2010
la quietud que precede en fantasymundo

Qué guay que en Fantasymundo le dedican una reseña a La quietud que precede, libro de cuentos con ilustraciones de Verónica Leonetti y textos de un servidor. La crítica de Alberto González puede leerse completa aquí, pero vaya por delante un extracto:
La quietud que precede es de esas experiencias que se disfrutan temprano, el calor de un buen sofá y con el pensamiento en el futuro desayuno. Es terapia para empezar un sábado por la mañana de la mejor manera. Es literatura, es arte. Es un buen regalo, un “toma, ya me contarás” sincero y cercano. Toma, lector, ya me contarás.
jueves, 18 de marzo de 2010
gustavo ortiz
Descubrí el arte de Gustavo Ortiz (y al propio Gustavo Ortiz) en el mercado de Brick Lane. Me fui a casa con uno de sus collages de aires precolombinos, y ahora mi rincón tiene una luz nueva que viene de América y que viene de Europa. Que viene de la tradición y que viene del surrealismo.
Yo no sé si es por ser continente de mezclas que los artistas americanos tienen esa gracia imposible para el mestizaje creativo. Aquí Gustavo Ortiz nos regala en la frialdad acelerada de Londres el pálpito de la luz y la vida como quizás sería hermoso que fuera. Que lo disfruten.





Yo no sé si es por ser continente de mezclas que los artistas americanos tienen esa gracia imposible para el mestizaje creativo. Aquí Gustavo Ortiz nos regala en la frialdad acelerada de Londres el pálpito de la luz y la vida como quizás sería hermoso que fuera. Que lo disfruten.





lunes, 15 de marzo de 2010
la luz del infinito

Soy muy mal lector de ciencia ficción, y más especialmente de ciencia ficción española. Eso no me ha impedido disfrutar de novelas como la implacable Cuarenta siglos os contemplan de Sergio Mars (incluida en la antología El rayo verde en el ocaso, de Ajec), la saga Sillmarem de Gabriel Guerrero Gómez (cuya tercera parte publicará Sirius en breve), La red de Indra del maestro Juan Miguel Aguilera o Tokio ya no nos quiere de Ray Loriga, ese escritor de quien se aprende algo en cada frase.
El disfrute que me dieron estos libros un poco me animó a leer La luz del infinito (Sirius) de José Antonio Suárez. La novela, confieso, me conquistó primero por el título y luego por sí misma. He gastado lápiz subrayando sus reflexiones tan bien metidas entre batallas espaciales y viajes cósmicos en la más ortodoxa tradición. Una efectiva combinación de space opera y hard, si se me permite. Parece que uno deba elegir taxativamente entre ser divertido o reflexivo cuando escribe. Pero como siempre pasa, en el término medio está la virtud y ahí queda La luz del infinito como un buen recordatorio de ello.
jueves, 11 de marzo de 2010
nomem sacrum, el nombre sagrado

De fascinante hay que calificar la nueva novela de José Rubio y José Miguel Cuesta. En poco más de 80 páginas asistimos a la fallida conquista y posterior hermanamiento de Roma y Capua. Una aventura que valió a este tándem de escritores el premio de novela Ámbito Ediciones. Es memorable la reconstrucción de la máquina de guerra romana a la que asistimos en Nomen sacrum, el nombre sagrado. Tan perfecta y exhaustiva que el elemento fantástico, esta vez encarnado en la magia, se integra perfectamente en una narración de esmerado corte histórico. ¿Será porque es así como los antiguos romanos vivían sus contiendas?
Novela a novela, el equipo Cuesta-Rubio va creando un friso complejo, rico e interconectado. Un caso único en la fantasía española el de estos dos autores que se mueven con maestría en el dificilísimo terreno de la novela histórica. Algo que ya hicieron brillantemente en Sol de misterio (Equipo Sirius), trabajo con la que resultaron finalistas del premio planeta.
lunes, 8 de marzo de 2010
oriental ghost stories, de lafcadio hearn

Descubrí a Lafcadio de una manera tan hermosa y fortuita que me da pudor contarla. También porque lo importante es que leí sus cuentos de fantasmas japoneses con fascinación de recién nacido. Luego leí sobre él y eso fue tan interesante como sus maravillosos relatos de terror. Hijo de irlandés y griega, nació en Grecia, creció en Inglaterra e Irlanda y fue periodista de sucesos en Nueva Orleáns. Pero, tras viajar por Asia, es en Japón donde este cronista encontró su lugar en el mundo. Se convirtió allí al budismo, se casó con la hija de un Samurai en plena era Meiji y escribió unos cuentos de miedo que han quedado para la posteridad. Pero ni siquiera su literatura es lo más importante. Porque en sus páginas se siente sobre todo cuánto disfrutó escribiendo, recolectando mitos, viviendo, conociendo Japón y sus historias. Eso es lo que hace grande su trabajo: la pasión y la alegría que hay tras él. A veces las leyendas que recoge no son más interesantes que la anécdota que las envuelve. Y Lafcadio nos lo cuenta todo con una gracia y una maestría de narrador antológicas. Me gusta. Me gusta este periodista fabulador fascinado por lo invisible. Tanto que, siguiendo las enseñanzas de Daniel Miñano, alguno de sus relatos estará escondido, si el Diablo quiere, entre las páginas de la movida que ando escribiendo. La pena es que jamás podré contarlo tan bien como él.
jueves, 4 de marzo de 2010
stonehenge

Esas piedras fueron lugar de culto durante 1.500 años, casi el tiempo que tiene nuestra cultura cristiana. Fueron alzadas hace 5.000 años y hoy son una ruina. Y te da que pensar. Percibes enseguida que cada piedra está donde está por cálculos precisos en relación a la luna y el sol. Y que el conjunto es en sí un gran reloj o calendario. Dicen que las piedras son mágicas. En su superficie hay 90 tipos de líquenes y anidan los cuervos. Todo el paisaje alrededor es poderoso y mágico. Aun si quitaran las piedras, el lugar atesoraría algo indefinible que te estremece por dentro.
Lo comprendemos al volver de noche. Sin luz, sin turistas, en silencio absoluto. Más allá de la valla, rompiendo la inmensidad, se adivina la silueta de Stonehenge, bajo el cielo estrelladísimo y claro. El frío es demoledor. Observamos el perfil de las piedras y todos sentimos con clarividencia una fuerza poderosísima recorriéndonos el alma. La fuerza del tiempo. De los miles de vidas que durante 5.000 años han estado vinculadas a este lugar, pienso, aterrador.
lunes, 1 de marzo de 2010
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