Me parece que hay dos tipos de novelas:
Las hay que te absorben y que te impulsan a leerlas con la ferocidad de quien vive una pasión (una pasión no es ninguna bicoca, dijo Javier Cuervo). Sucede cuando te acercas a El conde de Montecristo, de Alexander Dumas. O a El jugador, de Dostoievsky. O a La fiesta del Chivo, de Vargas Llosa. O a La mano izquierda de la oscuridad de K. Leguin. O a Sed de Champán de Montero Glez.
Pero luego hay otras que tienen una cualidad aún más maravillosa. Son las novelas del camino. Las lees sin aceleración. Sin ansia. No te enganchan como si fueran El código de da Vinci. No te vician como Los pilares de la tierra. Simplemente navegas por ellas como un barco de vela que ama la corriente que lo arrastra y cree en ella. Toda novela tiene alma. Estos libros de los que hablo tienen incluso respiración y voluntad. Te acompañan por la carretera. Van contigo y viven al mismo ritmo que tú. Sin prisas ni obsesiones. Como un amor al que se puede sobrevivir.
Me pasó por última vez en Milán con Un altro giro di giostra, de Tiziano Terzani. Me da igual que me llamen chulo si digo que, sólo por descubrir a Terzani, ha merecido la pena aprender italiano. Estuvo a mi lado más de dos meses. Avanzando sin ansias. Un día dos páginas, otro diez. Vivió conmigo. Nos subimos juntos a trenes y tranvías. Y pasamos horas en andenes, plazas, oficinas y algún aeropuerto. Y cuando lo terminé me sentí miserable por quedarme sin la gran humanidad de Terzani. Es exactamente la misma sensación de pérdida que cuando abandonas una vida y una ciudad, y te despides de ese amigo con el que bebiste mil noches y reíste y soñaste mil veces. Y lamentas perder su conversación, sus ideas, su energía.
Eso pasó cuando me despedí de Un altro giro di giostra.
También me acompañó en el camino La montaña del alma, de Gao Xingjan. Creo que tres meses estuve viajando con él por los Balcanes mientras el autor-protagonista lo hacía por la China de la Revolución Cultural. Sus amarguras de escritor y de humano eran las mías y muchas heridas e incertidumbres me las curaron sus páginas.
Indescriptible fue llegar a París en tren desde Bruselas a la vez que lo hacía en diligencia Julien Sorel, el prota de Rojo y negro, el libro que estaba leyendo en ese momento. Ni tampoco puedo olvidar la formidable tormenta que se formó sobre Vukovar mientras leía en el bus Moby Dick, en cuyas páginas la tempestad casi se lleva el Pequod.
Son libros que te hacen crecer, que son más sabios que tú y que te hablan, como sucede con La montaña mágica. No te apresuras en llegar al final porque los vives como si fueran vida. Y ¿quién quiere llegar al final de su vida?
Precisamente ando ahora terminando Un indovino mi disse, de Tiziano Terzani. Y de nuevo siento pánico ante la perspectiva de alejarme de este periodista humano y solar junto a quien todo parece más claro.
Es grande saber que detrás de un libro siempre viene otro. En este caso Sol de misterio (Equipo Sirius), de José Miguel Cuesta y José Rubio.
¡Salud! (Y felicísimo 2009)
miércoles, 31 de diciembre de 2008
lunes, 29 de diciembre de 2008
el mal
En COU nos dio clase de Historia una profesora anciana que se enemistó con la dirección y que, tras una larga lucha, fue despedida. Esta mujer movilizó a sus alumnos, yo entre ellos, con alegatos en clase y mandando emotivas cartas a nuestros padres a través de nosotros. Era algo romántico eso de defender a la indefensa profesora. Podría ser la abuela de cualquiera de nosotros, así que nos pusimos de su parte. Ella lo recompensó con emocionantes discursos y notas altas. Lo que no sabíamos es que, mientras movía a sus estudiantes a defenderla frente a la dirección, adulteraba las clases introduciendo datos falsos y enseñándonos hechos históricos que jamás existieron. Su objetivo era que nuestros resultados académicos fueran desastrosos en el Selectivo para así perjudicar, a nuestra costa, la reputación del colegio. Empecé a sospecharlo cuando dijo que Edgar Poe y Lord Byron fueron autores de la generación perdida que irrumpió en EE UU tras la crisis del 29. Al acabar la clase me acerqué a su mesa y le hice ver la tremenda falsedad que nos había colado. Y no era la primera ni la segunda. Ella me respondió que yo no había atendido bien. Que era un chico muy despistado y que eso la preocupaba mucho. Que en realidad lo que había dicho era que Poe y Byron influyeron a la generación perdida. En los apuntes de mis compañeros no decía nada de eso.
Hubo más mentiras. Para vengarse del colegio, trató de arruinar nuestra educación con más datos falsos. Y a la vez nos arengaba para que nos movilizásemos por su noble causa. Y nosotros lo hicimos.
Una posdata:
Por cierto que la insuperable web ciberanika ha incluido Los navegantes entre sus recomendaciones navideñas. Ha salido también en el blog Las leyes del contorsionismo una interesante reseña de la revistas Historias Asombrosas - especial Sitges en la que participo con el cuento El hombre borrado.
¡Salud!
Hubo más mentiras. Para vengarse del colegio, trató de arruinar nuestra educación con más datos falsos. Y a la vez nos arengaba para que nos movilizásemos por su noble causa. Y nosotros lo hicimos.
Una posdata:
Por cierto que la insuperable web ciberanika ha incluido Los navegantes entre sus recomendaciones navideñas. Ha salido también en el blog Las leyes del contorsionismo una interesante reseña de la revistas Historias Asombrosas - especial Sitges en la que participo con el cuento El hombre borrado.
¡Salud!
viernes, 26 de diciembre de 2008
el nuevo libro
José Antonio Millán, a quien definieron como “un activista del libro”, abrió el Fòrum Digital del Llibre Valencià que organizó l’Associació d’Editors del País Valencia en San Miguel de los Reyes.
El experto, cuyo blog El futuro del libro es un referente inesquivable, centró su conferencia en la transformación que va a vivir el papel. De entrada, afirmó que, al revés que el analógico, el libro digital está en constante construcción. Jamás se termina. Explicó el cambio con una sencilla metáfora: “El negocio editorial es como vender vino. Ahora, con el e-book, las botellas se rellenan. Y esas botellas son los dispositivos de lectura”.
Según Millán, en España no hay más de 1.500 propietarios de tales dispositivos, pero el precio pronto bajará y la cifra se incrementará muy notablemente.
Una de las ventajas que atribuyó al e-book es que las editoriales podrán rescatar de manera muy económica sus fondos descatalogados. Pero señaló también que lo digital no es perdurable: “Dentro de cinco años nadie podrá leer un CD Rom”.
No considera tampoco que se avecine una revolución lectora: “Lo digital no está creando nuevos lectores”. Y señaló datos curiosos como el hecho de que el 95% de los compradores de dispositivos de lectura son varones pese a que las mujeres leen más que los hombres.
Pese a los vertiginosos datos que se mueven en torno al asunto, Millán dijo a modo de conclusión que “no sabemos qué va a pasar”.
Carlos San José, encargado de digitalizar los fondos de Anaya, se posicionó de manera similar a la de José Antonio Millán y no lanzó pronósticos cerrados, pero sí dijo que el libro digital va a dar vida a muchas obras que de otro modo morirían. Abogó por el lenguaje xml “que es el que las grandes editoriales están utilizando para la digitalización” y anunció que para el año próximo éstas ya prevén publicar sus primeros e-books.
El experto, cuyo blog El futuro del libro es un referente inesquivable, centró su conferencia en la transformación que va a vivir el papel. De entrada, afirmó que, al revés que el analógico, el libro digital está en constante construcción. Jamás se termina. Explicó el cambio con una sencilla metáfora: “El negocio editorial es como vender vino. Ahora, con el e-book, las botellas se rellenan. Y esas botellas son los dispositivos de lectura”.
Según Millán, en España no hay más de 1.500 propietarios de tales dispositivos, pero el precio pronto bajará y la cifra se incrementará muy notablemente.
Una de las ventajas que atribuyó al e-book es que las editoriales podrán rescatar de manera muy económica sus fondos descatalogados. Pero señaló también que lo digital no es perdurable: “Dentro de cinco años nadie podrá leer un CD Rom”.
No considera tampoco que se avecine una revolución lectora: “Lo digital no está creando nuevos lectores”. Y señaló datos curiosos como el hecho de que el 95% de los compradores de dispositivos de lectura son varones pese a que las mujeres leen más que los hombres.
Pese a los vertiginosos datos que se mueven en torno al asunto, Millán dijo a modo de conclusión que “no sabemos qué va a pasar”.
Carlos San José, encargado de digitalizar los fondos de Anaya, se posicionó de manera similar a la de José Antonio Millán y no lanzó pronósticos cerrados, pero sí dijo que el libro digital va a dar vida a muchas obras que de otro modo morirían. Abogó por el lenguaje xml “que es el que las grandes editoriales están utilizando para la digitalización” y anunció que para el año próximo éstas ya prevén publicar sus primeros e-books.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
el nuevo escritor
La irrupción del libro digital va a modificar las rutinas del escritor. Un oficio que ha permanecido inalterable durante siglos se ve sometido ahora a cambios forzados por las nuevas tecnologías, que a la vez abren nuevas oportunidades.
Javier Celaya, del Grupo Dosdoce de Comunicación Cultural, explicó en el Fòrum Digital del Llibre Valencià que organizó l’Associació d’Editors del País Valencia que para las editoriales va a ser cada vez más importante la influencia que tenga un autor en Internet. El blog es ya una herramienta clave y obligada. Pero también ayudan a la difusión de las obras las reseñas y la participación en foros. De hecho son muchas las editoriales que mandan sus libros a bloggers influyentes para que los reseñen. Javier Celaya puso a Laura Gallego como ejemplo de autora de éxito que participa activamente en foros y anima el debate sobre sus novelas: “Ella tiene éxito esté en Planeta o en Alfaguara. Es su nombre lo que tira. Y le debe mucho a Internet”.
Celaya recomienda a los escritores que antes de firmar con una editorial investiguen si ésta tiene un plan de marketing en la Red, porque éste será clave para la posterior difusión del libro.
Según el especialista en comunicación, el trabajo de los autores se multiplica. Ya no basta con escribir. El profesional debe asegurar su presencia en wikipedia y en las principales entradas de google. Sobre todo teniendo en cuenta que, según los estudios realizados, los usuarios sólo consultan los cuatro primeros resultados del buscador.
Y en lo tocante a los derechos, Celaya estima que, dado que en el mundo digital se abarata mucho el proceso de producción del libro, los beneficios terminarán por dividirse en 1/3 para el autor, 1/3 para la editorial y 1/3 para la distribución.
Ya nos resulta familiar el concepto de larga cola, según el cuál las editoriales sacarán muchos más títulos con beneficios menores. El abaratamiento de costes hace posible el fenómeno. Esta situación favorece a los autores desconocidos, que tendrán ahora más posibilidades de hacerse con un nicho y con un público propio.
Javier Celaya, del Grupo Dosdoce de Comunicación Cultural, explicó en el Fòrum Digital del Llibre Valencià que organizó l’Associació d’Editors del País Valencia que para las editoriales va a ser cada vez más importante la influencia que tenga un autor en Internet. El blog es ya una herramienta clave y obligada. Pero también ayudan a la difusión de las obras las reseñas y la participación en foros. De hecho son muchas las editoriales que mandan sus libros a bloggers influyentes para que los reseñen. Javier Celaya puso a Laura Gallego como ejemplo de autora de éxito que participa activamente en foros y anima el debate sobre sus novelas: “Ella tiene éxito esté en Planeta o en Alfaguara. Es su nombre lo que tira. Y le debe mucho a Internet”.
Celaya recomienda a los escritores que antes de firmar con una editorial investiguen si ésta tiene un plan de marketing en la Red, porque éste será clave para la posterior difusión del libro.
Según el especialista en comunicación, el trabajo de los autores se multiplica. Ya no basta con escribir. El profesional debe asegurar su presencia en wikipedia y en las principales entradas de google. Sobre todo teniendo en cuenta que, según los estudios realizados, los usuarios sólo consultan los cuatro primeros resultados del buscador.
Y en lo tocante a los derechos, Celaya estima que, dado que en el mundo digital se abarata mucho el proceso de producción del libro, los beneficios terminarán por dividirse en 1/3 para el autor, 1/3 para la editorial y 1/3 para la distribución.
Ya nos resulta familiar el concepto de larga cola, según el cuál las editoriales sacarán muchos más títulos con beneficios menores. El abaratamiento de costes hace posible el fenómeno. Esta situación favorece a los autores desconocidos, que tendrán ahora más posibilidades de hacerse con un nicho y con un público propio.
lunes, 22 de diciembre de 2008
el nuevo editor
L’Associació d’Editors del País Valencià organizó durante dos días en el monasterio de San Miguel de los Reyes el Fòrum Digital del Llibre Valencià. Todos los conferenciantes coincidieron en algo: inminentes cambios se avecinan en el próximo año en el mundo del libro. Cambios que van a suponer una revolución en la manera de escribir, de editar y de leer. Ya no podemos pensar en papel, ni en tiradas. Estamos abocados a un nuevo contexto lleno de oportunidades, pero también de incertidumbres.
A lo largo de esta semana El diablo me dijo recogerá lo más interesante de las jornadas:
Javier Celaya: “El e-book es la oportunidad de los pequeños editores”
Javier Celaya, del Grupo Dosdoce de Comunicación Cultural, se mostró claro: lo digital no supone la desaparición del papel. El impacto variará según géneros. Y se estima que a partir de 2025 el libro digital moverá más dinero que el analógico.
En la actualidad EE UU es el único país con datos económicos sobre el tema. Allí la venta de e-books no supera el 1% del total, pero en los tres últimos meses ésta se ha incrementado un 73%, mientras que la de libros de papel ha caído un 20%.
Son muchas las nuevas oportunidades que se abren para los editores. La principal es una bajada de costes de producción en pleno contexto de crisis. También, afirma Celaya, se prevé un nuevo auge del audiolibro, que en los países anglosajones goza de más implantación que en España.
Se avecinan también tiempos de intrusismo en el mercado editorial. Es lógico teniendo en cuenta que la tecnología del e-book es barata y accesible. Sin ir más lejos, Nintendo acaba de publicar 100 libros digitales para leer en consola. “Pero en realidad estamos ante grandes oportunidades para la pequeña editorial”, compensa Celaya. “Puesto que ahora éstas tienen posibilidades que el mercado analógico no les permitía”.
El regalo estrella de estas navidades en EE UU es el kindle de Amazon. Y para el próximo año ya se espera la salida de un nuevo modelo. Ni siquiera los fabricantes esperaban el éxito que este aparatito ha cosechado. En él se pueden almacenar centenares de libros que se están vendiendo a 9’99 dólares. Las previsiones no pueden ser más optimistas para Amazon, que prevé vender 4,5 millones de unidades en 2010.
En Europa es Sony quien parece estar adueñándose del mercado. El Sony Reader llegará a España en 2009. Javier Celaya vaticina que será el regalo estrella de las navidades 2010 “porque España suele reproducir los mismos procesos que EE UU con un año de retraso”.
Este panorama fuerza la necesidad de “establecer un modelo de negociación on line (precios, distribución, derechos, etc)”. En opinión de Celaya, “nadie va a desaparecer”. Si acaso, son las distribuidoras quienes lo tienen negro. El ponente aconseja a los editores que tomen un buen “posicionamiento web, puesto que, en la pantalla del ordenador, Planeta y una pequeña editorial están en igualdad de condiciones”. Y de ahí la necesidad de tener una buena presencia en Internet, ágil y sencilla de cara a usuarios y compradores. De hecho, “en EE UU muchas editoriales han desarrollado enormemente la venta a través de Internet. Y firmas como Nokia o Google venden libros”.
Por otra parte, Javier Celaya señala el auge de la autoedición que vivimos hoy. Algo lógico si tenemos en cuenta que estas “imprentas” ofrecen al autor el 80% de royalties frente al 10% de las editoriales corrientes.
Para el conferenciante, “Amazon es el editor del siglo XXI”: cuenta con una plataforma de recomendación de libros (que adapta a la red el “boca a oreja”), impresión de ejemplares bajo demanda, audiolibros, etc.
Teniendo en cuenta que el e-book cuesta dos tercios menos que un libro normal, Celaya estima que el precio de venta que se establecerá en España cuando se normalice el negocio es de siete u ocho euros por unidad, que es lo que viene a costar un libro de bolsillo.
Ciñéndose al aspecto técnico, Celaya presentó el sistema DRM (digital rights management), tecnología que impide la copia o el uso ilegítimo de los e-books. Además, animó a las editoriales a digitalizar sus contenidos sabiendo que “un libro digital no es un pdf”. Primará el lenguaje xml.
A lo largo de esta semana El diablo me dijo recogerá lo más interesante de las jornadas:
Javier Celaya: “El e-book es la oportunidad de los pequeños editores”
Javier Celaya, del Grupo Dosdoce de Comunicación Cultural, se mostró claro: lo digital no supone la desaparición del papel. El impacto variará según géneros. Y se estima que a partir de 2025 el libro digital moverá más dinero que el analógico.
En la actualidad EE UU es el único país con datos económicos sobre el tema. Allí la venta de e-books no supera el 1% del total, pero en los tres últimos meses ésta se ha incrementado un 73%, mientras que la de libros de papel ha caído un 20%.
Son muchas las nuevas oportunidades que se abren para los editores. La principal es una bajada de costes de producción en pleno contexto de crisis. También, afirma Celaya, se prevé un nuevo auge del audiolibro, que en los países anglosajones goza de más implantación que en España.
Se avecinan también tiempos de intrusismo en el mercado editorial. Es lógico teniendo en cuenta que la tecnología del e-book es barata y accesible. Sin ir más lejos, Nintendo acaba de publicar 100 libros digitales para leer en consola. “Pero en realidad estamos ante grandes oportunidades para la pequeña editorial”, compensa Celaya. “Puesto que ahora éstas tienen posibilidades que el mercado analógico no les permitía”.
El regalo estrella de estas navidades en EE UU es el kindle de Amazon. Y para el próximo año ya se espera la salida de un nuevo modelo. Ni siquiera los fabricantes esperaban el éxito que este aparatito ha cosechado. En él se pueden almacenar centenares de libros que se están vendiendo a 9’99 dólares. Las previsiones no pueden ser más optimistas para Amazon, que prevé vender 4,5 millones de unidades en 2010.
En Europa es Sony quien parece estar adueñándose del mercado. El Sony Reader llegará a España en 2009. Javier Celaya vaticina que será el regalo estrella de las navidades 2010 “porque España suele reproducir los mismos procesos que EE UU con un año de retraso”.
Este panorama fuerza la necesidad de “establecer un modelo de negociación on line (precios, distribución, derechos, etc)”. En opinión de Celaya, “nadie va a desaparecer”. Si acaso, son las distribuidoras quienes lo tienen negro. El ponente aconseja a los editores que tomen un buen “posicionamiento web, puesto que, en la pantalla del ordenador, Planeta y una pequeña editorial están en igualdad de condiciones”. Y de ahí la necesidad de tener una buena presencia en Internet, ágil y sencilla de cara a usuarios y compradores. De hecho, “en EE UU muchas editoriales han desarrollado enormemente la venta a través de Internet. Y firmas como Nokia o Google venden libros”.
Por otra parte, Javier Celaya señala el auge de la autoedición que vivimos hoy. Algo lógico si tenemos en cuenta que estas “imprentas” ofrecen al autor el 80% de royalties frente al 10% de las editoriales corrientes.
Para el conferenciante, “Amazon es el editor del siglo XXI”: cuenta con una plataforma de recomendación de libros (que adapta a la red el “boca a oreja”), impresión de ejemplares bajo demanda, audiolibros, etc.
Teniendo en cuenta que el e-book cuesta dos tercios menos que un libro normal, Celaya estima que el precio de venta que se establecerá en España cuando se normalice el negocio es de siete u ocho euros por unidad, que es lo que viene a costar un libro de bolsillo.
Ciñéndose al aspecto técnico, Celaya presentó el sistema DRM (digital rights management), tecnología que impide la copia o el uso ilegítimo de los e-books. Además, animó a las editoriales a digitalizar sus contenidos sabiendo que “un libro digital no es un pdf”. Primará el lenguaje xml.
viernes, 19 de diciembre de 2008
vals
Esta habitación necesitaba de ti. Necesitaba revitalizarse con el alimento de tu desnudez blanca; y con el favor que le haces al mundo cuando te ríes. Estas frases podrían ser frases de amor, porque tú has nutrido con savia las maderas resecas de este cuarto de las afueras. Hoy, tomado por un sol dorado y perezoso, mi trozo cuadrado de mundo parece más grande gracias a tu color. Reina de un reino de camas deshechas. Esta habitación ya nunca será la misma ahora que te ha tenido y que te ha contemplado estirada y blanca en el colchón. Fue tibio y dulce dormir sin dormir contigo, compartiendo el mismo aire que mis plantas y mis hormigas. Me gustó verte leyendo poemas de Neruda a la velocidad del olvido. Hoy esta es una habitación de agua, porque tus líquidos tiernos de seda nos han rejuvenecido a los dos. A la habitación y a mí. Es un placer inadjetivable pasar el tiempo dentro de ti. Tu cuerpo es un jovial amigo del Mediterráneo. De engranajes complejos. Con quien la vida se convierte en un compás de tres por cuatro.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
degeneración del género
Leyendo los titulares de la prensa, me siento ingenuo escribiendo sobre algo tan inocente (inocente hoy en día) como los libros. Pero bueno:
El otro día me pillé el catálogo de Navidad de una conocida librería. Me sorprendió descubrir que clasificaban las novedades por tres géneros principales: éxitos, género y literatura.
Cada una de las tres palabras resulta más estrambótica y da una idea de los niveles de confusión a los que estamos llegando. Ya de entrada a uno le choca la existencia de un género llamado éxitos. No se trata de libros que han tenido o tienen éxito, sino que, por su planteamiento y temática, se circunscriben en un supuesto género así bautizado. Hablo, ojo, de libros que acaban de salir al mercado con lo cual no han tenido tiempo de triunfar ni de fracasar. Pero qué seductora es la idea. ¿Qué autor se resistiría a escribir novelas de género éxito?
La segunda palabra elegida me rompe más los esquemas: género. O sea que hay libros que tienen género y otros que no. Esa sí que es buena. Desde Homero y quizás desde mucho antes todo aquello que se ha escrito tenía, por el simple hecho de ser, un género. Pero ahora resulta que ciertos libros son de género porque sí, porque a un licenciado en publicidad le ha dado por ahí, mientras que el resto de obras flotan en el tenebroso limbo de los sin nombre.
Y para el final he dejado el tercer género. El más delirante: literatura. Es decir que, según este catálogo, existe un tipo de literatura que podemos clasificar como literatura. No está mal. ¿Y el resto que es? ¿Mierda?
Los libros que se anuncian en este apartado son esos en los que no hay misterios ni persecuciones. O sea, los de pensar, habrá pensado el encargado de la campaña. Eduardo Mendoza es viejo y lleva bigote, así que nada: a la mazmorra del género literario que hemos bautizado como literatura.
Para que el despropósito llegue al level revolutions, el catálogo destierra a Haruki Murakami, Manuel Vicent, Ruiz Zafón o Dominique Lapierre de este glorioso apartado. ¿Qué pasa? ¿Es que ninguno de ellos escribe literatura? No creo que les hiciera mucha gracia descubrirlo, a sus años.
Algo va mal, muy mal, cuando ya dejamos en manos de la publicidad (la gran desautentificadora de las cosas) la crítica literaria. Algo definitivamente se hunde tanto dentro como fuera de nosotros si la tontería maneja la literatura (que un día fue su natural enemiga) con tanto desprecio y desatino.
Y para probar que no soy yo el único cascarrabias, dejo unas frases que Tiziano Terzani dejó escritas hace quince años:
“¿Y el arte, aquel atajo a la percepción de la grandeza? Él nos ayuda, a veces más que la gente, a comprender la esencia de las cosas. La música ya parece hecha para llegar a las orejas y no al corazón; la pintura es a menudo una ofensa contra los ojos; la literatura, también ella, está cada vez más dominada por las leyes del “mercado”. ¿Y quién lee hoy poesía? Hemos olvidado su valor exaltador. Y sin embargo una poesía puede encender en el pecho un calor fuerte como el del amor. Una poesía, mejor que todos los whiskies, mejor que el valium o el prozak, levanta el ánimo porque eleva el punto de vista desde el cual vemos el mundo”.
¡Salud!
El otro día me pillé el catálogo de Navidad de una conocida librería. Me sorprendió descubrir que clasificaban las novedades por tres géneros principales: éxitos, género y literatura.
Cada una de las tres palabras resulta más estrambótica y da una idea de los niveles de confusión a los que estamos llegando. Ya de entrada a uno le choca la existencia de un género llamado éxitos. No se trata de libros que han tenido o tienen éxito, sino que, por su planteamiento y temática, se circunscriben en un supuesto género así bautizado. Hablo, ojo, de libros que acaban de salir al mercado con lo cual no han tenido tiempo de triunfar ni de fracasar. Pero qué seductora es la idea. ¿Qué autor se resistiría a escribir novelas de género éxito?
La segunda palabra elegida me rompe más los esquemas: género. O sea que hay libros que tienen género y otros que no. Esa sí que es buena. Desde Homero y quizás desde mucho antes todo aquello que se ha escrito tenía, por el simple hecho de ser, un género. Pero ahora resulta que ciertos libros son de género porque sí, porque a un licenciado en publicidad le ha dado por ahí, mientras que el resto de obras flotan en el tenebroso limbo de los sin nombre.
Y para el final he dejado el tercer género. El más delirante: literatura. Es decir que, según este catálogo, existe un tipo de literatura que podemos clasificar como literatura. No está mal. ¿Y el resto que es? ¿Mierda?
Los libros que se anuncian en este apartado son esos en los que no hay misterios ni persecuciones. O sea, los de pensar, habrá pensado el encargado de la campaña. Eduardo Mendoza es viejo y lleva bigote, así que nada: a la mazmorra del género literario que hemos bautizado como literatura.
Para que el despropósito llegue al level revolutions, el catálogo destierra a Haruki Murakami, Manuel Vicent, Ruiz Zafón o Dominique Lapierre de este glorioso apartado. ¿Qué pasa? ¿Es que ninguno de ellos escribe literatura? No creo que les hiciera mucha gracia descubrirlo, a sus años.
Algo va mal, muy mal, cuando ya dejamos en manos de la publicidad (la gran desautentificadora de las cosas) la crítica literaria. Algo definitivamente se hunde tanto dentro como fuera de nosotros si la tontería maneja la literatura (que un día fue su natural enemiga) con tanto desprecio y desatino.
Y para probar que no soy yo el único cascarrabias, dejo unas frases que Tiziano Terzani dejó escritas hace quince años:
“¿Y el arte, aquel atajo a la percepción de la grandeza? Él nos ayuda, a veces más que la gente, a comprender la esencia de las cosas. La música ya parece hecha para llegar a las orejas y no al corazón; la pintura es a menudo una ofensa contra los ojos; la literatura, también ella, está cada vez más dominada por las leyes del “mercado”. ¿Y quién lee hoy poesía? Hemos olvidado su valor exaltador. Y sin embargo una poesía puede encender en el pecho un calor fuerte como el del amor. Una poesía, mejor que todos los whiskies, mejor que el valium o el prozak, levanta el ánimo porque eleva el punto de vista desde el cual vemos el mundo”.
¡Salud!
domingo, 14 de diciembre de 2008
los desheredados del mundo
Oh, sí. Anoche vi el verdadero rostro de la crisis. Era sábado. Estaba con unos amigos en una zona de bares mainstream de Valencia. Iba de despedida de soltero (a mi colega el que se casaba le disfrazamos de rey Baltasar). De repente me asaltó casi de rodillas un tío de unos 25 años. Iba bien vestido y bien peinado. Por eso me sorprendió que se pusiera a suplicarme pasta. El africano más desnutrido o el refugiado más hambriento no me hubieran mirado de manera tan compungida y conmovedora. Verdaderamente había un padecimiento milenario en sus ojos. Y coge y me dice con voz rota, conteniendo el llanto: “¡Por favor! ¡Dame algo! ¿No tendrás unos euros? (en plural, sí) ¡Es que nos hemos quedado sin gasolina y estamos atrapados aquí!” Señaló un coche reluciente, negro y enorme parado en mitad de la marea humana, ajena al tremendo drama de este infortunado. Era un BMW X3. Un todoterrenillo de nada que sólo cuesta 37.000 euros. Dentro iban dos chavalas superpijas que se pusieron también a llorar a mis amigos para que les dieran limosna. Incluso a Baltasar, que sí las obsequió con unos caramelos para consolarlas, pero que no las satisficieron.
“¡Por favor!”, me suplicaba desencajado el propietario de la máquina, este nuevo paria del mundo que va en BMW con dos rubias buenorras. Pobre diablo. Y a la vez que elevaba su noble queja al cielo, el desarrapado apretaba con los puños crispados su bufanda Burberry. Su voz era la voz de la injusticia. Su grito era el grito de los desheredados y los oprimidos. En su garganta sonaba la queja de todos los miserables que en el mundo han sido.
Como es lógico, me sentí un hijo de puta cuando le dije que nanay. Yo, que he trabajado en una ONG. ¿Tan egoísta me he vuelto que le niego unos euros (en plural, sí) al dueño de un BMW X3 con cinturón de Dolce & Gabbana?
Y eso me lleva a una conversación en la que participé hace poco. Estaba entre cuadrados (cierto tipo de personas y mentalidades) y se me ocurrió decir que no me frustra conducir un Seat en vez de un BMW. Se ve que declaré algo moralmente intolerable y aberrante que figurará junto a las máximas de Joseph Goebbels, Hitler, Stalin, Calígula y Herodes en los libros de la afrenta y la vergüenza humanas, porque a mi alrededor se hizo un silencio incómodo y tenso.
Y ayer, sábado por la noche, comprendí que los chavales del todoterreno no tienen para gasolina, pero seguro que no están frustrados. Porque saben dónde reside la felicidad en este valle de lágrimas: en tener el BMW X3, aunque sea parado en mitad de la calle y sin gasofa.
Una posdata:
Me he enterado de una nueva reseña de Los navegantes. La cursiva de nueva es porque tiene casi un año. Tuvieron la amabilidad de publicarla en Dreamers. Como siempre, resalto vilmente lo que más me conviene:
“Los navegantes es una excelente novela de fantasía a tener en cuenta y que, gracias a sus méritos, podría convertirse en una obra de culto entre los aficionados a la buena literatura”.
¡Salud!
“¡Por favor!”, me suplicaba desencajado el propietario de la máquina, este nuevo paria del mundo que va en BMW con dos rubias buenorras. Pobre diablo. Y a la vez que elevaba su noble queja al cielo, el desarrapado apretaba con los puños crispados su bufanda Burberry. Su voz era la voz de la injusticia. Su grito era el grito de los desheredados y los oprimidos. En su garganta sonaba la queja de todos los miserables que en el mundo han sido.
Como es lógico, me sentí un hijo de puta cuando le dije que nanay. Yo, que he trabajado en una ONG. ¿Tan egoísta me he vuelto que le niego unos euros (en plural, sí) al dueño de un BMW X3 con cinturón de Dolce & Gabbana?
Y eso me lleva a una conversación en la que participé hace poco. Estaba entre cuadrados (cierto tipo de personas y mentalidades) y se me ocurrió decir que no me frustra conducir un Seat en vez de un BMW. Se ve que declaré algo moralmente intolerable y aberrante que figurará junto a las máximas de Joseph Goebbels, Hitler, Stalin, Calígula y Herodes en los libros de la afrenta y la vergüenza humanas, porque a mi alrededor se hizo un silencio incómodo y tenso.
Y ayer, sábado por la noche, comprendí que los chavales del todoterreno no tienen para gasolina, pero seguro que no están frustrados. Porque saben dónde reside la felicidad en este valle de lágrimas: en tener el BMW X3, aunque sea parado en mitad de la calle y sin gasofa.
Una posdata:
Me he enterado de una nueva reseña de Los navegantes. La cursiva de nueva es porque tiene casi un año. Tuvieron la amabilidad de publicarla en Dreamers. Como siempre, resalto vilmente lo que más me conviene:
“Los navegantes es una excelente novela de fantasía a tener en cuenta y que, gracias a sus méritos, podría convertirse en una obra de culto entre los aficionados a la buena literatura”.
¡Salud!
viernes, 12 de diciembre de 2008
anabel zaragozí
Una vez le sugerí que firmase como Anabel Z porque ese nombre me suena a cuchillo ritual y ese es precisamente uno de los efectos que la obra de Anabel Zaragozí produce en quien se le acerca. Uno solo, porque sus criaturas, tanto las que son letra como las que son trazo, unen lo afilado y lo balsámico. Lo enloquecido y lo sabio. Hay algo milenario y antropófago en sus creaciones. Algo que viene de antes de ella. ¿Será el hieratismo de sus personajes desnudos y ardientes? En sus dibujos la carne habla y es tan carne como espíritu. Sus mundos están gobernados por una lógica irracionalidad. Por una sensación perpetua de peligro tierno. Hay en todo lo que hace un aparente descuido, pero la realidad es que nada queda al azar. Ninguna palabra es gratuita y las frases son puertas a recovecos del alma y del universo. Igual sucede con sus dibujos. Ni el tallo de una flor está donde está porque sí. Bajo la aparente sencillez y el desprecio medieval por la forma murmuran ciudades. A Después del orgasmo le dio una nueva identidad con su toque y su rotulador. Por sus dibujos siento que la novela ya no es tan mía. En su blog con generosidad nos regala su alma y los cibernautas se alimentan de ella.
Una posdata:
El blog Lo que hay que leer lleva hoy una interesante reseña sobre la novela Sillmarem, Torre por alfil (Equipo Sirius) de Gabriel Guerrero Gómez, un valiente autor que hace ciencia ficción como pocos se atreven en España. No habrá muchos libros como este por ahí. Con un par.






Una posdata:
El blog Lo que hay que leer lleva hoy una interesante reseña sobre la novela Sillmarem, Torre por alfil (Equipo Sirius) de Gabriel Guerrero Gómez, un valiente autor que hace ciencia ficción como pocos se atreven en España. No habrá muchos libros como este por ahí. Con un par.




miércoles, 10 de diciembre de 2008
fantasía
Hace poco me crucé en una librería con mi profesor de literatura de la universidad. Al reconocerme, me saludó amablemente y me preguntó por mi vida. Le resumí las vueltas que he dado por ahí en estos cinco años y le conté también que había publicado una novela. Esta noticia le gustó. Aprovechando que en esa tienda hay ejemplares de Los navegantes, le mostré uno. “¿Es fantasía?”, dijo al ver el estante de donde extraía el libro. Es un hombre extremadamente correcto y educado. Y por ello no dejó traslucir nada, pero inevitablemente en su pregunta había un miligramo de desinterés.
Situaciones como esta las he vivido a patadas en el último año y pico. Al saber que escribo, muchas personas me hacen preguntas por amabilidad o por curiosidad. Y siempre, cuando digo que mi primera novela es de género fantástico, el interés se desvanece en parte: existe el prejuicio de que la fantasía sólo sirve como fast food literario y que es incapaz de aspirar a más.
Ni lo lamento ni me quejo. Es divertido moverse en un terreno tan extraño y libre de barreras y normas. Sin embargo, es también muy difícil explicar que la fantasía que escribo no va de elfos, elegidos, ni reinos olvidados.
Por supuesto respeto esta visión clásica del género que muchos colegas cultivan con talento y pericia. Sólo digo que no es lo mío. Que no me va. Y no soy en absoluto el único.
¿Cómo me miraría la gente si dijese que Pedro Almodóvar fue una influencia directa a la hora de construir el mundo épico de Los navegantes? Pues es así.
Precisamente este profesor del que hablaba antes y algunos más fueron quienes nos descubrieron en clase a Thomas Mann, Kafka, Dumas, Tolstoi, Dostoievsky, Cortázar, Borges, García Márquez, Chandler, Homero, Proust, Melville, Unamuno, Boris Pasternak, Stendhal, Flaubert, Balzac. Y por ahí hemos encontrado a Woody Allen, a los hermanos Marx, a Billy Wilder y a otros tantos que abordan el cine desde la maestría del diálogo.
Por culpa de los prejuicios que existen contra el género, me resulta difícil hacer comprender en una conversación que la fantasía se escribe también desde todos estos nombres. Que puede conectar con lo que sucede en la calle y en el mundo. Que puede ser formalmente osada. Que puede abordar la violencia, el amor, la muerte, la risa, la decepción, el viaje, las dudas y los conflictos del alma con tanta fuerza y verdad como una obra realista.
Al menos en el plano de lo potencial.
Una posdata:
Interesante que Babelia, el suplemento literario de El País, dedicase este fin de semana un artículo a la vuelta de los monstruitos al circuito best seller. Una vez más el cine y sus adaptaciones están, en parte, detrás del tirón.
O eso, o es que Drácula siempre vuelve de la tumba.
Situaciones como esta las he vivido a patadas en el último año y pico. Al saber que escribo, muchas personas me hacen preguntas por amabilidad o por curiosidad. Y siempre, cuando digo que mi primera novela es de género fantástico, el interés se desvanece en parte: existe el prejuicio de que la fantasía sólo sirve como fast food literario y que es incapaz de aspirar a más.
Ni lo lamento ni me quejo. Es divertido moverse en un terreno tan extraño y libre de barreras y normas. Sin embargo, es también muy difícil explicar que la fantasía que escribo no va de elfos, elegidos, ni reinos olvidados.
Por supuesto respeto esta visión clásica del género que muchos colegas cultivan con talento y pericia. Sólo digo que no es lo mío. Que no me va. Y no soy en absoluto el único.
¿Cómo me miraría la gente si dijese que Pedro Almodóvar fue una influencia directa a la hora de construir el mundo épico de Los navegantes? Pues es así.
Precisamente este profesor del que hablaba antes y algunos más fueron quienes nos descubrieron en clase a Thomas Mann, Kafka, Dumas, Tolstoi, Dostoievsky, Cortázar, Borges, García Márquez, Chandler, Homero, Proust, Melville, Unamuno, Boris Pasternak, Stendhal, Flaubert, Balzac. Y por ahí hemos encontrado a Woody Allen, a los hermanos Marx, a Billy Wilder y a otros tantos que abordan el cine desde la maestría del diálogo.
Por culpa de los prejuicios que existen contra el género, me resulta difícil hacer comprender en una conversación que la fantasía se escribe también desde todos estos nombres. Que puede conectar con lo que sucede en la calle y en el mundo. Que puede ser formalmente osada. Que puede abordar la violencia, el amor, la muerte, la risa, la decepción, el viaje, las dudas y los conflictos del alma con tanta fuerza y verdad como una obra realista.
Al menos en el plano de lo potencial.
Una posdata:
Interesante que Babelia, el suplemento literario de El País, dedicase este fin de semana un artículo a la vuelta de los monstruitos al circuito best seller. Una vez más el cine y sus adaptaciones están, en parte, detrás del tirón.
O eso, o es que Drácula siempre vuelve de la tumba.
lunes, 8 de diciembre de 2008
por qué el secreto
Muy a menudo lectores, amigos e incluso familiares me reprochan el celo secretista en que encierro mis trabajos. De hecho la carpeta del ordenador donde guardo lo que escribo se llama “laboratorio secreto”. Nunca dejo a nadie cuentos ni novelas no publicadas. Y mucho menos cosas que considero sin terminar y por tanto imperfectas. Tampoco soy dado a hablar de aquello en lo que ando metido, ni de proyectos, ni de planes, ni de esperanzas. Apenas me he confiado a un corrector-consejero, única persona que lee mis movidas en pleno proceso de trabajo.
Sé que mi actitud es injusta y egoísta porque precisamente soy muy dado a leer las obras de mis colegas y a comentarlas con ellos.
No me malinterpretéis: no es que me crea tan guay o que mis novelas me parezcan tan increíbles que merezcan ser protegidas como unicornios. No es eso. Hay una razón para el secreto y parece ser que hoy voy a contarla:
Hace seis años conocí a una chavala tremenda. De esas que te revolucionan las entendederas. Entonces yo acababa de saltar al mercado del ligue, de modo que seducía con el mismo estilazo que ciertos saqueadores de tumbas. En mis primeros intentos de abordaje al género femenil fui tan convincente como un ataúd con bocina. Puede decirse que era el hombre más seductor del mundo después de Boris Karloff.
La cuestión es que aquella morenaza de cuerpo mediterráneo, ojos negrísimos y cabello rizado le hacía dar volteretas a mis sentidos. Le eché los tejos. Resultó estar en mi sintonía: era una de esas hippies pijas, le molaba escribir, leía mucho y encima era música. Incluso estaba en una ONG. Surgió lo que se dice una “conversación mágica”. Es decir, una de esas que acaban en la cama.
Pero no tan rápido, vaquero. La primera noche sólo intercambiamos números y nada más. Eso sí, a las pocas horas recibí un sms en el que ella me decía casi textualmente: “mmm, soy el lobo feroz y tengo hambre”. Deducid por lógica qué personaje del cuento me tocaba interpretar a mí. Por mi parte no hubo queja en ello, así que quedamos para otro día. Esa noche, no sé por qué, no se me iba de la cabeza la frase “Son para comerte mejor…”
Y es ahí donde el principiante temerario cavó su tumba. Envanecido como estaba por lo inminente y fácil del triunfo, no se me ocurrió nada mejor que anunciarles a todos y cada uno de mis amigos: “Chavales, mañana he quedado con una morenaza que la ves y te desmontas. Y dice que es la loba feroz”.
Claro, eso de que José Miguel ligara era genuino breaking news. Un scoop de los que hacen época. Así que, en las horas posteriores, por toda la urbanización se propagaron voces del tipo: “Pues José Miguel ha quedado con una modelo de dos metros”. “Qué va, qué va”, rebatía otro. “Son dos gemelas suecas que vienen todos los veranos a España a hacer turismo sexual”. “De eso nada”, mediaba el tercero. “Son unas trillizas brasileñas licenciadas en sexología que fueron chicas playboy. Las tres: una en noviembre, otra en diciembre y la otra en enero”.
El correveidile tuvo como resultado que, para cuando llegaron las diez de la noche siguiente, a mi alrededor había no menos de diez personas esperando ansiosas para ver qué clase de diosa aparecía por la esquina. “¡Pichabrava!”, me decía uno. “Cuidado caperucita, que ya viene la loba feroz”, se burlaba el de más allá. “¿Queréis callaros, cabrones?”, les gritaba yo empujándoles para que se largaran.
De nada sirvió. Eran demasiados, estaban dispuestos a usar la violencia y no tenían nada mejor que hacer, puesto que esa noche no jugaba el Valencia.
La morena de rizos celestiales llegó. Iba con el traje de matadora. Y la sonrisa también. Sin embargo ésta se le borró en cuanto me encontró temblando como un cretino y acompañado a la fuerza por diez sujetos que la miraban con ojos viciosos y zafios. “Es ella, es ella”, murmuraban entre codazos lúbricos. “Qué cabrón el José Miguel. Cómo se lo monta”.
Y yo nada podía hacer.
“Hola”, me saludó mi pretendida algo apurada ante tanto espectador. “¿Por qué no sacas la guitarra y nos vamos a la playa?”, propuso coqueta. “¡Eso! ¡Eso!”, bramó uno de mis amigos. “¡Sácate la guitarra bien sacada, machote!”. “¡Sí, sí!”, rugió otro. “¡A ver qué tocas!”. “Seguro que rock duro”, vociferó el tercero. El corifeo de risas que vino después me resultó tan simpático como una fiesta de carnaval en el día de mi muerte.
Lógicamente esa noche no ligué por desconsiderado y por fantasma. Pero sobre todo por parlanchín. Es así de sencillo: desde entonces no he vuelto a contar a nadie mis planes hasta que se han hecho realidad. Y me va mucho mejor. En lo literario.
Sé que mi actitud es injusta y egoísta porque precisamente soy muy dado a leer las obras de mis colegas y a comentarlas con ellos.
No me malinterpretéis: no es que me crea tan guay o que mis novelas me parezcan tan increíbles que merezcan ser protegidas como unicornios. No es eso. Hay una razón para el secreto y parece ser que hoy voy a contarla:
Hace seis años conocí a una chavala tremenda. De esas que te revolucionan las entendederas. Entonces yo acababa de saltar al mercado del ligue, de modo que seducía con el mismo estilazo que ciertos saqueadores de tumbas. En mis primeros intentos de abordaje al género femenil fui tan convincente como un ataúd con bocina. Puede decirse que era el hombre más seductor del mundo después de Boris Karloff.
La cuestión es que aquella morenaza de cuerpo mediterráneo, ojos negrísimos y cabello rizado le hacía dar volteretas a mis sentidos. Le eché los tejos. Resultó estar en mi sintonía: era una de esas hippies pijas, le molaba escribir, leía mucho y encima era música. Incluso estaba en una ONG. Surgió lo que se dice una “conversación mágica”. Es decir, una de esas que acaban en la cama.
Pero no tan rápido, vaquero. La primera noche sólo intercambiamos números y nada más. Eso sí, a las pocas horas recibí un sms en el que ella me decía casi textualmente: “mmm, soy el lobo feroz y tengo hambre”. Deducid por lógica qué personaje del cuento me tocaba interpretar a mí. Por mi parte no hubo queja en ello, así que quedamos para otro día. Esa noche, no sé por qué, no se me iba de la cabeza la frase “Son para comerte mejor…”
Y es ahí donde el principiante temerario cavó su tumba. Envanecido como estaba por lo inminente y fácil del triunfo, no se me ocurrió nada mejor que anunciarles a todos y cada uno de mis amigos: “Chavales, mañana he quedado con una morenaza que la ves y te desmontas. Y dice que es la loba feroz”.
Claro, eso de que José Miguel ligara era genuino breaking news. Un scoop de los que hacen época. Así que, en las horas posteriores, por toda la urbanización se propagaron voces del tipo: “Pues José Miguel ha quedado con una modelo de dos metros”. “Qué va, qué va”, rebatía otro. “Son dos gemelas suecas que vienen todos los veranos a España a hacer turismo sexual”. “De eso nada”, mediaba el tercero. “Son unas trillizas brasileñas licenciadas en sexología que fueron chicas playboy. Las tres: una en noviembre, otra en diciembre y la otra en enero”.
El correveidile tuvo como resultado que, para cuando llegaron las diez de la noche siguiente, a mi alrededor había no menos de diez personas esperando ansiosas para ver qué clase de diosa aparecía por la esquina. “¡Pichabrava!”, me decía uno. “Cuidado caperucita, que ya viene la loba feroz”, se burlaba el de más allá. “¿Queréis callaros, cabrones?”, les gritaba yo empujándoles para que se largaran.
De nada sirvió. Eran demasiados, estaban dispuestos a usar la violencia y no tenían nada mejor que hacer, puesto que esa noche no jugaba el Valencia.
La morena de rizos celestiales llegó. Iba con el traje de matadora. Y la sonrisa también. Sin embargo ésta se le borró en cuanto me encontró temblando como un cretino y acompañado a la fuerza por diez sujetos que la miraban con ojos viciosos y zafios. “Es ella, es ella”, murmuraban entre codazos lúbricos. “Qué cabrón el José Miguel. Cómo se lo monta”.
Y yo nada podía hacer.
“Hola”, me saludó mi pretendida algo apurada ante tanto espectador. “¿Por qué no sacas la guitarra y nos vamos a la playa?”, propuso coqueta. “¡Eso! ¡Eso!”, bramó uno de mis amigos. “¡Sácate la guitarra bien sacada, machote!”. “¡Sí, sí!”, rugió otro. “¡A ver qué tocas!”. “Seguro que rock duro”, vociferó el tercero. El corifeo de risas que vino después me resultó tan simpático como una fiesta de carnaval en el día de mi muerte.
Lógicamente esa noche no ligué por desconsiderado y por fantasma. Pero sobre todo por parlanchín. Es así de sencillo: desde entonces no he vuelto a contar a nadie mis planes hasta que se han hecho realidad. Y me va mucho mejor. En lo literario.
jueves, 4 de diciembre de 2008
stygryt
Pocos artistas conozco tan volcados en su trabajo como Stygryt , autor de la cabecera de este blog. A veces las ha pasado canutas y a veces ha sido el rey. Tal vez en parte de ahí venga su genialidad. Nació en Burdeos en 1965, pero ha llevado una vida viajera que le trajo a Valencia en 1995. Ha participado, como ilustrador y dibujante, en infinidad de álbumes y revistas de Francia y España. Entre muchas otras cosas, es autor de los comic books Laura y Puck. Ha colaborado también en El País con un suplemento sobre el cambio climático. Como escritor de historietas es un volcán imparable de ideas y nuevos proyectos. Dado que tengo la suerte de hacerle de corrector de estilo, he buceado mucho por sus mundos llenos de sensibilidad, humor y de un sentido de la aventura insólito por su pureza. Mucho le deben Los navegantes a Stygryt.
Su historieta es pura historieta, pero hoy vamos a conocerle como ilustrador. Su obra gráfica se caracteriza por el vuelo libre de la imaginación y una estilosa sensibilidad francesa. No sé qué tiene la peña franchute que todo su arte, ya sea música o ilustración, tiene un algo único (colorido, chispa, elegancia, sentido del juego) que no sé definir. Es una diferencia que se percibe si comparas Notre-Dame con la catedral de Burgos, sin ánimo de hacer mejor una que la otra.
Y como en estas cosas del dibujar la palabra está de más, os dejo con las hermosas pesadillas de Stygryt. Con su mezcla de ternura y amenaza. Él generosamente nos regala tanto arte en su blog. Y os digo una cosa: nadie lo sabe todo sobre narración mientras no haya leído un álbum de aquí mi amigo francés.






Su historieta es pura historieta, pero hoy vamos a conocerle como ilustrador. Su obra gráfica se caracteriza por el vuelo libre de la imaginación y una estilosa sensibilidad francesa. No sé qué tiene la peña franchute que todo su arte, ya sea música o ilustración, tiene un algo único (colorido, chispa, elegancia, sentido del juego) que no sé definir. Es una diferencia que se percibe si comparas Notre-Dame con la catedral de Burgos, sin ánimo de hacer mejor una que la otra.
Y como en estas cosas del dibujar la palabra está de más, os dejo con las hermosas pesadillas de Stygryt. Con su mezcla de ternura y amenaza. Él generosamente nos regala tanto arte en su blog. Y os digo una cosa: nadie lo sabe todo sobre narración mientras no haya leído un álbum de aquí mi amigo francés.






miércoles, 3 de diciembre de 2008
bagdad
El ejército de EE UU dice que la guerra de Irak “va a mejor” porque ya no hay tantos muertos. Dicen los escépticos que eso sólo es así porque ya no queda nadie a quien matar.
Lo que me llama la atención es que para probar lo fehaciente de esa “mejora” citan números. Algo así como: “Este mes ha habido 15 atentados frente a los 50 de antes. Han muerto 60 civiles frente a las 150 de antes. Han caídos más soldados, pero eso es una irregularidad que se corregirá con la estadística del mes próximo”.
Es así como los “técnicos” calculan la situación de un país que los norteamericanos han aniquilado hasta sus cimientos. Olvidan que bajo los números (que han mejorado a golpe de murallas de hormigón en Bagdad, de barrios étnicamente puros, de más soldados, de más milicia ciudadana) perviven el odio y las heridas. Las casas que las bombas de EE UU redujeron a polvo no resurgirán solas de las cenizas. Ni mucho menos los padres, madres, hijos y hermanos tiroteados o bombardeados. Ni esa niña que fue violada y quemada con queroseno por heroicos marines que antes habían matado a sus padres y a su hermano, apenas un bebé. Ni los cuatro millones de refugiados iraquíes que han tenido que escapar del país con lo puesto y que volverán a una tierra sin trabajo, comida ni futuro.
Eso veo yo cuando los generables emiten notas de prensa con números de muertos que van mejorando. O cuando Aznar dice que le gusta conducir borracho como un perro. Ahora resulta que nuestro ex se ha convertido en el único defensor de la carnicería iraquí, puesto que hasta George Bush se retractó ayer mismo. Seguro que las familias de los muertos se sienten ahora más aliviadas.
Y pensar que fue en Bagdad donde Simbad el marino relató sus siete viajes.
Lo que me llama la atención es que para probar lo fehaciente de esa “mejora” citan números. Algo así como: “Este mes ha habido 15 atentados frente a los 50 de antes. Han muerto 60 civiles frente a las 150 de antes. Han caídos más soldados, pero eso es una irregularidad que se corregirá con la estadística del mes próximo”.
Es así como los “técnicos” calculan la situación de un país que los norteamericanos han aniquilado hasta sus cimientos. Olvidan que bajo los números (que han mejorado a golpe de murallas de hormigón en Bagdad, de barrios étnicamente puros, de más soldados, de más milicia ciudadana) perviven el odio y las heridas. Las casas que las bombas de EE UU redujeron a polvo no resurgirán solas de las cenizas. Ni mucho menos los padres, madres, hijos y hermanos tiroteados o bombardeados. Ni esa niña que fue violada y quemada con queroseno por heroicos marines que antes habían matado a sus padres y a su hermano, apenas un bebé. Ni los cuatro millones de refugiados iraquíes que han tenido que escapar del país con lo puesto y que volverán a una tierra sin trabajo, comida ni futuro.
Eso veo yo cuando los generables emiten notas de prensa con números de muertos que van mejorando. O cuando Aznar dice que le gusta conducir borracho como un perro. Ahora resulta que nuestro ex se ha convertido en el único defensor de la carnicería iraquí, puesto que hasta George Bush se retractó ayer mismo. Seguro que las familias de los muertos se sienten ahora más aliviadas.
Y pensar que fue en Bagdad donde Simbad el marino relató sus siete viajes.
lunes, 1 de diciembre de 2008
los viejos
Algunos se creen mejores que los viejos porque saben hacer webs, actualizar blogs, entrar en youtube, ir a la moda o escuchar lo que les mandan los 40 principales. Conocimientos de lo más profundo, vamos. Se creen mejores porque pueden correr, todavía, y los viejos no. Porque sacan la tarjeta de crédito más rápido de la cartera y porque no cometen torpezas en la cola del supermercado.
Tal vez por eso tienen pánico de envejecer y se quitan las arrugas con botox cada vez que el tiempo les recuerda que la última copa nos la tomamos todos en el mismo bar. Y que ese bar no cierra para nadie.
Le robo la frase a un amigo si digo que una persona, por el hecho de haber vivido más que yo, sabe más que yo. Tan simple.
Los jóvenes nos creemos muy listos por correr. Sólo por correr. Pero ¿hacia dónde? A veces paso por delante de un gimnasio. Hay una vitrina y en ella se ve haciendo footing sobre la cinta a un montón de peña flipada consigo misma que acaba de salir de la oficina. Eso justo somos nosotros y nuestra sociedad: algo envanecido de sí mismo y de su inútil belleza corriendo sin moverse del sitio. Algo artificial que ni tiene sentido ni cree necesitarlo.
Javier Marías sigue haciendo novelas con máquina de escribir porque, dice, necesita tocar el papel. Juan Goytisolo ni blogea ni usa Internet, pero, cuenta el periodista Javier Valenzuela, está profundamente al tanto de la actualidad mundial. Tiene 77 años y seguro que entiende nuestro mundo mejor que la grandísima mayoría de veinteañeros JASP con problemas de analfabetismo funcional y de vanidad.
Todo esto viene a santo de la entrevista que se le hace a Goytisolo en la revista Mercurio y en la que deja dichas cosas de viejo que un joven, si no está cegado y envanecido, debería devorar. A veces sospecho que los viejos son más jóvenes que los jóvenes:
“Existe un árbol de la literatura y la necesidad de que cada escritor aporte algo nuevo a ese árbol”
“Si uno acepta ser un escritor de moda se arriesga a pasar de moda”
“El arte brota de la contradicción. Si se tiene todo claro, no se escribe”
“Soy antinacionalista, pero también un defensor acérrimo de cualquier cultura, sin distinción”.
“Cuando alguien se parodia a sí mismo puede parodiar todo lo demás”
Una posdata:
El otro día salí del armario al decir aquí que me mola Chiquito de la Calzada. Qué gracia descubrir ayer que el mismísimo Pérez Reverte, todo un académico de la lengua y, sobre todo, novelista afirma que salvaría en su mochila un disco de Joaquín Sabina, el Quijote y algunos chistes contados por Chiquito de la Calzada.
¡Salud!
Tal vez por eso tienen pánico de envejecer y se quitan las arrugas con botox cada vez que el tiempo les recuerda que la última copa nos la tomamos todos en el mismo bar. Y que ese bar no cierra para nadie.
Le robo la frase a un amigo si digo que una persona, por el hecho de haber vivido más que yo, sabe más que yo. Tan simple.
Los jóvenes nos creemos muy listos por correr. Sólo por correr. Pero ¿hacia dónde? A veces paso por delante de un gimnasio. Hay una vitrina y en ella se ve haciendo footing sobre la cinta a un montón de peña flipada consigo misma que acaba de salir de la oficina. Eso justo somos nosotros y nuestra sociedad: algo envanecido de sí mismo y de su inútil belleza corriendo sin moverse del sitio. Algo artificial que ni tiene sentido ni cree necesitarlo.
Javier Marías sigue haciendo novelas con máquina de escribir porque, dice, necesita tocar el papel. Juan Goytisolo ni blogea ni usa Internet, pero, cuenta el periodista Javier Valenzuela, está profundamente al tanto de la actualidad mundial. Tiene 77 años y seguro que entiende nuestro mundo mejor que la grandísima mayoría de veinteañeros JASP con problemas de analfabetismo funcional y de vanidad.
Todo esto viene a santo de la entrevista que se le hace a Goytisolo en la revista Mercurio y en la que deja dichas cosas de viejo que un joven, si no está cegado y envanecido, debería devorar. A veces sospecho que los viejos son más jóvenes que los jóvenes:
“Existe un árbol de la literatura y la necesidad de que cada escritor aporte algo nuevo a ese árbol”
“Si uno acepta ser un escritor de moda se arriesga a pasar de moda”
“El arte brota de la contradicción. Si se tiene todo claro, no se escribe”
“Soy antinacionalista, pero también un defensor acérrimo de cualquier cultura, sin distinción”.
“Cuando alguien se parodia a sí mismo puede parodiar todo lo demás”
Una posdata:
El otro día salí del armario al decir aquí que me mola Chiquito de la Calzada. Qué gracia descubrir ayer que el mismísimo Pérez Reverte, todo un académico de la lengua y, sobre todo, novelista afirma que salvaría en su mochila un disco de Joaquín Sabina, el Quijote y algunos chistes contados por Chiquito de la Calzada.
¡Salud!
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