Me compré hace un año por dos libras un libro titulado Balkan Holiday. Era uno entre las decenas y decenas que se apilaban en silencio en aquella librería de lance. Era un libro viejo. Una edición de 1935, pero sus páginas amarillentas seguían robustas, como las canas de esos ancianos vigorosos que todos quisiéramos llegar a ser. Después de un año en mi estantería me he animado por fin a leerlo. Y descubro por su ex libris que en algún momento fue propiedad del doctor James Benett, alguien que vivió en el borough de Beckenham, en Bow, al este de Londres. O sea vecino mío. Y que hizo profusas anotaciones en el papel. Quizás también él hizo el viaje por los Balcanes que nos propone el autor David Footman, quien recorrió Yugoslavia en los años 30 y escribió este libro lleno de consejos prácticos y frescas observaciones. En seguida me he sentido amigo del escritor porque gracias a su viaje leo cómo eran hace 80 años los lugares que yo mismo conocí: Kotor, Dubrovnik, Zagreb, Skopje, Nis, Kucevo, Pozarevac... pero sobre todo Belgrado. Veo que él conoció el Moskva, que es el hotel en el que solía alojarme cuando iba a la capital serbia. Además él lo conoció en un tiempo en que los hoteles tenían personalidad. Veo que hace 80 años la contemplación desde Kalemegdan del Sava y el Danubio fundiéndose al atardecer le sobrecogió del mismo modo en que nos sobrecoge hoy.
El libro no cuenta aventuras, sino la vida de personas que, al igual que nosotros, existieron por un tiempo limitado y que, por azar, fueron a parar a estas páginas. Son historias extrañas, divertidas, ciertas, y uno las lee con la vibración de saber que lo que se nos cuenta pasó. Fue.
Entre las páginas del libro encontré un recorte amarillento del Times del año 1982. Era el obituario de David Footman, el autor del libro. Casi 50 años después de que este débil objeto de papel que veis en la foto fuera encuadernado y lanzado al mundo aún había alguien que se preocupó del destino de quien lo escribió.
Ahora estoy terminando de leerlo y me siento feliz de incorporarme de algún modo a la vida de este libro. La vida de este objeto.

6 comentarios:
Lo del obituario del autor en el libro resulta enternecedor, la verdad.
Gran post, colega. Consigues transmitir tus sensaciones ante las dos libras mejor gastadas que se pueda imaginar.
No olvides escribir tus propias anotaciones al margen en el libro, para que el próximo que pase pueda sentir lo mismo que tú.
Yo de momento me conformo en anotar al margen de tu blog.
¡Qué inversión!
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Por mucho que un autor se desgañite hablando de sus libros en vida, son ellos quienes tienen la última palabra.
-Roberto: Sí, me terminé ayer el libro y al releer el obituario sentí una emoción rara.
-Claudio: Vente ya a comprar libros de segunda mano al azar. Ya verás cómo mola.
-Salva: Me he conformado con poner mi nombre, la ciudad y la fecha, que es lo que hago siempre.
-Gracias, Blumm. No sabía que era tan fácil. Pues ahora en septiembre que volveré a la carga lo haré. Estos líos tecnológicos.
-Joder, Enric. Pues sí. Unos libros, por mucho que les soples, se hunden como pesos muertos. Y otros vuelan. ¿Quién lo decide? ¿Tienen vida propia? Ni idea.
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