Leyendo los titulares de la prensa, me siento ingenuo escribiendo sobre algo tan inocente (inocente hoy en día) como los libros. Pero bueno:
El otro día me pillé el catálogo de Navidad de una conocida librería. Me sorprendió descubrir que clasificaban las novedades por tres géneros principales: éxitos, género y literatura.
Cada una de las tres palabras resulta más estrambótica y da una idea de los niveles de confusión a los que estamos llegando. Ya de entrada a uno le choca la existencia de un género llamado éxitos. No se trata de libros que han tenido o tienen éxito, sino que, por su planteamiento y temática, se circunscriben en un supuesto género así bautizado. Hablo, ojo, de libros que acaban de salir al mercado con lo cual no han tenido tiempo de triunfar ni de fracasar. Pero qué seductora es la idea. ¿Qué autor se resistiría a escribir novelas de género éxito?
La segunda palabra elegida me rompe más los esquemas: género. O sea que hay libros que tienen género y otros que no. Esa sí que es buena. Desde Homero y quizás desde mucho antes todo aquello que se ha escrito tenía, por el simple hecho de ser, un género. Pero ahora resulta que ciertos libros son de género porque sí, porque a un licenciado en publicidad le ha dado por ahí, mientras que el resto de obras flotan en el tenebroso limbo de los sin nombre.
Y para el final he dejado el tercer género. El más delirante: literatura. Es decir que, según este catálogo, existe un tipo de literatura que podemos clasificar como literatura. No está mal. ¿Y el resto que es? ¿Mierda?
Los libros que se anuncian en este apartado son esos en los que no hay misterios ni persecuciones. O sea, los de pensar, habrá pensado el encargado de la campaña. Eduardo Mendoza es viejo y lleva bigote, así que nada: a la mazmorra del género literario que hemos bautizado como literatura.
Para que el despropósito llegue al level revolutions, el catálogo destierra a Haruki Murakami, Manuel Vicent, Ruiz Zafón o Dominique Lapierre de este glorioso apartado. ¿Qué pasa? ¿Es que ninguno de ellos escribe literatura? No creo que les hiciera mucha gracia descubrirlo, a sus años.
Algo va mal, muy mal, cuando ya dejamos en manos de la publicidad (la gran desautentificadora de las cosas) la crítica literaria. Algo definitivamente se hunde tanto dentro como fuera de nosotros si la tontería maneja la literatura (que un día fue su natural enemiga) con tanto desprecio y desatino.
Y para probar que no soy yo el único cascarrabias, dejo unas frases que Tiziano Terzani dejó escritas hace quince años:
“¿Y el arte, aquel atajo a la percepción de la grandeza? Él nos ayuda, a veces más que la gente, a comprender la esencia de las cosas. La música ya parece hecha para llegar a las orejas y no al corazón; la pintura es a menudo una ofensa contra los ojos; la literatura, también ella, está cada vez más dominada por las leyes del “mercado”. ¿Y quién lee hoy poesía? Hemos olvidado su valor exaltador. Y sin embargo una poesía puede encender en el pecho un calor fuerte como el del amor. Una poesía, mejor que todos los whiskies, mejor que el valium o el prozak, levanta el ánimo porque eleva el punto de vista desde el cual vemos el mundo”.
¡Salud!
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

13 comentarios:
Vamos por partes:
De éxito no se lo creen ni ellos, o mejor dicho del descerebrado que cataloga los libros así.
De género: no he visto ese catálogo pero supongo que se refiere a lo específico de ciencia-ficción, o terror, o fantasía.
De literatura: pues que lo has expresado tu muy bien.
Y añado yo, ¿ensayo? ¿divulgación científica?
Que quieres que te diga que tu no sepas.
Buenas, Jorge. Pues en realidad en "géneros" no había ni ci-fi, ni terror ni fantasía, si no recuerdo mal. Sino histórica, romántica, etc.
En realidad me parece legítimo que una tienda venda sus productos como le venga en gana. Lo malo es que ya todos tomamos lo publicitario por lo real. No sólo en los libros, sino en la vida en general.
Sí, bueno, cada uno puede vender como le venga en gana, pero la cuestión principal es que de esta manera venden. Me explico: hablas de una conocida librería, que seguro que tiene un volumen de ventas importante y es un referente en la ciudad. Y ahí voy, que no utilizarían esa absurda división -éxito, género, literatura; por dios, que es surrealista- si no fuera efectiva. ¿Dónde está el librero que entiende de libros? ¿Alguien le echa verdaderamente en falta?
Las novelas "de éxito" me suenan a intentos de profecías autocumplidas.
Discriminación "de género", violencia "de género", novelas "de género"... Degeneración clara.
Libros de literatura, valga la redundancia.
-Hola, Mariko. Me temo que ese librero entrañable o no tanto, como el que aparece en 'La historia interminable' ha sido sustituido por los foros, los blogs, librerías virtuales etc. Aquí uno se sube al carro de la tecnología porque en mi caso está siendo clave. Pero, como buen usuario de doblemoral.com, no puedo dejar de decir que muchas cosas, cosas muy sensatas y necesarias, se están quedando por el camino.
-How does it feel, Salva? Bueno, no siempre hay redundancia.
Las palabras
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.
Octavio Paz
Con lo poca cosa que parecen las palabras y resulta que luego te reviven o te matan.
Gracias por elevarnos el punto de vista con un poema, como diría Tiziano Terzani.
Jajajjajaja.
Jjajaja.
Lo siento, pero deberías citar a esa casa de venta de libros (o casa de putas), porque no se le puede llamar librería, aunque me temo que sé cuál es...
En fin... que la gran puta de babilonia que es el dinero es la que nos dirige a todos, mueve los hilos, y estoy delirando....
Muy buena la clasificación de libros.
Andreu
Pues es que dejamos que el dinero maneje el mundo. ¿Y para qué, si al final se lo queda todo Madoff?
Señores, para estas navidades compren Los navegantes en su librería amiga. Y si la crisis ya les ha mordido, róbenlo, que yo se lo dedico igual.
Totalmente de acuerdo con tu última recomendación José Miguel.
¿La de robar el libro? Si me oye mi editor...
Hace un par de días un conocido autor, y de bastante éxito no sólo en España, comparaba a los editores con los empresarios del ladrillo.
No tengo esa experiencia, y no puedo opinar tan contundente, pero por si acaso, que se hagan con un ejemplar de la novela, sea como sea.
Eso, y si lo leen, ya es la leche.
En ese caso espero que nuestro "sector" no acabe como el del ladrillo.
Publicar un comentario en la entrada