Dos felices noticias tengo hoy para dar:

Por fin ha salido en AJEC, y en formato digital,
Sesenta y cinco instantes y otros relatos, antología que recoge el cuento ganador del Concurso Melocotón Mecánico, obra de Rafael Avendaño, y las narraciones finalistas, entre las que anda una mía. En el artefacto van trabajos de Carlos Martínez Córdoba, Antonio J. Cebrián, Alicia Sánchez, Álvaro Bruno, Alejandro Carneiro, el tándem José Rubio y José Miguel Cuesta, Ignacio Segura, Daniel Pérez, José Miguel Sala, Javier Omar Cabezudo y David Prieto. Este último sujeto escribiente y yo nos cruzamos en todas partes: hemos compartido editorial, mesa redonda, antología y revista. Pero que nadie se equivoque: no hay nada entre nosotros.
En el lote va
El laberinto reflejado tercera aventura de Saad que hice hace cosa de tres años. Consagradas a este personaje quedan dos historietas inéditas y dos más que nunca llegué a escribir. Quién sabe si un día verán la luz.
Con la vileza que me caracteriza, extraigo las líneas del prólogo que tratan de lo mío:
El autor de la aplaudida novela «Los Navegantes», José Miguel Vilar-Bou, (editada por AJEC) nos brinda en «El laberinto reflejado» un relato que, por calidad y ambientación, bien podría haber formado parte de los Cuentos de las 1001 Noches.
Por otra parte el oráculo Facebook nos dice que ya está a la venta
Calabazas en el trastero: arañas, antología que será presentada el sábado 27 de junio a las 18.30 horas en el centro cívico Pilarica de Valladolid (calle Puente la Reina, 1).
Esta compilación de cuentos sobre arañas, tema lindo y monino donde los
haiga, ha juntado los siguientes nombres: Miguel Martín Cruz, Curro Esteves, Víctor Núñez, Miguel Cisneros Perales, Marta Altadill Castillón, Manuel Mije, José Manuel Fernández Aguilera, Juan José Hidalgo Díaz, Fermín Moreno González, Santiago Eximeno y (¡otra vez él!) David Prieto.
En esta movida va mi cuento
El laberinto de la araña (ya veis que la cosa va de laberintos). Creo que es el mejor de todos los que he escrito, con permiso de otro que guardo en el anonimato. La idea me la dieron las propias bases del concurso más una serie de paranoias que se mezclaban en mi cabeza. Terminarlo me comió dos meses de vida. Pero una vez puesto el punto final, cuando lo leí, dije: “Toma, moreeeeeno”.
Nada, señores. Nos vemos el viernes a las 19.30 en la Casa del Llibre, si el Diablo y ustedes quieren.