viernes, 29 de mayo de 2009

raquel catalina

Tal vez se debe a que estuvo trabajando en una tienda de tatuajes. Quizás eso explica que las creaciones de Raquel Catalina se te queden en la retina como tinta fluyendo bajo la piel. Se ha echado al oficio ilustrador en tiempos de crisis, pero lo hace armada de imaginación y de figuras contundentes que se mueven por mundos de extrañas calidades: son tan cotidianos como fantásticos sus paisajes vivísimos. Os dejo con su potente ojo y su potente mano, y se invita al respetable a caer por su blog, lleno de historias sin palabras.







martes, 26 de mayo de 2009

london calling

Algunos sabéis lo de Londres: que me voy. Después de cinco meses de espera, esta noche del martes 25 de mayo cojo el avión a la vertiginosa City. Ella y yo nos conocimos hace un par de semanas. Creo que nos caímos bien.
Parto con los cuadernos pegados al cuerpo y con precaución de traficante de hachís. Van llenos de anotaciones e ideas. Cuentos que me propongo escribir. Otros que deberé repuntar y coser. Otros por desarrollar. Imágenes que serán una historia (o al menos lucharé por ello). Y el acojonante montón de notas que llevo acumuladas para una novela que aún siento de alma incompleta.
Otras veces me fui por puro afán de experiencia. Por necesidad de dejar algo atrás, a la caza de cosas que no existen. Lo curioso es que, buscando chorradas, encontré lo que es importante de verdad. Y que resultó estar en casa.
Hoy me marcho con naturalidad y siendo consciente de todo lo que dejo aquí (joder, hablo como un ministro que acaba de dimitir). De cuántas cosas importantes han sucedido en los últimos meses. En lo escrito y en lo vivido. Mundos que, en realidad, no sé separar.
Por eso corrijo a quien me dice que inicio una nueva etapa. No quiero que sea así. Quiero sólo continuar esta en la que vivo hoy. Crecer en ella. No busco ese algo nuevo que perseguí en otras ocasiones, siendo más jovencillo y sobre todo desorientado. Al fin y al cabo el mundo se mueve y nosotros con él. Estemos donde estemos. Y la vida discurre igual en todas partes.
Echaré de menos muchos ritos (soy tipo de ritos). Muchas costumbres compartidas con otras personas. Muchas conversaciones y muchos lugares comunes. Muchos paseos y bares concretos. Cines. O pizzas con cerveza cierto día de la semana y a cierta hora. Ciertas playas, ciertas calles en ciertos momentos del día. Cierta tertulia literaria de los Hunos. Cenar mientras por la ventana se cuela el viento del Mediterráneo, el canto de sus olas, y luego emborracharse. Sólo espero, amigos, que me guardéis todas estas costumbres para poder retomarlas cuando regrese.
En una caja me llevo las que serán mis próximas lecturas: A sangre fría de Capote, El corazón de las tinieblas de Conrad, Rayuela de Cortázar, Gomorra de Saviano, From Hell de Allan Moore y Eddie Campbell, Cuentos irlandeses de fantasmas y la segunda parte del Quijote.
En la misma caja van trece vinilos: Cohen, Dylan, Doors, Beatles, Pink Floyd y, sin coñas, el Fary. Ahora sólo me falta el tocadiscos. Que me lo tendré que pillar allí.
De todas esas páginas y canciones, y de la ciudad, pienso alimentarme. Y escribir como un perro tantas y tantas cosas que quiero decir y que me arden por dentro.
Pero que nadie piense que os habéis librado de mí. Muy en breve nos veremos. Hay nueva novela por la que luchar y con las letras no se juega. Así que…

¡Salud!

Una posdata:
Enric Herce recoge en su Nudo de piedras la inminente publicación de Alarido de Dios, así como la deUrnas de jade: mentiras, de David Prieto, y Sombras de una vieja raza, de Alejandro Guardiola, finalista del Minotauro. Así que 2009 se pone cachondo y nos inunda y salpica con un orgasmo múltiple de fantasía española que aún no ha terminado.

domingo, 24 de mayo de 2009

historia de la historia

Nunca imaginé que un diálogo pudiera desembocar en una carrera de 400 páginas. Alarido de Dios, para más señas. Se me ocurrió un día tonto, mientras esperaba a los escritores David Mateo y Alfredo Álamo en la puerta de un bar. Lo que me vino a la cabeza fue un intercambio de frases que anoté en mi libreta. Dos voces sin rostro que discutían. Poco a poco, sin darme cuenta, el diálogo se amplió y los interlocutores tuvieron cara. Luego nombre. Luego apareció un mundo. Uno en el que hubo dragones y elfos y enanos y un mago que por serlo fue Dios. Pero ya no existían. De ese mundo fantástico sólo sobrevivían ruinas al borde de los caminos. Ahora quedaban hombres y Demonios que luchaban a treinta bajo cero en una guerra interminable de siglos y siglos.
Construí a Vervoék y Dedekáer apelando a viejos y nuevos recuerdos. A viejas y nuevas ideas. En el primero puse mi cinismo y mi rabia (también mi humor más negro). En el segundo mi fe en las personas y, aunque os raye, mi convencido europeísmo.
Y construí su universo robándole el alma, la piedra y las vidrieras al mundo flamenco que conocí en Bruselas, Gante, Brujas, Lovaina, Amberes. Amanda Casas Torres hizo posible la ciudad de Serge en mis visitas a Tarragona. Y para el mundo de los Antiguos conté con la Andalucía mágica que me desveló José María Oliver, querido amigo dotado con el don milenario de contar y al que le debo más de un cuento.
Invertí un verano entero en dotar de matices y vida a los seres que viajan, luchan y matan por esta historia; y coleccionando las frases más ofensivas, abyectas y malsonantes del español para ponerlas en sus bocas. Ya veréis cómo os reís. Y sólo en septiembre, cuando sentí completa aquella masa enorme de esquemas y anotaciones, comenzó la aventura. Una cuya primera página escribí en Alfafar y a la que puse punto final en Milán. Durante el proceso, todo lo que en Los navegantes había sido salvaje improvisación y p’adelante aquí se convirtió en arquitectura y paciencia. Pero sólo relativamente. No fueran a decirme que he madurado.
Pero la novela se convirtió en lo que es la noche en que Salva Montesinos y yo regresamos de Bérgamo con su curradísimo informe de lectura (tan grueso que tuvo que encuadernarlo) y con el manuscrito cubierto de rotulador rojo. Cenando espaguetis con atún y tomate, y cerveza Moretti, repasamos página a página las flaquezas del monstruo, que no eran pocas dada la mezcla de voces y tiempos verbales que había armado, buscando a la vez un ritmo sin respiros, con capítulos a veces de un solo párrafo. En Alarido de Dios hay, creo, siete u ocho narradores, y eso era duro de conjugar. También los cuentos-analepsis que de regalo he dejado al final del libro.
Tomé sin darme cuenta el mismo punto de partida que en Los navegantes: dos mundos enemistados. En pocas palabras lo que vemos cada día en el periódico y, si prestamos atención, en la calle. Pero de ahí me fui por otros caminos. Caminos montañosos y helados, sin ley, que espero que muchos quieran recorrer conmigo pese a los peligros.
¿Qué más puedo decir? Que me gusta ver la novela como un puñetazo certero. Como un grito breve. Como una cuchillada o un navajazo. Prieta y rápida. Peligrosa. Sin excesos ni derivaciones. Natural, real, cierta, posible... pero al final siempre fantástica.

jueves, 21 de mayo de 2009

nacho casanova

A lo que se ve, dos rotuladores le bastan a Nacho Casanova (Zaragoza, 1972) para tumbarnos. Mentira: dos rotuladores, una mesa al fondo del bar y un café con leche y cruasán. Es inmejorable la combinación si con ella, no se sabe gracias a qué magia, roba al mundo lo cotidiano y lo mete en sus libretas. Su línea emocionante y dotada de la genialidad de lo sencillo ha pasado por un sin fin de tebeos y libros. Muchos le conocían ya. Otros hemos tenido que leer Mistigri (Ponent), donde pone imagen a los recuerdos del esta vez guionista Stygryt, para aprender a conmovernos con sus personajes llenos de silencios vivos y significativos. Se invita a quien no lo conozca a pasarse por su blog y descubrir a este artista singular y directo que ya cuenta con un fan más a este lado del Infierno.








martes, 19 de mayo de 2009

el humor agresivo

Como sabéis, me gusta mucho el humor agresivo. Adorador de los Hermanos Marx que es uno. Pero me gusta sólo cuando tiene un fin. Cuando se utiliza para castigar o ridiculizar aquellas situaciones, ideas o individuos que lo merecen.
El humor agresivo porque sí me parece necio, idiota y torcido. Además las personas que lo ejercen suelen ser poco ingeniosas y lo emplean como arma defensiva para esconder sus propias carencias, que suelen resultarles dolorosas.
Una característica del buen humor agresivo es que quien lo da, lo acepta sin acritud. Siempre previa entente cordiale, claro. Aquí mismo veis cómo Salva o Sociópata me vacilan sin rencor por mi parte (eso creen).
Pero esas personas que utilizan el cinismo de manera hueca y torcida llevan muy mal ser ellos el objeto del tiro a bocajarro, porque suelen ser vulnerables, pequeñas y tristes. Hace poco encontré un ejemplo: en una situación cotidiana, una persona de estas a las que me refiero, siguiendo un procedimiento habitual en su ambiente, me identificó como víctima fácil de humor torcido y quiso focalizar en mi persona esas pequeñas amarguras que le procura la vida diaria. Al recibir de mí una respuesta de humor agresivo sorpresiva (reconozco que mi cara no lo hace esperar) se sintió profundamente vulnerado en público y me lo hizo saber con una voz que sonó a quejido.
No ha vuelto a ejercer sobre mí su humor agresivo pero tampoco a sonreírme en la medida en que sepa hacerlo.

Una posdata:
Dos blogs se hacen amable eco de la próxima publicación de Alarido de Dios, la nueva novela de un servidor de ustedes: Rescepto, laboratorio crítico y literario del escritor cifihardero Sergio Mars, y La sirenita del mar, casa de letras, terrores y versos de Mariko. Vayan sendas gracias.

domingo, 17 de mayo de 2009

de alarido de dios

Dejo aquí una muela de la bestia a ver si hiere. Por cierto que veo que Alarido de Dios ya está a la venta en Cyberdark.net como adelanto. Más en concreto aquí.

Lo sabía, diplomático. Sabía que harías música con mi cuerpo. Cierro los ojos. Adivino tu lengua silenciosa trazando círculos en mis pezones. Adivino la suavidad intensa con que besas, succionas, muerdes mis tetas.
Intenso, diplomático. Eres intenso. Me desnudo de cintura para arriba. Sólo para ti. Quiero que me veas bien. Quiero que sepas lo que tienes entre manos. Quiero que me toques a placer. Así, diplomático. Así. En realidad sólo quiero que me abraces y que me envuelvas. Que me dejes perderme por un momento. Liberarme. Cerrar los ojos y volar a tu ritmo.
Besas y tocas como hablas. Bien, despacio. Me enloquece la codicia enamorada que brilla en tus ojos. Bien, despacio. Yo también te codicio. Pero ahora bésame y abrázame. Hay tiempo. Tenemos tiempo. El infinito está de nuestra parte, mientras nadie demuestre lo contrario.
Con qué hambre besas mis pezones y mis tatuajes. Deja. Ahora quiero que seas tú quien se vuelva loco. Quítate esto. Eres delgado, pero tienes músculos duros. Me gustas. Me gustas porque hablas y escuchas. Me gusta descubrir que tus manos son tan comunicativas como tus palabras.
Me tienes loca, diplomático. Nunca imaginé que pudiera existir alguien como tú. Nunca imaginé que pudiera existir un momento como este. Y tu voz. Ah, diplomático, tu voz. Háblame al oído. Háblame mucho y no pares. Dime lo primero que se te pase por la cabeza. Te juro que me humedezco por abajo si me hablas. Te juro que me muero por… oh, deja que te la toque. No te rías. No quiero verla. No todavía. Sólo agarrarla. Qué dura está. También tú me tocas ahí. Sonríes al empaparte los dedos en mí.
¿Piensas ahora en tu mujer? ¿Te hace ella esto que voy a hacerte yo?
Pongo tu sexo en mi boca. Tu sexo en mi boca. Disfruta el instante, diplomático. Disfruta de tu sexo en mi boca. ¿Quién sabe si seguiremos vivos para repetir? Oh, no te precipites. Relájate. Tócame. Todo lo mío es tuyo. Te regalo mi desnudez y mi calor. Vamos. Entra. Entra. Te espero. Mi bisectriz te espera.
Oh, ponte el condón. Sí. Entra, entra. Sabía que lo harías despacio. Qué pasote. Qué deslumbramiento. Qué enchufazo tener tanta carne dentro de mí. Una carne tan dulce. Una carne tan intensa. No te muevas. Quédate quieto. Goza el instante. Abrázame. Eso es. Deja que te rodee con mis piernas. Te gusta mirar mis piernas blancas, ¿verdad? Cuánto tiempo llevas imaginándolas. Y ahora mira. Abiertas para ti. Sólo para ti. Oh, te quiero, diplomático. Tu mano en mi cadera. Mi pie apoyado en tu rodilla flexionada. Así, amigo, así. Así quiero que me lo hagas. Te mueves despacio y con tiento. Me penetras por abajo y me penetras por los ojos. Qué sensación tan rara. ¿Qué quieres decirme sin hablar? Me obligas a mirarte. Tu mano en mi cadera. Oh, qué dulce esclavitud. Qué dulce diálogo. Qué dulce, tranquilo balanceo.
En la vida de a pie pareces irresoluto y luego eres terco y decidido. Lo mismo haces en la cama. Tu mano en mi cadera. Mi pie apoyado en tu rodilla flexionada.
Sí, oh, sí. No me dejes todavía. Esto es demasiado hermoso. No me sueltes. Déjame cerrar los ojos. Déjame volar. Oh, sí. Sí. Qué bueno. Qué cosa. Qué delicia.
Oh, no, no, no. ¡Te corriste, cabrón!

jueves, 14 de mayo de 2009

señoras y señores, con todos ustedes…



Todo se va a la mierda. Cien años de guerra contra los Demonios son demasiados. ¿Qué esperaban esos maricones de la ciudad? Ellos están a salvo en sus casas. Comiendo y bebiendo como marranos. Y mientras, a nosotros nos masacran en el frente. Ellos hacen fiestas y hasta se depilan. Nosotros comemos carne podrida. Les odio. Odio Sdtadtz y a todos sus habitantes metrosexuales y débiles. No tienen ni puta idea de lo que pasa aquí. He visto cómo los Demonios nos echaban a patadas de nuestras posiciones. Sueño con esas lanzas espantosas trinchando carne humana. Emergiendo brillantes y destripadoras en mitad de la noche.

Así empieza Alarido de Dios (Equipo Sirius), la nueva novela de fantasía de un servidor que, si el Diablo quiere, estará dando tumbos por el mundo para la Feria del Libro de Madrid. Por cierto que los días 6 y 7 de junio estaré allí, de 11.30 a 14.00 horas, en la caseta de Equipo Sirius, firmando ejemplares mano a mano con Gabriel Guerrero Gómez, el sinvergüenza de Sillmarem. Se ofrece también conversación educada y sin tacos. Que ya sabéis que no me gustan.
En la web de Equipo Sirius puede descargarse ya un buen adelanto de esta señora de 400 páginas pinchando aquí.
Puedo decir que la escribí entre Valencia y Milán. Que me tiré un verano armando la psicología de los personajes y el mundo por el que iban a correr (porque esta es la historia de una carrera a través de la nieve y el miedo). Que me hice tan adicto a Dedekáer y Vervoék que tardé meses en desconectar de sus vivencias. Y que he apostado fuerte, muy fuerte con esta historia. En otras palabras, que me dejé las pelotas en ella.
La página de agradecimientos de Alarido de Dios lleva como mil nombres, pero quisiera aquí resaltar especialmente dos: David Mateo (autor del prólogo) y Salva Montesinos (el único hombre capaz de hacerme reescribir el final de una novela).
Y como este blog no tiene más fin que el rastrero, miserable y artero de darme promoción, cada miércoles colgaré en El Diablo me dijo algunos párrafos para engañaros y convenceros de que leáis el libro.
Dejo también cosas que algunos escritores que todos conocemos han dicho sobre ella:

Ya no hay prosa de esta contundencia al servicio de los juegos de la imaginación pura. (Agustín Fernández Mallo)

Irreverentemente anacrónico, brillante, bestialmente divertido, hasta profundo a ratos, José Miguel Vilar-Bou ha irrumpido como un bárbaro en el decadente reino de los herederos de Tolkien. Es el Bukowsky de la fantasía patria, uno de los autores jóvenes que está dinamitando, con su lenguaje “kronenizado”, las convenciones inmemoriales del género. Una delicia para los lectores malpensantes. (José Ángel Mañas)

José Miguel Vilar-Bou no es sólo una nueva voz en la fantasía española. Con su estilo afilado, insolente, y la originalidad de un universo propio, donde lo grotesco y lo perverso se funden con un alto nivel de verosimilitud, es una verdadera sacudida que el género fantástico venía necesitando desde hace mucho tiempo. (Juan Miguel Aguilera)

La obra de Vilar-Bou es a la fantasía lo que Sin perdón al western. (Emilio Bueso)

¡Salud!

martes, 12 de mayo de 2009

el músico al final del bar

El músico al final del bar no necesita más que su guitarra. Es lunes por la noche en Londres y el mundo encorbatado de bate en retirada. Sí quedan unos pocos que saben brindar, cantar y tocar para hacer bailar a las chicas. Afuera pasan siluetas metidas en abrigos oscuros. Adentro los vasos brindan y brilla un sol nocturno de humareda. Suena fuerte la guitarra y una voz te rompe el corazón. Ese bajo dramático y preciso, ¿a qué regiones de la madrugada nos conduce? Dale al cajón que las almas del bar necesitan ritmo, compay. Gracias por darnos tu compás por el precio de una pinta, y por inspirarnos en horas poslaborales en teoría enemigas de la inspiración.
¡Ey! Esto está bien. El músico toca al fondo del bar, y eso y una cerveza te solucionan y justifican el día.

domingo, 10 de mayo de 2009

la maleta

Me la compré hace cinco años. Era la más barata pero también la más grande del Carrefour. En ella metí todo lo que me llevé a Serbia. Y me acompañó en mi regreso. También me acompañó a Bruselas, donde viví la vida de tres personas en una sola. Y lo mismo, ya rota y coja, en mi aventura italiana. De Milán regresó destrozada por dentro y por fuera. Cansada. Con sólo una rueda funcionándole apenas.
La tiré el otro día con cierta ceremonia (soy dado a los ritos y a amar los objetos). La llevé al contenedor en su último viaje. Allí la dejé, apoyada en la pared al lado de otros trastos que tendrían también sus propias historias. Y pensé: “Ha llegado su final pero ha tenido una buena vida”.
Regresé a casa y me di cuenta de que había olvidado quitarle el candado. Volví al basurero, pero ya no estaba. Alguien, un vagabundo con toda probabilidad, se la había llevado. Y me sentí feliz de que mi maltrecha maleta pudiera serle aún útil a alguien. Y de que, tal vez, inesperadamente, le quedaran un par de viajes por hacer.

jueves, 7 de mayo de 2009

la poesía

Leer poesía es para muchos la cosa más vergonzosa del mundo. Si lo haces eres un pedante o un bujarra o ‘vas de’. La gente ve la poesía como algo raro o inaccesible, y muchas veces los propios poetas, atrincherados en el minúsculo reducto que les queda, contribuyen a ese desencuentro con los lectores. ¿O es que acaso no nos parece ridículo alguien que se define a sí mismo como poeta?
No sé. Lo que sí sé es que en Milán, al principio, cuando estaba tan solo que llegó a olvidárseme la melodía de mi móvil, llegaba la hora de salir a la calle y no encontraba una sola razón que me animara a hacerlo. Ni siquiera tenía alguien con quien hablar. La gente me evitaba. En realidad todos se evitaban a todos. Más allá de la puerta de casa la ciudad me parecía un enemigo gigantesco, con tantos ojos y dientes como habitantes.
Un sábado tristísimo, deambulando solo como un perro abandonado, encontré por casualidad una recopilación de poemas de Pablo Neruda que me llamó la atención por su poderosa portada pop (algo del todo imposible en España, por cierto). Aunque no tenía un clavo, me compré el libro, una edición bellísima y bohemia, con la esperanza de tener por fin alguien con quien hablar, aunque fuese un hombre que murió hace décadas. Y a partir de ese día, cada mañana, antes de salir de casa, leí un poema como quien se mete un chute de algo. Y de verdad juro que el vitalismo de ese chileno inmenso me hacía salir a la calle con una energía nueva. Algo tenue pero poderoso, si sabías percibirlo. Eso es la poesía. No es nada raro, ni ignoto, ni inalcanzable, ni indiscernible. Sólo una energía de palabras que te eleva en el aire y que te ensancha el alma.
Luego la voz de Neruda me empujó a escribir mis propios versos sin versos. Pero esa es ya otra historia.
¡Salud!

Una posdata:
El Pes Digital, la publicacion del APIV se hace eco en su ultimo numero del segundo premio que los dibujos de Veronica Leonetti y las letras de un servidor se llevaron en el Concurso de Cuentos Ilustrados de la Diputacion de Badajoz. Al distribuirse en pdf no puedo meter el link, pero si mandar un agradecimiento sin tildes (teclado ingles) a los responsables.

martes, 5 de mayo de 2009

brillante estudiante de periodismo

En general da la sensación de que nos hemos vuelto capullos. Antes un periodista era un ser crítico, idealista, valiente, conocedor del mundo. Pero al parecer la degeneración y el sedentarismo mórbido que con tanta alegría hemos instaurado en nuestra sociedad también han llegado al oficio.
Hace un par de años asistí a una mesa redonda sobre la Unión Europea en una universidad de Moncada. Uno de los ponentes defendió el concepto de europeísmo con razones con las que personalmente comulgo. Aunque ya nadie respeta a Europa (lo de la diplomacia blanda se ha vuelto contra nosotros), me gustan las ideas que tantos siglos y guerras hemos tardado en destilar. Y me gusta decir que soy europeo.
Pero al parecer un rebelde estudiante de periodismo no estaba de acuerdo con el orador. Y cuando el ponente dijo que la Unión Europea nos permite estar informados y luchar contra la homofobia en Polonia (es el ejemplo que él puso), este muchacho visionario, inconformista y soñador levantó la mano y dijo con una autosuficiencia que prueba cuán atrevida es la ignorancia: “¿Y a mí qué me importa la homofobia en Polonia?”
Me pregunto qué impulsó a este retrasado mental que tan ufanamente exhibía su necedad a estudiar periodismo. Y lo más aterrador: quién sabe si algún día muchachos tan socialmente concienciados como este, tan prudentes y sabios, serán los que escriban las crónicas y reportajes en los periódicos.

Dos posdatas:
a) Por si anda algún jeviata, heavy o curioso en general por el blog, desde esta tronera del Diablo se anima al personal a pasarse por el concierto que el jueves a las 16.00 montan frente a la biblioteca de informática de la Universidad Politécnica de Valencia los Mercuria y los Fuzzy White Casters. Primero porque es gratis y segundo porque los Mercuria y su pop metal son tremendos. Por algo se han proclamado ganadores del Concurso de Maquetas de la Asociación de Alumnos de la Escuela de Informática. A los otros no les he escuchado pero sí sé que andan preparando gira británica, lo cual dice mucho.
b) Y por otra parte ya veis que hoy he colgado el post antes que de costumbre. La razón es que esta noche me pillo el avión para Londres, donde estaré una semana. Pero El Diablo me dijo es sagrado (o más precisamente, maldito), así que seguiré actualizando desde los más oscuros cibercafés árabes tal como tengo por costumbre.

domingo, 3 de mayo de 2009

mi primer sueño erótico

Hace poco estuve envuelto en una conversación sobre sueños eróticos y al hilo de ello recordé el primero que padecí en mi vida. Y soy preciso al utilizar el verbo padecer, porque antes que un sueño se trató de una pesadilla erótica.
Tenía yo 14 o 15 años y estaba enamorado de una chavala de la playa. Mi ampliamente documentada negligencia con las mujeres ya me jugaba malas pasadas entonces. Sólo diré que la última vez que intenté ligar en un bar, mi abordada, una erasmus de Azerbaiyán, pidió la hoja de reclamaciones del local.
Pero vuelvo a mi historia:
Ya que ni de coña iba a seducir a la morena de la playa (lo supe el día en que al declararle mi amor me amenazó con una demanda judicial), concentré mis deseos en tener un sueño erótico con ella. Así que noche tras noche aguardé el momento, el improbable regalo de mi subconsciente, mientras en la vida real ella ni me saludaba o me pedía elevadas sumas de dinero a cambio de hacerlo.
Pero una noche por fin sucedió:
Soñé que había una fiesta en su apartamento y yo estaba invitado. La fiesta no estaba mal si dejabas de lado que la música la ponía una orquesta de cerdos dirigida por Spiderman en albornoz. También podemos pasar por alto el hecho de que todos los invitados iban disfrazados de Mao Tse Tung o de una cosa extraña que podría definirse como sacerdote alucinógeno. En un rincón un sujeto bramaba: “¡Quiero un parchís magnético! ¡Quiero un parchís magnéticoooo!”, mientras otro comía entradas de cierta discoteca muy popular en la costa mediterránea.
Y allí estaba ella. Tal como sólo sucede en los sueños, se me acercó envuelta en luciérnagas y mariposas y dijo: “¿Follamos?”. A lo que yo respondí: “Eh… bueno”.
Allí mismo, en el suelo, se tumbó y me hizo señas para iniciar el ayuntamiento carnal. Obré en consecuencia mientras los Mao Tse Tungs y los sacerdotes alucinógenos bailaban al ritmo de la orquesta de cerdos, que en ese instante acometía un fox trot bajo la batuta de Spiderman en albornoz.
Pero cuál no sería mi horror al comprobar que a la chica le habían salido ruedas en la espalda y que, a cada empellón mío, su cuerpo se deslizaba pasillo abajo. Pero yo, claro, para una vez que ligaba en mi amarga vida, no iba a desperdiciar la ocasión. Así que seguí dándole caña a la cadera. El problema es que la mujer-monopatín rodó hasta las escaleras y por ellas nos precipitamos dramáticamente. Lo último que recuerdo antes de despertar es una voz que bramaba: “¡Quiero un parchís magnéticoooo!”
Y ese fue, lo juro, mi primer sueño erótico. Sólo añadiré, amigos, que los mejores sueños eróticos son aquellos que se tienen despierto.