Dejo aquí una muela de la bestia a ver si hiere. Por cierto que veo que
Alarido de Dios ya está a la venta en
Cyberdark.net como adelanto. Más en concreto
aquí.
Lo sabía, diplomático. Sabía que harías música con mi cuerpo. Cierro los ojos. Adivino tu lengua silenciosa trazando círculos en mis pezones. Adivino la suavidad intensa con que besas, succionas, muerdes mis tetas.
Intenso, diplomático. Eres intenso. Me desnudo de cintura para arriba. Sólo para ti. Quiero que me veas bien. Quiero que sepas lo que tienes entre manos. Quiero que me toques a placer. Así, diplomático. Así. En realidad sólo quiero que me abraces y que me envuelvas. Que me dejes perderme por un momento. Liberarme. Cerrar los ojos y volar a tu ritmo.
Besas y tocas como hablas. Bien, despacio. Me enloquece la codicia enamorada que brilla en tus ojos. Bien, despacio. Yo también te codicio. Pero ahora bésame y abrázame. Hay tiempo. Tenemos tiempo. El infinito está de nuestra parte, mientras nadie demuestre lo contrario.
Con qué hambre besas mis pezones y mis tatuajes. Deja. Ahora quiero que seas tú quien se vuelva loco. Quítate esto. Eres delgado, pero tienes músculos duros. Me gustas. Me gustas porque hablas y escuchas. Me gusta descubrir que tus manos son tan comunicativas como tus palabras.
Me tienes loca, diplomático. Nunca imaginé que pudiera existir alguien como tú. Nunca imaginé que pudiera existir un momento como este. Y tu voz. Ah, diplomático, tu voz. Háblame al oído. Háblame mucho y no pares. Dime lo primero que se te pase por la cabeza. Te juro que me humedezco por abajo si me hablas. Te juro que me muero por… oh, deja que te la toque. No te rías. No quiero verla. No todavía. Sólo agarrarla. Qué dura está. También tú me tocas ahí. Sonríes al empaparte los dedos en mí.
¿Piensas ahora en tu mujer? ¿Te hace ella esto que voy a hacerte yo?
Pongo tu sexo en mi boca. Tu sexo en mi boca. Disfruta el instante, diplomático. Disfruta de tu sexo en mi boca. ¿Quién sabe si seguiremos vivos para repetir? Oh, no te precipites. Relájate. Tócame. Todo lo mío es tuyo. Te regalo mi desnudez y mi calor. Vamos. Entra. Entra. Te espero. Mi bisectriz te espera.
Oh, ponte el condón. Sí. Entra, entra. Sabía que lo harías despacio. Qué pasote. Qué deslumbramiento. Qué enchufazo tener tanta carne dentro de mí. Una carne tan dulce. Una carne tan intensa. No te muevas. Quédate quieto. Goza el instante. Abrázame. Eso es. Deja que te rodee con mis piernas. Te gusta mirar mis piernas blancas, ¿verdad? Cuánto tiempo llevas imaginándolas. Y ahora mira. Abiertas para ti. Sólo para ti. Oh, te quiero, diplomático. Tu mano en mi cadera. Mi pie apoyado en tu rodilla flexionada. Así, amigo, así. Así quiero que me lo hagas. Te mueves despacio y con tiento. Me penetras por abajo y me penetras por los ojos. Qué sensación tan rara. ¿Qué quieres decirme sin hablar? Me obligas a mirarte. Tu mano en mi cadera. Oh, qué dulce esclavitud. Qué dulce diálogo. Qué dulce, tranquilo balanceo.
En la vida de a pie pareces irresoluto y luego eres terco y decidido. Lo mismo haces en la cama. Tu mano en mi cadera. Mi pie apoyado en tu rodilla flexionada.
Sí, oh, sí. No me dejes todavía. Esto es demasiado hermoso. No me sueltes. Déjame cerrar los ojos. Déjame volar. Oh, sí. Sí. Qué bueno. Qué cosa. Qué delicia.
Oh, no, no, no. ¡Te corriste, cabrón!