Nunca imaginé que un diálogo pudiera desembocar en una carrera de 400 páginas. Alarido de Dios, para más señas. Se me ocurrió un día tonto, mientras esperaba a los escritores David Mateo y Alfredo Álamo en la puerta de un bar. Lo que me vino a la cabeza fue un intercambio de frases que anoté en mi libreta. Dos voces sin rostro que discutían. Poco a poco, sin darme cuenta, el diálogo se amplió y los interlocutores tuvieron cara. Luego nombre. Luego apareció un mundo. Uno en el que hubo dragones y elfos y enanos y un mago que por serlo fue Dios. Pero ya no existían. De ese mundo fantástico sólo sobrevivían ruinas al borde de los caminos. Ahora quedaban hombres y Demonios que luchaban a treinta bajo cero en una guerra interminable de siglos y siglos.
Construí a Vervoék y Dedekáer apelando a viejos y nuevos recuerdos. A viejas y nuevas ideas. En el primero puse mi cinismo y mi rabia (también mi humor más negro). En el segundo mi fe en las personas y, aunque os raye, mi convencido europeísmo.
Y construí su universo robándole el alma, la piedra y las vidrieras al mundo flamenco que conocí en Bruselas, Gante, Brujas, Lovaina, Amberes. Amanda Casas Torres hizo posible la ciudad de Serge en mis visitas a Tarragona. Y para el mundo de los Antiguos conté con la Andalucía mágica que me desveló José María Oliver, querido amigo dotado con el don milenario de contar y al que le debo más de un cuento.
Invertí un verano entero en dotar de matices y vida a los seres que viajan, luchan y matan por esta historia; y coleccionando las frases más ofensivas, abyectas y malsonantes del español para ponerlas en sus bocas. Ya veréis cómo os reís. Y sólo en septiembre, cuando sentí completa aquella masa enorme de esquemas y anotaciones, comenzó la aventura. Una cuya primera página escribí en Alfafar y a la que puse punto final en Milán. Durante el proceso, todo lo que en Los navegantes había sido salvaje improvisación y p’adelante aquí se convirtió en arquitectura y paciencia. Pero sólo relativamente. No fueran a decirme que he madurado.
Pero la novela se convirtió en lo que es la noche en que Salva Montesinos y yo regresamos de Bérgamo con su curradísimo informe de lectura (tan grueso que tuvo que encuadernarlo) y con el manuscrito cubierto de rotulador rojo. Cenando espaguetis con atún y tomate, y cerveza Moretti, repasamos página a página las flaquezas del monstruo, que no eran pocas dada la mezcla de voces y tiempos verbales que había armado, buscando a la vez un ritmo sin respiros, con capítulos a veces de un solo párrafo. En Alarido de Dios hay, creo, siete u ocho narradores, y eso era duro de conjugar. También los cuentos-analepsis que de regalo he dejado al final del libro.
Tomé sin darme cuenta el mismo punto de partida que en Los navegantes: dos mundos enemistados. En pocas palabras lo que vemos cada día en el periódico y, si prestamos atención, en la calle. Pero de ahí me fui por otros caminos. Caminos montañosos y helados, sin ley, que espero que muchos quieran recorrer conmigo pese a los peligros.
¿Qué más puedo decir? Que me gusta ver la novela como un puñetazo certero. Como un grito breve. Como una cuchillada o un navajazo. Prieta y rápida. Peligrosa. Sin excesos ni derivaciones. Natural, real, cierta, posible... pero al final siempre fantástica.
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13 comentarios:
Pues tal como lo cuentas se me hacen los dientes largos,parece un libro curradísimo y al mismo tiempo divertido. A ver cuando llega por aquí y me lo pillo.
Me tenías desde el "hola", tonto...
PD: ¿De qué peli es esta frase? A veces uno sabe cosas que no sabe cómo las sabe.
-Buenas, Juanjo. Muchas gracias. Muchos de los que andamos por aquí, tú incluido, sabemos por experiencia que meterse en una novela es un curre, pero también una aventura a veces tan intensa como la que estás escribiendo. Pronto, pronto.
-Gracias por el piropo, Claudio. No sé de qué película es la frase, al igual que tampoco sé por qué uno de los términos de búsqueda que más gente trae al blog desde google es "gafas de mirar tetas". ¿Alguien lo entiende?
Tengo muchas, muchas ganas de prestarle oido a ese alarido.
"Cállate, cállate, me tenías con el hola, ya me tenías con el hola". Dorothy (Renée Zellweger)a Jerry Maguire (Tom Cruise).
Gafas de mirar tetas... je, je, je. ¡Qué pardillo eres, Vilar!
Es muy fácil de entender. De hecho eso era lo que estaba buscando la primera vez que entré.
Me gusta eso de que la novela es como una cuchillada. Ahora comprendo muchas cosas :)
Sociópata.
Ya sabía yo que ir a tomar una cervecita al final serviría para algo.
-Buenas, Joe. Buena memoria, tú. Aunque tal vez lo difícil no es seducir, sino retener. En cuanto a las gafas... no diré nada sobre tu foto.
-Bueno, Sociópata. Creo que en la novela se dan un par de cuchilladas. ¿Entraste aquí en busca de gafas para mirar tetas? Pues me imagino que serían las tuyas propias, lo que me convierte en la segunda persona más inmoral de este blog.
-Hola, Alfredo. Tengo la teoría de que la cerveza es buena para el metabolismo porque desintegra las grasas del estómago. He dicho.
No, hombre. No necesito gafas pa verme las mias. En eso tengo barra libre. Además, jamás querría quitarte el puesto de persona más inmoral de este tugurio.
Las gafas eran para un colega al que le gusta travestirse y que mira las tetas con envidia porque él no rellena tan bien los sujetadores. Mira que insultarme cuando estaba siendo güena persona.
Sociópata.
PD: ¿No estábamos hablando de Alarido de Dios?
Hola a todos, espero que con entradas como esta se venda como los churros tu libro.
Y retomando una discusión de rescepto (http://rescepto.wordpress.com/2009/05/21/el-libro-electronico-la-precuela/) las librerías online son el futuro, así que David se va a forrar con la publicidad que le haces.
Me congratulo públicamente por los buenos "lectores"/conseguidores qye tenemos en la editorial. Sin su recomendación hoy no estaríamos hablando aquí.
¿Y por los malos "lectores"/conseguidores no te congratulas, Jorge? Vaya, y yo que conozco a alguno de esos...
Sociópata.
Ya hay ganas de darle un buen trago a esta novela mitad orujo, mitad trinaranjus. Que cada uno otorgue la cuchillada y la naturalidad al ingrediente que prefiera.
-Un día te supliqué que nunca escribieras una novela, Sociópata. Pero leída la historia de tu amigo, me desdigo. Tremendo.
-Estoy contigo en el rollo 'on line', Jorge. Aunque no creo en la desaparición del papel. Te lo dice uno que se va a Londres con una caja llena de vinilos.
También yo le tengo gran gratitud a los "lectores"/conseguidores de Sirius (a los buenos y a los malos). Nunca diré suficientes veces que estoy loco porque la gente lea esta historia. Y, como tú dices, sin su recomendación hoy no estaríamos hablando aquí.
Contigo estoy, Enric. Una vez has terminado de escribir algo, ya no te pertenece a ti sino a quien lo lee. Y el autor poco o nada tiene que decir (a no ser que, como yo, opte por promocionarse desde la más baja inmoralidad y corrupción ética).
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