Descubrí la obra de Carles Gomila (Menorca, 1978) en una galería junto al mercado de Spitalfield (justo al lado de la iglesia que tanto obsesiona a Allan Moore en
From Hell). Enseguida uno se queda cautivado por el misterioso poder de sugestión, por la densa belleza de sus creaciones. Un puzzle infinito de influencias se mezcla en sus superficies. Parece que estamos ante un viajero del tiempo y del espacio en cuya mano se estrechan el art nouveau, Ingres, los restos de un templo clásico, una ola que muere en una playa mediterránea y el pop, si me lo permite. El resultado es una pintura perturbadora en lo claro y en lo oscuro, que te toca extremos opuestos en el entendimiento. Hay una búsqueda de la belleza por caminos extraños y comestibles. Y esa certeza mil veces sentida de que para inventar lo nuevo hay que bucear en lo más profundo del pasado.
No hace falta decir que se aconseja una visita a
su web. También se encuentra su obra en
este enlace de flickr.
¡A gosar!







10 comentarios:
Me gusta la antepenúltima.
Yo veo algunas como a una mezcla de Klimt con Boticelli. Algo de profano y de sagrado a la vez.
Un trabajo de gran calidad que transmite e inquieta de una manera especial.
Si tengo que elegir, me quedo la primera pero me parecen todas muy buenas.
El primero es puro Magritte.
Saludos.
¿Hay que elegir? Son todas fantásticas!
Tiene un aire misterioso y algo oscuro que seduce. Son preciosas, la primera me gusta especialmente.
Si hubiera que elegir, la que más me mueve es la primera. Es como si el cuadro me hiciera una pregunta.
Coincido en que esa mezcla de beatitud y vicio, sensualidad y peligro, es lo que hace sus mujeres tan especiales.
Qué curioso que todos sintamos o intuyamos ese duelo de extremos.
Pilar Alt Empordà
M'agrada
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