domingo 11 de enero de 2009

El día en que me jodieron ‘La montaña mágica’

El otro día conté esta anécdota en una tertulia con amigos, pizza y vino y me tildaron de perro inhumano y antisocial.
Hace años estaba yo leyendo La montaña mágica. Después de casi mil páginas, llegué al final de la novela una mañana en la estación, mientras esperaba el tren. Tras dos intensos meses de lectura, estaba en las últimas líneas, que encima son las que dan sentido absoluto a la historia. Estaba, digo, sobrecogido, anonadado por aquellos últimos párrafos culminantes cuando, de repente siento una mano gélida y afilada en mi hombro. Me vuelvo y es una tía de mi pueblo con la que apenas he hablado en mi vida, que no sé quién es, qué hace ni cómo caga. Arduamente recuerdo su nombre y además diré que tampoco me interesa.
Pese a que cuando se cruza conmigo por el pueblo jamás, bajo ningún concepto, me saluda, esa mañana, porque le ha salido del pirri, le da por ponérseme a hablar de su vida que no me importa ni lo más mínimo y que me aburre de manera sobrecogedora.
Educadamente sobrellevo su alocución demencial sobre cotilleos del pueblo que implican a personas que no sé ni quiénes son y que me da igual lo que hagan con sus existencias. Aquel ser me impone su perorata abyecta igual que un dictador impone el terror a un pueblo. Es decir que cerré el libro, me callé y me jodí.
Tengo un amigo, un señor de 67 años, que lo ha vivido todo y que no le aguanta las tonterías a nadie. Cada vez que alguien le habla en los trenes le dice: “No quiero hablar con usted. Déjeme en paz”. Y cuando el espontáneo responde indignado: “Oiga, que yo no he sido maleducado”, mi amigo lo tumba: “Yo no digo que sea usted maleducado. Lo que le digo es que no me hable. Que no me interesa usted para nada”.
Así me lo contó el otro día y yo no podía parar de reír.
A ver si ahora resulta que ser educado es tener que aguantar a cualquier jode-trayectos-de-tren que te cruzas por la vida como esta cotorra que me jodió gratuitamente el final de La montaña mágica porque le salió del buyuyu.
Y si esto es ser un antisocial pues yo lo soy y a tomar por culo.

Una posdata:
Gabriel Guerrero Gómez, autor de la epopeya Sillmarem (Equipo Sirius), se ha unido al clan de los blogosos. Desde ya se puede disfrutar de sus movidas interespaciales en Sillmarem, un blog muy visual que nace con mucha energía. Si os va la ciencia ficción de la buena o las aventuras en general seguro que os mola.

16 comentarios:

S.C. dijo...

Por lo menos estaría buena, ¿no?

J.E. Alamo dijo...

De entrometidas/os así tengo varias experiencias. Lo único bueno que he sacado de ellos ha sido datos para perfilar algunos personajes de mis escritos y no resultan de los más agradables. Je, je.

Anónimo dijo...

Lo que pasa es que tienes cara de güena persona y por eso te pasan esas cosas. Ser antisocial es algo que se cultiva, y la cara ayuda bastante (la de asesino en serie, me refiero). A mí, en el insti, me llamaban "Señorita Corleone" y no veas lo mucho que eso me sirvió para que me dejaran en paz los pesaos de la vida.

Sociópata.

MARIKO dijo...

¿Perro inhumano y antisocial? !Te jodió el final de "La Montaña Mágica"!. Hay para mandarla a la mierda...

PD: ¿Tienes algún cuento más -como el del otro día- publicado por ahí?

Salva dijo...

Debo ser un lector inhumano y antisocial, porque a mí 'La montaña mágica' se me hizo un ladrillo del que sólo rescataría los combates dialectales entre Settembrini y Napta.

Bruseleiro dijo...

Jajaja.
Se nota que eres d'Alfafar. :) Hay que aprender a salvar esas situaciones con humor inglés:
comentarios afilados que denoten que tú no quieres hablar con ella y que ella debería cerrar el pico.
Montaña mágica...ahí la tengo a mitad... a ver cuándo me atrevo a retomarla.

noe dijo...

Cascarrabias..... jejejej.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

-Buenas, S.C. Pues no lo estaba. Aunque la belleza no exime de la pesadez. Hay tantos ejemplos... Yo mismo, pese a mi belleza, puedo llegar a ser muy pesado.
-Oye, Joe. Pues me las tienes que contar que ando necesitado de malvados para una historia y tal vez tus pesados me inspiren.
-Pues señorita Corleone, esta cara de bueno que mentas es muy útil también. Por ejemplo, en un pueblo de Serbia me libró de una paliza.
-Hola, Mariko. Pues no lo hice. En este enlace (www.vilarbou.com/cuentos.html) hay varios cuentos míos que fueron publicados en antologías, revistas y diarios. Cuidado que muerden!
-La verdad es que Settembrini es un personaje bastante entrañable para ser italiano. Diría que es la novela más perfecta que se ha escrito, pero también es cierto que tanta perfección no se disfruta. Ese es el problema que tiene, me parece. Pero debería ser el manual de todo novelista.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

-Ay, Andreu. ¿Pero tú crees que cierto tipo de personas se paran en las sutilezas del humor? No serviría de nada.
Oye, pues retoma el libro, que es muy bueno. Lo que pasa es que exige muchísimo esfuerzo por parte del lector. Es decir que no está hecho para nada a la medida la generación del click.
-Claro que sí, Noe. Tengo un lado cascarrabias. Me gusta mi lado cascarrabias. Gracias a él me río muchísimo en cuanto me junto con nuevos cascarrabias.

VERONICA LEONETTI dijo...

Muchas gracias José Miguel por que hoy me has hecho reír a carcajadas y me hacía falta.
Mi abuelo era igual que ese señor y era un hombre muy sabio y respetado por todos.
A tus amigos tertulianos me parece que la pizza les cayó mal.

Salva dijo...

No sé qué decirte, José Miguel. Me leí 'La montaña mágica' cuando Internet aún balbuceaba. Quizá me hice demasiadas expectativas.

Andreu, si la chica también era de Alfafar, ese humor inglés no funcionaría...

José Miguel Vilar-Bou dijo...

-Hola, Verónica. Los sabios hablan claro y por eso se les respeta. Al igual que tu abuelo, mi amigo lo es. Me alegro de que te hayas reído, que la risa es la mejor experiencia que tiene la vida.
-Hombre, Salva. A lo mejor lo que pasó es que la leíste siendo demasiado jovencillo, ¿no? Espero que algún día le des otra oportunidad. Eso sí, yo lo hice con el Banco Santander y todavía me estoy arrepintiendo.

J.E. Alamo dijo...

Métete en su cabeza, mira el mundo a través de sus ojos, piensa como crees que ella ( o él) piensa. Murmura frases sobre la opinión que te merecen los demás. Recuerda que probablemente todo lo que te parece bien, le parezca mal.
Lo conseguirás a base de observar a esta gente, más su lenguaje corporal que lo que dicen. El primero jamás miente, el segundo, sí, constantemente. Luego, cuando ya seas ella, siéntate y escribe.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Ah,el lenguaje de los gestos. Todo el mundo debería leer uno de esos libros sobre el tema, aprenderíamos mucho sobre los demás. Sobre lo que dicen sin querer decirlo. Y algo parecido sucede con la mirada.
Gracias por la lección magistral, Joe. Se nota que eres un veterano de la tecla y del campo de batalla.

J.E. Alamo dijo...

¿Veterano de la tecla? ¡Quiá! De lo bares que son las junglas humanas más interesantes que conozco.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

¿Y hay escuela mejor que esa?
Ya sé entonces por qué los bares que aparecen en 'El enviado' (Grupo AJEC) son tan vivos y verosímiles...
Pocos escritores saben sacar el lado fantástico de un bar de barrio con tragaperras y tal.